Edición del Sábado 28 de agosto de 2004

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La música de las palabras
Las innumerables charlas con su abuelo inmigrante invitaron a Julián Ratti a homenajear con sus canciones a todos los que se animaron a dejar terruño y afectos para radicarse en Argentina.

Desde hace tiempo, el cantante y músico rafaelino Julián Ratti, rinde homenaje a los inmigrantes que forjaron con su esfuerzo parte del futuro de nuestro país, escondiendo muchas veces el dolor del desarraigo.

Cuando era pequeño, disfrutaba de interminables charlas con su abuelo italiano, Bernardo Francisco Ratti, lo que le permitió conocer los orígenes de su familia, a la vez que abrigar un amor especial por los inmigrantes.

Don Bernardo Ratti nació en Sanfrón, localidad italiana de Piemonte, cercana a Torino, en el año en 1885. Trabajó desde pequeño en los viñedos de la zona, recolectando uvas, además de cosechar otros tantos cultivos que crecían al pie de las montañas.

Nunca conoció a sus padres. De pequeño vivió en un orfanato y, luego, de más grande lo crió una familia. "Pero él contaba que como lo hacían trabajar mucho se escapó", contó Julián Ratti.

A sus oídos llegaron las intensas campañas de difusión sobre los beneficios de emigrar a América que por aquellos años impulsaban distintas compañías colonizadoras. Con algunos pocos ahorros que había logrado juntar en sus días de duro trabajo, "decidió embarcarse y venir a hacerse la América. Así me contó él", recordó Julián agradecido por la posibilidad que le brindó la vida de conocer y dialogar con su abuelo durante el tiempo que vivió en su casa.

"Apenas tenía 20 años cuando vino, estaba solo pero traía con él toda la esperanza de un vivir mejor".

Por suerte, en Argentina conoció el amor de la mano de Teresa Picotto con quien se casó en el año 1915. Vivieron en Vila y tuvieron 6 hijos: Juan Miguel Ratti (papá de Julián quien vive en Rafaela), Bernardo (vive en la ciudad de Santa Fe), y ya fallecidos Lidia, Aldo, Remo y Héctor.

Durante los primeros meses en Argentina, Don Bernardo trabajó en Buenos Aires hasta que se encontró con un conocido oriundo de su mismo pueblo que estaba radicado en la zona de Rafaela y lo siguió.

Se estableció en el pueblo de Vila. De inmediato lo contrataron en un campo cercano, donde empezó a arreglar molinos de viento, entre otras cosas campestres. Poco a poco fue ganando experiencia y pronto se convirtió en el molinero del pueblo, "hasta lo llamaban de campos aledaños", relató su nieto.

Sus hijos varones instalaron entre todos una sastrería -a la que llamaron Ratti Hermanos- y funcionó hasta que cada uno comenzó a tomar su propio camino.

La música de las palabras

Para homenajear a su abuelo, y en él a todos los inmigrantes en general, Julián decidió ponerle música a las poesías del poeta sunchalense Mario Vecchioli, a quien admira y le dedicó uno de sus trabajos musicales llamado "La música de las palabras".

"Razones personales y de reconocimiento general por su obra me llevaron a trabajar con sus versos y de esta manera refrescar nuestra identidad", afirmó. "Siempre quise que sus versos se difundieran porque soy un enamorado de su obra; y me animo a decirles que muy pocos la conocen como yo, porque sus libros están en mi mesita de noche, en mi escritorio, en mis viajes y forman parte del orgullo que siento de haber nacido en esta región y de mi trabajo de estos últimos quince años".

Además de los relatos del abuelo, algunas vivencias de su infancia marcaron la decisión de unir con música distintas historias de inmigrantes.

"Siempre tuve pinta de gringo -contó Julián-. Cuando tenía 15 años empecé a sentir que en la escuela me discriminaban, los compañeros me decían "gringo, tu abuelo vino acá a matar indios". La angustia que eso le provocaba lo llevó a averiguar más datos sobre los inmigrantes y a informarse para tener argumentos y poder refutar esas agresiones.

"Cuando averigüé por qué mi abuelo vino a este país me di cuenta de que fue invitado por los mismos argentinos, como tantos otros. Es cierto que acá les dieron muchas oportunidades de progresar pero él nunca hizo nada ni parecido a lo que me decían en la escuela".

Los años pasaron y Julián fue afianzando su vocación. Con la compañía de su guitarra recorrió casi toda la región llevando sus canciones.

"Cuando estaba en Chaco, Paraguay, Formosa, Salta o en Tucumán y me pedían que cante algo de mi zona, nunca sabía qué cantarles. Hasta que un día empecé a vocalizar en Santa Fe en lo del maestro Orlando Portal -mi profesor-. Allí empecé a arraigarme más a temas relacionados con los inmigrantes y surgió la idea de rendirles homenaje, a todos pero especialmente a sus antepasados.

De esos viajes por distintas localidades de la región Julián rescata innumerables historias de inmigrantes que se radicaron en el interior santafesino. Algunas de ellas, narradas por los mismos protagonistas, quedaron registradas en un video que conserva.

Verdadero tesoro

"Esto de andar por todos lados con mi música me dio la oportunidad de dialogar con gente mayor y descubrir historias sorprendentes de distintas localidades provinciales". En Susana, por ejemplo, le contaron que 28 familias inmigrantes, apenas llegaron a Santa Fe vivieron en un pozo que hicieron con sus zapatos en la tierra de dos metros de profundidad.

En tanto, gente de la zona de Villa San José contó que sus abuelos iban a buscar el pan a Aurelia, que está a 25 kilómetros de distancia. Hay que imaginarse que en esa época no había caminos, por lo que traían 12 kilos de pan a lo largo de ese trayecto... al final se convierte en una tonelada".

De cada viaje, Julián se trae una historia (o muchas) de quienes se animaron a embarcarse en el sueño de construir una Argentina incipiente. Y ése es su mayor tesoro, la materia prima que le permite luego, en cada lugarcito que visita, conquistar al público con su música y su voz.

Los inmigrantes

Eso que el barco tira sobre el muelle

con el desdén con que se arroja un bulto,

es el dolor sobrante de una raza

que supo del poder, la gloria, el yugo.

Carne sufrida de los verdes valles,

de la campiña, la montaña, el burgo.

Gringos que vienen, apretando

su lástima en el puño.

Por esos hombres que hablan un idioma

de música y arrullo,

esos desheredados hombres

de ojos tranquilos y de brazos rudos,

son los que traen el mañana,

los que alzarán el provenir a pulso,

ennobleciendo el pan de cada día

desde la oscura dimensión del surco.

La sangre fuerte que con ellos viene

les llora el tiempo que quedó tras suyo:

la casa, el pueblo, los afectos,

las cosas todas del terruño.

Más tarde, todavía,

lejanos vientos les traerán susurros

de patria inolvidada. Y los recuerdos

los morderán como un dolor agudo.

Pero ellos son los númenes

que han de crear un mundo.

Y enfrente está la calle

donde el destino los aguarda, oculto.

Y sin temblar se llevan su coraje

a conversar con el futuro.

(Las letras pertenecen al poeta Mario Vecchioli. Julián Ratti les puso música y las interpreta acompañado por su guitarra. Integran el trabajo La música de las palabras).

Guitarra en mano

Julián Ratti vive en Rafaela pero nació en Vila en el año 1954. Es hijo de Juan Ratti e Irene Ferrero y nieto del inmigrante italiano Bernardo Ratti. Por parte materna emigró su bisabuelo, Giussepe Ferrero, de Veneballena. Su hijo, José Ferrero (abuelo de Julián se casó con María Saluso).

Algunos de sus trabajos musicales se titulan "Cantor de siempre" y "La música de las palabras".

Herencia

Siento su llanto y su nostalgia

venirme en la emoción del verso

Y miro atrás; la tierra virgen

allá en la soledad y el tiempo

el hombre de color Europa

perdidos sobre el llano inmenso;

las rudas manos sembradoras

echando su ademán al viento;

sudor y lágrimas bajando

con la semilla, surco adentro...

(Al borde de la noche, las estrellas

observan desde el cielo)

La historia ya es antigua

y aquellos días han quedado lejos.

Cumplida la epopeya,

también se fue el abuelo.

Sin ver tal vez el verde

de su último tenaz esfuerzo.

Pero ya estaba la arrogante espiga,

y ya la harina y el pan bueno.

Su nombre descendía por los hijos

hacia la multitud de nietos.

Y aquí seguía la nostalgia aquella

con que lloró su inolvidable pueblo.

Ahora, transformada en cantos

ahora, traducida en versos.

Espiga y trigo proclamando

la noble herencia que dejó el abuelo.

Bisnietos en dúo

Patricia Ratti y Efraín Colombo son bisnietos de Bernardo Francisco Ratti y juntos integran el Dúo Gira Sol. Los primos empezaron a recorrer el camino del canto en el seno familiar, de la mano de Julián Ratti, papá de Patricia y tío de Efraín.

En un coro de niños que dirigía Mary Ponroy aprendieron las primeras técnicas vocales. Durante cinco años realizaron un trabajo maravilloso, "montamos el canto escénico en el que conjugábamos canto, palabras y movimientos. El argumento de las obras se basaba en realidades cotidianas. Encontramos nuestra identidad conociendo las raíces de nuestro pueblo".

Lía Masjoan





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