Londres: piden investigar fallas en los servicios de inteligencia
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Mientras los londinenses intentaban retomar hoy su vida normal, el primer ministro británico, Tony Blair, se preparaba a rechazar ante el Parlamento la apertura de una investigación sobre si los ataques del jueves habrían podido evitarse, reclamada por la oposición.
Paralelamente, grupos antibélicos y humanitarios pidieron hoy a los gobiernos de Gran Bretaña y Estados Unidos retirar todas sus tropas de Irak, para evitar así "un aumento de la violencia y el terrorismo internacional".
Una fuente de Downing Street, sede del gobierno británico, adelantó anoche que "el primer ministro tiene confianza en los servicios de inteligencia y no va a ordenar la apertura de una investigación" sobre su papel antes de los atentados.
Tony Blair precisó, frente al Parlamento, que, al menos, 52 personas fallecieron como resultado de los ataques, toda vez que 56 heridos continúan en los hospitales, "algunos de ellos graves".
Mientras tanto, millones de londinenses tomaron el metro hoy temprano para ir a su trabajo, aunque muchos admitían tener temores de nuevos atentados, una posibilidad admitida por el ministro de Interior, Charles Clarke, ayer.
La circulación estaba interrumpida parcialmente en los tramos centrales de las líneas Hammersmith y City, Metropolitan y Piccadilly, obligando a los pasajeros a buscar caminos alternativos y viajar en ramales repletos de las líneas que funcionaban.
Mientras tanto, pasado el primer impacto del atentado que ensangrentó la capital británica, la batalla política se reanudó, con llamados de los conservadores a investigar si las autoridades pudieron haber hecho más para prevenir los ataques.
Hoy el primer ministro aprovechó su intervención ante la Cámara de los Comunes para lanzar un mensaje de desafío a los terroristas y reafirmar que no lograron su objetivo de dividir y acobardar a Gran Bretaña.
Además de reiterar su confianza en los servicios de inteligencia británicos, Blair insistió en que toda la vigilancia del mundo no habría podido evitar los ataques contra el sistema de transporte público de Londres.
"Si personas quieren hacer explotar inocentes en el metro o en el bus, al azar, y provocar el máximo de muerte y destrucción, se pueden haber tomado todas las medidas de seguridad del mundo, pero no se podrá evitar", declaró este fin de semana el premier británico.
"Es por ello que, al final de cuentas, incluso si es necesario tomar las medidas de seguridad, también hay que atacar las cuestiones profundas que llevan al terrorismo", subrayó Blair.
"Con este tipo de terrorismo, las medidas de seguridad no pueden constituir la única respuesta", insistió el primer ministro.
Por su parte, el gobierno italiano preparaba una serie de medidas antiterrorismo, que incluyen la ampliación de la detención preventiva, la vigilancia de los correos electrónicos y la introducción de la figura del "arrepentido", ante el temor de ser blanco de atentados.
El ministro de Interior, Giuseppe Pisanu, presentará mañana con carácter de urgencia en el Parlamento el llamado "paquete antiterrorismo", basado en buena parte en la normativa vigente antimafia.
El gobierno de centroderecha, que ha consultado a todos los partidos políticos, espera adoptar por la vía de urgencia el control de las comunicaciones por Internet, como propuesto por el gobierno británico tras los atentados del jueves en Londres, e introducir la posibilidad de otorgar el permiso de estadía a aquellos que colaboren con la Justicia y la policía, los llamados "arrepentidos".
El sistema, que funcionó en los años 70 y 80 para desmantelar el grupo terrorista de extrema izquierda Brigadas Rojas (BR) así como para luchar contra la mafia siciliana, está siendo empleado contra la inmigración clandestina y deberá ser puesto a prueba con el terrorismo internacional.
La propuesta ha generado un debate nacional sobre la conveniencia de aprobar leyes especiales y de crear una fiscalía especializada, con magistrados expertos para coordinar las investigaciones nacionales e internacionales.
Representantes de la oposición recuerdan que Italia pudo vencer el terrorismo interno respetando los derechos fundamentales, pero reconocen que algunas normas fueron excesivas y piden que ante el nuevo fenómeno sea involucrado en la lucha el mundo islámico.
Entre las medidas especiales que el gobierno espera aplicar figura la expulsión rápida de sospechosos extranjeros vinculados con organizaciones terroristas, la autorización a detener por 24 horas en vez de 12 a los sospechosos y guardar durante un año los mensajes que se envían por Internet.
Italia aumentó desde el jueves los niveles de seguridad y actualizó los planes de seguridad, ya organizados tras los atentados en Estados Unidos del 11 de septiembre del 2001.
El control de aeropuertos, estaciones de trenes y del metro ha sido redoblado y en total cerca de 20.000 agentes vigilan unos 14.000 objetivos sensibles, como monumentos, embajadas, aeropuertos y museos.
El Vaticano, cuya seguridad exterior depende de la policía italiana, está también permanentemente vigilado.
En algunas ciudades, entre ellas Roma, se desmantelaron los puestos ambulantes cerca de las estaciones de las líneas de metro para facilitar las operaciones de socorro en caso de emergencia.
En bicicletas
La venta de bicicletas, desde los modelos plegables a otros más sofisticados, aumentaron en forma espectacular en Londres desde el jueves.
Millones de usuarios del metro y el bus se vieron obligados el día de los atentados a volver a su casa a dedo o a pie. Para quienes viven lejos de su lugar de trabajo, en algunos casos la única solución fue pasar la noche del jueves al viernes en un hotel o en casa de amigos.
Ante el temor de volver a utilizar los transportes públicos, algunos ni siquiera esperaron al viernes para ir corriendo a los comercios de venta de bicicletas. "Los clientes llegaban uno detrás del otro. Estaba desbordado", afirma Grant Young, dueño de Condor Bikes, en el oeste de Londres.
Este negocio, el más viejo de la capital, vendió unas cincuenta bicicletas el jueves contra una media de quince por día antes de los ataques.
Una vez más, la flema británica -esa mezcla inimitable de sangre fría, fortaleza y humor inmutable- fue puesta a prueba hoy cuando los londinenses debieron volver a tomar el metro para ir al trabajo, pese al temor de nuevos atentados.
Al tiempo que la policía identificó formalmente a la primera víctima de los ataques de la semana pasada -Susan Levy, una mujer de 53 años, de Hertfordshire, norte de Londres-, millares de personas se agolpaban hoy, como todas las mañanas, en las estaciones de metro londinenses.
La mayoría estaba al tanto de la advertencia de la posibilidad de nuevos ataques contra Londres lanzada la víspera por el ministro británico de Interior, Charles Clarke.
"Pero no podemos vivir con miedo", dijo el joven Peter Nevis, que tomaba el metro en la estación Angel, en el norte de Londres, para dirigirse a Hampstead, también en el norte, donde trabaja en un pub cerca del parque.
"Los británicos somos así, le hacemos frente a lo que venga", dijo Nevis, desafiante, antes de entrar a la estación más profunda de Londres, para tomar la línea Norte, una de las cuales fue blanco de los ataques.
En cambio, Alice Hargreave, una irlandesa que estaba el jueves en uno de los vagones del metro de la línea Piccadilly, y que fue evacuada por los equipos de socorristas, dijo que había llegado hasta la entrada del metro Angel, pero que no pudo seguir.
"Sentí como revoloteos en el estómago, debe ser miedo. Así que mejor me dí la vuelta y tomé un autobús", dijo. "Pero creo que, aunque quizá siempre me va a quedar algo de temor y seguiré teniendo pesadillas por un tiempo, volveré a utilizar el subterráneo pronto", aseguró.
El alcalde de Londres, Ken Livingstone, tomó el metro hoy, para dar el ejemplo de que la vida debe continuar tras los ataques en la capital británica.
"Vamos a trabajar. Seguimos con nuestra vida. No dejaremos que un pequeño grupo de terroristas cambie nuestra forma de vivir", declaró Livingstone, al subir a un ramal repleto de gente que circulaba entre Willesden Green (oeste de Londres) y London Bridge, cerca de la alcaldía.
AFP-EFE-Télam/SNI