Las recetas no siempre funcionan, aunque el resultado de taquilla afirme lo contrario, como suele suceder. Esta comedia que está al frente de las recaudaciones en Estados Unidos, puede demostrar que la risa se está convirtiendo en un producto más de esta factoría de insensateces que es Hollywood. De otro modo no puede entenderse que esto cause gracia, si no es con la complacencia y adormecimiento de la sensibilidad, la inteligencia y la más modesta cuota de curiosidad.
Todo es poco creíble, desde el altercado que tiene el pasajero de un avión que solicita audífonos de la manera más educada posible, lo que no es suficiente para evitar que se lo trate como un encolerizado rebelde y vaya a parar a un juzgado que lo sentencia a pasar veinte días en la sección "manejo del enojo" para que aprenda modales. Allí se encuentra con el compañero de asiento en el avión, que será su instructor, y una veintena de malhumorados por cualquier cosa.
Para que el argumento tenga algo en qué asentarse, existe la novia del imputado y una ligera prehistoria de todo esto, en donde se muestra un accidente de la infancia de nuestro héroe. Para Hollywood pareciera que la sicología sólo sirve para ilustrar y nunca para el conocimiento. Recién sabremos al final ciertas claves que permiten decir esto, aunque sólo funcionen como una excusa tardía a tanto gags gratuito, tantos malos entendidos y enredos puestos al solo efecto de estirar un metraje que acumula situaciones banales.
Para colmo, el remate de este cuento es en una cancha repleta de gente, en donde las declaraciones de amor van y vienen, todo el mundo es bueno y la sociedad una pinturita. El Departamento del Manejo del Enojo terminó trabajando bien y sacándoles las rabietas a todos, descubriendo `que el mayor enemigo está en nosotros mismos'. Tal acertijo no deja de ser probable, pero no metido en esta tramposa madeja de frivolidades.
Adam Sandler y Jack Nicholson, notables en sus últimas películas ("Embriagado de amor" y "Las confesiones del señor Schmidt"), son aquí sólo puro oficio y librados a sus dotes profesionales, lo que los convierte en soportes inadecuados para tanta nadería. Peter Segal es un director de comedietas y aquí reitera trabajos anteriores que también tuvieron el amparo del éxito. Reírse de cualquier cosa parece ser entonces, la necesidad de la mayoría, mientras el resto queda condenado a manejar sus enojos.
("Anger managament", Estados Unidos, 2003). Dirección: Peter Segal; guión: David Dorfman; fotografía: Donald McAlpine; música: Teddy Castellucci; montaje: Jeff Gourson. Intérpretes: Jack Nicholson, Adam Sandler, Marisa Tomei, Luis Guzmán, Lynne Thigpen, John Turturro, Woody Harrelson y John C. Reilly; duración: 106m. Presentada por Columbia Pictures en Cinemark.
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Juan Carlos Arch