Navidad en Málaga

Quiso el destino que la mitad de nuestra familia emigrase a España, expulsados de su tierra en un momento en que la desorientación y el desaliento ganaba a nuestros jóvenes. Una vieja tía, con la sabiduría que sólo dan los años, me consoló: la sangre de la familia vuelve a España. El círculo se ha cerrado.

Y así comenzó una nueva historia. Nuestros hijos y nietos viven ahora en Málaga y aquí estamos para pasar las tradicionales fiestas juntos.

La milenaria ciudad andaluza ya vive el clima navideño. Desde los primeros días de diciembre toda la ciudad se viste de rojo y dorado, de luces y música y el pueblo comienza a disfrutar orgulloso de su ciudad engalanada y a pensar en las "compras de Navidad".

El color de la Navidad

Y por cierto que hay mucho para ver y asombrarse.

Como por milagro no hay sitio que no haya sido cubierto con los "pascueros", nuestra tradicional estrella federal, que por cientos se multiplican a lo largo y a lo ancho de la ciudad en canteros de calles, plazas y parques, en enormes conos ornamentados y abrazando las farolas.

La calle Larios, en el centro histórico, transformada ahora en una coqueta peatonal, es un buen lugar para palpar el corazón de esta ciudad, que supo cambiar su rostro en menos de cincuenta años.

Es tiempo de alegrías, el malagueño sale a la calle y todo es bullicio y gracejo. El mundo camina en ellas: los "guiris", como le llaman a lo que para nosotros fue el gringo acá, es el noruego, el inglés, el sueco, rubios de pelo casi blanco e idioma extraño que bajan al sur buscando el sol de Andalucía, los moros tan cercanos en la geografía y en la historia, las mujeres musulmanas con su cabeza cubierta y sus vestidos largos, los negros africanos que diariamente de a miles cruzan los escasos kilómetros que los separan o los acercan a una ilusión de futuro, los rumanos y los sudamericanos: ecuatorianos, colombianos y argentinos que dejaron atrás esa América con tanta riqueza, desorganización y corrupción, buscando una vida digna.

Toda esa multitud se mezcla en los comercios y los paseos, arrullados por los villancicos con dejo flamenco mientras disfrutan del entorno. Las madres empujan sus cochecitos con los bebés arropados y cubiertos con unos protectores plásticos muy novedosos que permiten la visión a la vez que los protegen del agua y del frío. Las mujeres malagueñas de mediana edad muy bien vestidas con finos abrigos, cartera y zapatos de excelente cuero, peinado de peluquería y cuidado maquillaje, del brazo del caballero español, con su gabán, saco y corbata.

Y luego la juventud que es la otra cara de esta ciudad de contrastes. Los piercing en el rostro, las orejas y alguno que otro ombligo que se anima a desafiar el frío; los colorados, granates, bermellones o naranjas en las melenas, los zapatones y zapatillas de marcas consagradas por el consumismo.

Y en cualquier rincón, esquina, portal o en la peatonal, los músicos improvisados: acordeón, violín, guitarra, canto y una esperanza chiquita en esa gorra o caja depositada en el suelo, esperando el céntimo arrojado al pasar.

Los belenes

Seguimos recorriendo la calle peatonal para desembocar en la rotonda del Marqués de Lario, donde se unen el Paseo del Parque y el de la Alameda. Punto neurálgico del casco histórico, es el lugar elegido para representar un nacimiento que según dicen los malagueños no tiene precedente en toda España. De enormes dimensiones está realizado íntegramente con elementos naturales, plantas y flores.

La elaboración de este "belén verde" tiene como artífices a los operarios del Area de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Málaga, responsables además de la ornamentación vegetal en las restantes zonas de la ciudad. Pero es indudable que los belenes, como ellos llaman a lo que para nosotros son los pesebres, son una de las expresiones más poderosas de la cultura popular y donde van incorporando detalles de originalidad propios de cualquier artesanía u obra de arte.

Así es el tradicional belén municipal que, año tras año el Ayuntamiento ofrece a los ciudadanos en la Casona del Parque, un espectacular nacimiento que se convierte en la visita obligada de grandes y chicos que en familia van a disfrutar de este magnífico trabajo. Además de las figuras iconográficas tradicionales hay incorporados elementos típicos locales, lo que añade pintoresquismo al nacimiento. Elaborado sobre una estructura básica de hierro y madera, recubierta con arpillera, piedras, musgo natural, arena, plantas y flores. Una habitación íntegra está ocupada con la puesta, con una planchada semielevada para que hasta los más pequeños puedan disfrutar del espectáculo.

Y nos sumergimos en la magia del momento arrullados por la suave música de los villancicos y el refrescante sonido del agua de las diminutas cascadas y serpenteantes ríos que surcan esta maravilla de ingenio y devoción.

No debemos olvidar por cierto, los belenes organizados por las distintas cofradías de Semana Santa que exhiben cada una el suyo orgullosas en sus sedes.

La noche encendida

Y así seguimos el recorrido por esta hermosa ciudad con un clima ideal a pesar de la fecha, apreciando cada detalle de una Andalucía que une milenarias costumbres y creencias en sus manifestaciones. Sin que nos demos cuenta, la noche va cayendo sobre el Mediterráneo.

Un estridente graznido nos hace elevar la mirada: un grupo de gaviotas se dirige bullicioso hacia el mar, recortándose sobre un cielo casi rosa. Y sin dejar que la oscuridad le gane a la luz, en un instante toda Málaga se enciende de fiesta. Miles y miles de bombillas cubren las calles, los edificios, los árboles. Los gigantescos ficus, dos veces centenarios del Paseo del Parque, visten sus rugosos troncos con un dorado de luces. Las palmeras relucen con sus despeinados penachos, mientras los malagueños siguen disfrutando de su ciudad en una algarabía de orgullo: "íPues mira que bonita está!". Y su decir ampuloso marca exagerado los yeísmos y las aspiraciones, las eses y las zetas, los diminutivos y ese sonido especial que hace de los andaluces uno de los pueblos más alegres de España.

Y nosotros con el corazón dividido, gozando de este derroche de luces, colores y alegría, sentimos que un pedacito nuestro ha quedado allá, en la lejana tierra argentina donde el resto de la familia brindará en la cálida noche de verano bajo un cielo coronado por la Cruz del Sur.

El valor simbólico del árbol

El Papa Juan Pablo II recordó este domingo el valor simbólico del tradicional abeto de Navidad y dijo que exalta el valor de la vida, que se mantiene "siempre verde" si se convierte en un don a los demás.

El Pontífice hizo estas manifestaciones ante miles de personas reunidas en la Plaza de San Pedro del Vaticano para el rezo del Angelus, a las que recordó que el abeto, junto con el pesebre, forman parte de los símbolos ligados a distintas culturas que rodean la Navidad.

El Papa insistió en que el pesebre -al que se refirió en su mensaje del domingo pasado- es el "símbolo más importante" de la Navidad, mientras que el árbol "exalta el valor de la vida porque, en la estación invernal, los abetos siempre verdes se convierten en signo de la vida que no muere".

Juan Pablo II recordó que tradicionalmente se colocan bajo el abeto adornado los regalos navideños, lo que en sentido cristiano evoca "el árbol de la vida, la figura de Cristo, supremo don de Dios a la Humanidad".

Con la Plaza de San Pedro adornada con un abeto de 35 metros de altura y 110 años de edad, regalado por la región alpina italiana del Trentino, el Obispo de Roma insistió en que los dones "no sean tanto cosas materiales, sino de uno mismo: amistad, afecto sincero, ayuda fraterna y perdón".

Por eso, invitó a que la Navidad se viva "como una ocasión para saborear la alegría de entregarnos a nuestros hermanos, especialmente a los más necesitados".

Tras el rezo del Angelus, Juan Pablo II saludó con especial cariño a un grupo de 32 niños de la localidad rusa de Beslán, supervivientes del asalto terrorista a una escuela el pasado setiembre, que costó la vida a cerca de 350 personas.

Primero en ruso y después en italiano, el Papa deseó a los niños, que se encuentran en Italia invitados por la provincia de Trento, que "el bien que estáis recibiendo de tantos amigos os ayude a superar las heridas de la terrible experiencia sufrida". (EFE).

Ana María Zancada