Opinión: OPIN-02 De tal palo, tal astilla
Por Nidya Mondino de Forni


"Si tienes dos panes, vende uno y cómprate un lirio". Sirva de introducción este viejo proverbio oriental, para recordar a un hombre que, aunque no siempre tuvo el pan cotidiano duplicado, compró y compartió la flor del espíritu que se cultiva en los vergeles del arte.

Consecuente con la voluntad de su padre, Athos Palma (1891-1951), durante seis años, se sometió a las severas disciplinas universitarias, casi por doctorarse en medicina renunció a proseguir esta carrera que sentía no ser la suya, porque su vocación, aun sabiéndola surcada por rutas ni fáciles ni cómodas, lo llevaba hacia las metas del arte: "La composición musical es una rosa defendida por sólidas espinas". Como complemento de su formación intelectual, cursó estudios en Filosofía y Letras -completos en la rama pedagógica- que habrían de procurarle el saber y el método para aplicar más tarde a la enseñanza, de la cual hiciera su apostolado fecundo y trascendente.

Bueno es recordar que, desde los albores de nuestra nacionalidad, y haciendo uso tan sólo del idioma nacional, la Canción de Cámara ocupó un lugar preferencial en el ambiente, participando junto con la danza, de la vida política y social del pueblo. La influencia extranjera luego, preferentemente italiana y francesa, le hacen perder el idioma, único elemento que le hubiera conferido carácter nacional. Se acentúa este estado de cosas con el retorno al país de compositores argentinos que, con el mensaje europeo asimilado, cultivan un arte de "elite".

"Los maestros de la vieja generación -entre los cuales me incluyo- estamos influidos por los estudios que oportunamente realizamos en Europa. Aprendimos en ella a amar a Debussy, Mussorsky y Ravel, antes que al canto de nuestra tierra; y si bien el tiempo nos ha despojado un poco de ese ropaje extranjero, no podemos prescindir de él en absoluto, pues es parte de nuestro yo espiritual. La Francia musical se nos aparece siempre y, por sobre todo, su influencia se percibe en nuestra música. Lógico es pues que una audición de obras de Paul Dukas sea para nosotros el recordar de bellas épocas y mejores horas".

A su tendencia europeísta le seguirá la nacional, identificándose, poco a poco, a través de un refinado sentido folclórico, con el alma de la tierra. Marca el punto de inflexión entre ambas tendencias una corriente espiritualista que se insinuaba en el país, a raíz de la curiosidad provocada por el Premio Nobel de Literatura otorgado al poeta y filósofo hindú Rabindranath Tagore y casi al mismo tiempo, la publicación en la revista "Atenea", de la notable traducción castellanizada de Joaquín V. González de los poemas de Kabir, uno de los testimonios poéticos más bellos de la India del siglo XV. Es bajo la influencia de esta diferente visión poética del mundo espiritual, llegada desde el Oriente teologal y ascético, que Palma escribe sus Canciones sobre poemas tagorianos y su ópera Nazdah (La Nodriza):

"Ella es como su autor -publica La Nación-, la fiel imagen de un bello espíritu que sabe decirnos lealmente cuál es su sentir, evitando con pudor discreto, la exterioridad de relumbrón, rehuyendo con gusto cuanto pueda empañar la limpidez de su sinceridad'.

Vendrán luego "Jardines" y marcando su tendencia americanista "Los Hijos del Sol" y la "Suite Cantares y danzas de la llanura":

"La música sinfónica -decía La Prensa- se enriquece con esta obra que une positivos méritos musicales y no escaso valor americano... Las cuatro partes: Vidalita, Tango, Requiebro y Gato aristocratizan las expresiones populares que la integran".

Al mismo tiempo aparecen entre su producción: piezas para canto y piano, para piano solo, cantos infantiles, obras corales, transcripciones y armonizaciones, un Tratado de Armonía...

"Muchas veces, el hombre que planta el bosque -solía decir Estrada- sabe que no gozará de su sombra y sin embargo abre la tierra y siembra". Su siembra está esparcida en el sucederse, además, de cargos públicos, cuya acción rectora nunca supo de improvisaciones, ni oportunismos, trascendiendo el ámbito de lo rutinario, lo común, lo burocrático, evidenciando siempre condiciones valederas de orientador y organizador: el Consejo Nacional de Educación, la Dirección Nacional de Bellas Artes, el Conservatorio Nacional, la Comisión de Cultura, el Teatro Colón, y en otro sentido, la Sociedad Nacional de Música y la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música (Sadaic).

Como infatigable educador, transmitía el optimismo que se derivaba de su propia fe, y que se trasuntaba en una afectuosa cordialidad hacia todos aquellos que se acercaban a su casa, para participar o en las tertulias por él organizadas, o en las clases con que reforzaba el magro sustento de entonces:

"¿Quiénes, de entre nosotros, dejarán de recordarlas, dentro del estrecho ámbito de la calle Azcuénaga?... se desarrollaban en un clima de afectuosa seriedad, de provechoso aprendizaje; las clases de armonía y composición trocábanse en animadas conversaciones que se prolongaban fuera del horario usual, hasta la calle, el tranvía, el café, y a menudo, el viejo restaurante de Cangallo, frente a la `cortada' de Carabellas... Este mismo sitio sirvió de ágape festivo a acontecimientos inolvidables, el más original, celebrado el triunfo del maestro en un Concurso de Tangos. íPecado de leso arte!" -repetía.

Otra prueba de su acercamiento hacia sus alumnos quedó demostrada en oportunidad de ganar el Concurso Anual para Óperas de Autores Argentinos, organizado por el Colón. Con la elección sobrevino bien pronto el problema de copiar el material de orquesta, cuestión difícil para un joven compositor, al cual los medios económicos no le permitían movilizar un pequeño ejército de copistas profesionales. Fueron sus propios alumnos que, con amor, suplieron la pericia y rapidez requerida en esa ocasión. No se circunscribe su producción musical, tan sólo a las obras llegadas a conocimiento público, algunas han permanecido inéditas por decisión suya; es que en la época de la vida en su mejor sazón (no obstante continuar con sus tareas educacionales y directivas), comienza a adueñarse de su espíritu, un melancólico y casi supersticioso respeto, que se mueve entre el anhelo de alcanzar la perfección, y la abstención de la propia obra... "Un artista que no duda jamás es un mediocre". Autosilenciación que, en su caso, detiene el franco arranque de la energía creadora.

Para concluir nada más apropiado que las palabras de quien asumiera la representación de sus ex alumnos, en ocasión del único homenaje que su natural modestia permitiera:

"Los que nos hemos formado bajo su infatigable vigilancia, sabemos del valor de la mano que abrevia el esfuerzo en el abatimiento, o acrecienta las dificultades para exigir el sumo rendimiento en la plenitud del esfuerzo, sabemos huir del elogio engañoso para acogernos a la parquedad de la apreciación exacta y estimulante, sabemos en fin, cuánto lleva de hondo la palabra `Maestro' ".

Entre estos ex alumno se encontraba nuestro prestigioso músico santafesino, recientemente fallecido Carlos Guastavino... Ciertos paralelismos sorprendentes confirman el dicho popular: íde tal palo, tal astilla!