Hondo pesar en los ámbitos culturales de la ciudad ha causado la muerte de Néstor Lammertyn, un hombre que construyó un destino satisfactorio a partir del trabajo y un preciso ideal. Nació en la ciudad de Esperanza en 1915. Era nieto de inmigrantes belgas y holandeses. A la temprana edad de 15 años comenzó su labor y progresivamente fue revelando una vocación insoslayable: la de la dedicación al libro. Su vida y su mundo de tinta y papel se constituyeron en un compendio de la cultura del Litoral argentino. En marzo de 1930 ingresó a Colmegna y en esa empresa permaneció hasta su jubilación, tras 64 años en el ramo de la librería y la edición de libros. Estudiando de noche y trabajando de día fue ascendiendo hasta ocupar el cargo de gerente y presidente del directorio de la sociedad anónima. Asistió a más de veinte congresos nacionales y algunos internacionales como representante de sectores industriales que lo capacitaron para los desafíos económicos de las distintas épocas y realizó viajes de estudios a Alemania, Francia y los Estados Unidos.
Fue presidente de la Bolsa de Comercio de Santa Fe desde el 30 de abril de 1982 hasta el 30 de abril de 1984; presidente fundador de la Sociedad de Industriales Gráficos, de la Cámara de Papeleros, de la Cámara de Sociedades Anónimas, presidente fundador de Argentina-Francia, vicepresidente del Centro Comercial y senador de la Cámara Junior Internacional.
Su pasión por el libro, que llegó hasta sus últimos días, lo llevó a publicar más de setecientos cincuenta títulos de autores regionales. Su labor le permitió conocer y divulgar a prestigiosos escritores, como Mateo Booz, Luis Gudiño Kramer, Mario Vecchioli, Diego Oxley, Luis Di Filippo, Hugo Mandón, Victorino De Carolis, José Pedroni, Gastón Gori, Agustín Zapata Gollán, Juan José Saer y José Luis Vittori, entre otros, con quienes trabó amistad. También las nuevas generaciones supieron de su amabilidad y trato cordial.
Le gustaba decir que tenía dos vocaciones: la música y el libro, que le fueron legadas por su familia: un padre músico, un hermano violinista y constructor de violines y otro pintor.
A lo largo de su extensa y aquilatada trayectoria, Néstor Lammertyn recibió numerosos homenajes de entidades que nuclean a escritores santafesinos y de la región. Cabe consignar también el reciente Premio Fundación de Santa Fe, otorgado por el Club Santafesino de Servicio.
Siempre decía que su mensaje era de optimismo. "La cultura -sostuvo- sirve para mejorar nuestra vida. Cuando me levanto hago que me salude Mozart. Esto es una manera impagable de preparar los sentidos para la jornada que llega".