Lo revela un informe privado
Los servicios generan más del 50% de los empleos en blanco
Desde 2003 hasta 2005, se crearon 896.000 empleos, de los cuales, un 60% pertenece a las empresas de servicio. Foto: Amancio Alem. 

La actividad industrial se ubica en segundo lugar como creadora de empleo en nuestro país. Advierten sobre posibles presiones inflacionarias.

Los datos oficiales revelan que el principal empleador de la economía son los servicios, por lo tanto, "es de esperar que la política de aumentos centralizados de salarios por encima de la productividad agudice las presiones inflacionarias', advirtió el Instituto de Desarrollo Social Argentino (Idesa).

Según el Ministerio de Economía, basándose en Afip, "el sector servicios genera el 68% del empleo asalariado privado formal; la construcción justifica un 5% del empleo registrado; las actividades primarias un 7% y apenas un 18% pertenece al empleo industrial".

Entre abril de 2003 y abril de 2005, se crearon 896.000 empleos asalariados privados registrados. De esta cifra, "el 60% fue creado en el sector servicios, un 14% por la construcción y un 7% por las actividades primarias; mientras que apenas un 19% fue creado por la industria".

Ante este contexto, se observa que la tendencia actual muestra que en los últimos 10 años, el empleo asalariado privado registrado en el sector servicio crece al 5% por año mientras que el empleo industrial aumenta a menos del 1% por año.

Tras la devaluación

El argumento de que la devaluación mejoró sustancialmente los márgenes de rentabilidad de las empresas y, por lo tanto, habría espacio para una política ambiciosa de aumentos centralizados de salarios que podría ser aplicable -en el mejor de los casos- a algunas ramas del sector industrial. El problema es que los datos oficiales "muestran que es una fracción muy pequeña del mercado de trabajo la que está en esta situación".

Para Idesa, "el mayor creador de empleo de la economía es el sector servicios y este sector no disfruta de los beneficios de la devaluación y, en general, sufre de manera directa la depresión que la devaluación ocasiona en el poder adquisitivo de la población".

Al respecto, se destacó que el nivel de consumo privado de los hogares está por debajo del máximo nivel alcanzado en 1998 cuando el PBI ya superó la marca de ese año. Si en el empleo asalariado privado registrado (segmento que representa sólo la mitad del empleo asalariado total pero es donde podrían a llegar a tener efecto las intervenciones oficiales) prácticamente "7 de cada 10 trabajadores están en el sector servicios, la estrategia de imponer aumentos centralizados por encima de la productividad está fatalmente destinada a reavivar las presiones inflacionarias y, por lo tanto, no cumplir con los objetivos que la inspiran".

De esta forma, "la política laboral entra en una preocupante inconsistencia con la política económica. Los aumentos de salarios pueden ser absorbidos en algunas ramas industriales porque su competitividad mejoró artificialmente gracias a la devaluación". Sin embargo, "el sector más dinámico en términos de creación de empleo son los servicios que en la mayoría de los casos no experimentó aumentos en su capacidad de pago acordes a los incrementos centralizados de salario".

Efectos

Para Idesa, "los aumentos de salarios y de precios están erosionando el tipo de cambio real muy alto. Más preocupante son sus derivaciones sociales ya que profundiza la caída de los ingresos de la población, en especial, de los desocupados, empleados en negro y cuentapropistas".

Ante esta realidad productiva y empleo de la Argentina, "el modelo económico basado en un tipo de cambio muy alto tiene asociados costos laborales muy bajos. Esta lógica no puede ser modificada por medio de instrumentos de política laboral tradicionales. Prueba de ello son los sorprendentemente rápidos impactos inflacionarios que produjeron los aumentos de salarios. El desafío está planteado en términos de mejorar el nivel de ingreso de la gente sin afectar los costos", indicó.

Al respecto, se destacó que "la inesperada aceleración de la tasa de inflación pone nuevamente al desnudo la inconsistencia entre un modelo económico que basa su éxito en apoyar la rentabilidad de las empresas deprimiendo los salarios y la aspiración de mejorar la situación social imponiendo aumentos de salarios". En el centro de esta contradicción "está el hecho de que el mayor empleador de la economía, el sector servicios, no participa de los beneficios de la devaluación", advirtieron desde Idesa.

La reciente

suba de la tasa de inflación fue impulsada, en gran medida, por el impacto que tiene sobre los precios los incrementos salariales decididos centralizadamente. El caso más visible fue el aumento de la expensas asociado a los incrementos de salarios otorgados a los encargados de edificios que son trabajadores formales. Este resultado repercutió en los que tienen un menor poder adquisitivo a raíz de que muchas personas no recibió igual nivel de aumento en sus ingresos.

De la redacción de El Litoral