Xul Solar
El inventor de utopías
Una retrospectiva del genial pintor argentino Xul Solar (1887-1963), que se exhibe en el Malba hasta mediados de agosto, constituye una reveladora revisión de la compleja y singular obra de uno de los más destacados artistas plásticos de América Latina en el siglo XX.

Jorge Luis Borges lo definió como uno de los creadores más singulares de su época. Describió a su obra como una combinación entre invención y rigor, ambición y modestia. Xul Solar (Oscar Agustín Alejandro Schultz Solari), nacido 1888 y fallecido en 1963, fue un excepcional artista argentino. Una retrospectiva formada por 150 obras, llamada "Xul Solar, visiones y revelaciones", se expone en el Museo de Artes Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) hasta mediados de agosto.

Esta retrospectiva es producto de la colaboración entre ese museo argentino y la Pinacoteca del Estado de San Pablo. Después de permanecer en el Malba, se trasladará en setiembre a la ciudad brasileña y de allí viajará al Museo Rufino Tamayo, en México, y a Houston, Estados Unidos.

Dirigida por la experta Patricia Artundo, la exposición se adentra en los vínculos del pintor con el esoterismo y el ocultismo, y su necesidad de encontrar el conocimiento superior o la verdad no revelada. Exhibe sobre todo pinturas (varias inéditas), aunque también objetos, libros, manuscritos y otros documentos relacionados con su ideario e invenciones, como el "neocriollo", un lenguaje artificial basado en el español y el portugués, con el que pretendía la confraternización de los latinoamericanos.

Textos narrativos en imágenes

La exposición aglutina obras realizadas por el creador entre 1913 y 1962. Patricia Artundo explica que durante los más de diez años de residencia de Xul en Europa, a principios del siglo pasado, confluyen en la obra del pintor, búsquedas espirituales y religiosas. Sus pinturas deben entenderse como textos narrativos en imágenes.

Por otro lado, algunos de los paisajes realizados en 1913 que pueden verse en la exposición revelan que el artista no optó inmediatamente por el estilo de vanguardia y dan a conocer a un pintor del que casi no quedan vestigios.

Algunas obras que reflejan su extraordinario uso del color son "Regione Rocciosa" (1916) y "Nido de fénices" (1914). En esta última y en "Dos Anjos" (1915) se manifiesta la obsesión de Xul por el contacto con la divinidad y con la vida después de la muerte.

A partir de 1918, el pintor, devenido arquitecto, se aboca a desarrollar su propio concepto de arquitectura, entendida como obra de arte total en la que se funden también la pintura y la escultura. Obras de esta etapa son "Proyecto" (1918) y "Otro nuevo edificio" (1921).

Su interés por el mundo de lo oculto queda patente en una de sus obras más populares, "Juego de cartas del Tarot", formado por 22 piezas hechas con cartulina y pintadas con témpera.

Unidos por una lengua

Cerca de la década del veinte comienza a manifestarse en sus acuarelas, la relación entre palabra e imagen. Vocablos sueltos y breves textos explicativos aparecen en sus pinturas, en momentos en que empieza a trabajar en la creación de una nueva lengua, el "neocriollo", para unificar espiritualmente a los latinoamericanos.

En estos años pinta "Tlaloc" (1923), en referencia al Dios de la Lluvia de la cultura prehispánica de México. Otras pinturas muy simbólicas de este período son "Sol, solo mando" y "Podré", ambas de 1919, y "Jefa Honra", de 1923.

América se revela como el espacio natural para el desarrollo del nuevo hombre. Y a su regreso a Buenos Aires, después de su estancia en Europa, Xul Solar se relaciona con el grupo intelectual creado en torno a la revista Martín Fierro y pinta una obra, "Drago" (1927), donde sugiere un camino de colonización inverso: desde América hacia Europa.

Además, ornamenta páginas interiores de la obra de Borges "El idioma de los argentinos", uno de cuyos ejemplares está expuesto en la muestra.

En estos años explora distintas vías de acceso a mundos superiores, en las que la meditación cumple un papel importante. Realiza "Rezue" (1929), "Bosque i yoghi" (1931), "Palacios en Bría" (1932) y "Visión en el fin del camino" (1934).

La imagen de la ciudad futura la expresa en "Vuel Villa" (1936), una urbe que es capaz de volar y cruzar los cielos uniendo países y culturas distintas. Mientras que la idea de un nuevo hombre aparece en pinturas como "Mestizos de avión y gente" (1936).

En estos años, el artista argentino también aborda nuevos sistemas de escritura, como manifiesta en las obras "Marina" y "Grafía antica", de 1939, basadas en signos estenográficos.

En blanco y negro

En los años cuarenta comienza una nueva etapa, al variar el estilo y utilizar la gama de los blancos y los negros. De este período son "Fiordo" (1943), "Valle hondo" (1944) y "Ciudad y abismos" (1946). Surgen nuevas invenciones. Recrea un tradicional ajedrez que denomina "Panajedrez, Panjuego, Panchess o Ajedrez criollo". Es una caja tablero formada por 110 piezas marcadas con signos esotéricos y astrológicos. Según explicó, consiste en "un juego de habilidad combinatoria, independiente del azar, para una civilización más perfecta en lo intelectual, científico y estético, que ha de crear en esta paz...".

La afición de Xul Solar por la música queda reflejada en la modificación del teclado de un pequeño piano y en las pinturas "Impromptu de Chopin" (1949) y "Coral Bach" (1950).

La astrología guía muchas de sus investigaciones y está presente en la mayoría de sus creaciones, como es el caso del Tarot, el Panajedrez y sus títeres para adultos. Este interés se manifiesta a principios de los años 50 en un conjunto de pinturas basadas en los signos del zodíaco. Ejemplos de ello son "Zodíaco", "Aries", "Horóscopo de Xul Solar" y "Máscara de Sagitario", obras realizadas en 1953.

Hacia un mundo superior

La suma del conocimiento adquirido a lo largo de su trayectoria puede observarse en sus famosas acuarelas "Pan-tree", con las que intenta lograr el camino hacia un mundo superior.

En esta década, Xul Solar decide mudarse a una isla del delta del Tigre, en las afueras de Buenos Aires, donde vuelve a diseñar fachadas y edificios en la línea de su interés por construir un espacio para el hombre.

En estas obras arquitectónicas, las fachadas están hechas con letras, que les dan un peculiar estilo. Pinturas de esta época son "Proyecto fachada para ciudad", "Iglesia de María" y "Proyecto fachada delta", de 1954.

Desde finales de los años 50, Xul Solar retoma sus sistemas de escritura para crear máximas morales que deben guiar al hombre hacia el conocimiento superior. "Xamine todo", en la que invoca al apóstol San Pablo y la prédica "examinar todo, retener lo bueno", y "Pax, work, love", de 1961, son ejemplos de esta etapa recogidos en la muestra artística.

Finalmente, pinta retratos de San Ignacio de Loyola, San Pablo de Tarso y Jesucristo, entre otras personalidades que han tenido contacto con la divinidad o han expresado nuevas revelaciones para el hombre. Es, en definitiva, el intento de un artista por transmitir un mensaje nuevo, basado en distintas ideologías, religiones y líneas estéticas.

La mística pintura

(Por Jorge Luis Borges *). - Hombre versado en todas las disciplinas, curioso de todos los arcanos, padre de escrituras, de lenguajes, de utopías, de mitologías, huésped de infiernos y de cielos, autor panajedrecista y astrólogo perfecto en la indulgente ironía y en la nerosa amistad, Xul Solar es uno de los acontecimientos más singulares de nuestra época.

Hay mentes que profesan la probidad, otras, la indiscriminada abundancia; la invención caudalosa de Xul Solar no excluye el honesto rigor. Sus pinturas son documentos del mundo ultraterreno, del mundo metafísico en que los dioses toman las formas de la imaginación que los sueña.

La apasionada arquitectura, los colores felices, los muchos pormenores circunstanciales, los laberintos, los homúnculos y los ángeles, inolvidablemente definen este arte delicado y monumental.

El gusto de nuestro tiempo vacila entre el mero agrado lineal, la transcripción emotiva y el realismo con brocha gorda; Xul Solar renueva, a su modo ambicioso que quiere ser modesto, la mística pintura de los que no ven con los ojos físicos en el ámbito sagrado de Blake, de Swedenborg, de yoguis y de bardos.

(*) Buenos Aires, año 1949

%sEl estallido de los lenguajes

(Por Silvia Iparraguirre *). - Buenos Aires en la década del 20 es una ciudad en ebullición. El crecimiento demográfico y la movilidad social mezclan raigambres patricias, movimientos obreros anarquistas, criollismo e inmigración. La tensión entre "lo de afuera" y "lo de acá" marca el debate local sobre modernidad y vanguardia, que empieza casi abruptamente pasado 1920. Según Marcel Duchamp, uno de los "padres" modernos, de paso por Buenos Aires entre 1918 y 1919, "las pocas personas que conocí `habían oído' del cubismo pero eran totalmente ignorantes del significado de un movimiento moderno".

Pocos años después, con el desembarco de Xul, Pettoruti y Spilimbergo, Duchamp habría encontrado interlocutores, pero el hipotético diálogo habría mostrado matices.

Uno de los ejes más significativos de la vanguardia de los años veinte pasa por la relación entre Xul Solar y Jorge Luis Borges, que se extiende a otros escritores, Girondo, Marechal, Macedonio Fernández. Doce años menor, Borges sentía una admiración declarada y perpleja por el talento multifacético de Xul y la amistad entre los dos se parece a una coincidencia excepcional. Como pasa con Borges en la literatura, en la pintura argentina Xul detenta la indudable característica de no parecerse a nadie. Los dos proclaman querer menos las "Mecas de ultramar" (Xul) para querer más algo nuestro. Encuentran la clave en el criollismo.

Depurando los sentidos que pueda connotar la palabra, Borges la rescata de una primera acepción (gauchismo, pintoresquismo), para definirla así: "criollismo, pues, pero un criollismo que sea conversador del mundo y del yo, de Dios y de la muerte" (Borges).

El sentido cosmopolita que le da Borges a la "mirada" argentina sobre el mundo coincide con el cosmopolitismo natural de Xul Solar, potenciado en su viaje a Europa, y con su invento lingüístico: el neocriollo, lengua iberoamericana.

Pintor, astrólogo, lingüista, músico, inventor de mundos míticos y del panjuego, Alejandro Schulz Solari nació en San Fernando en 1887. Estudió música, fue empleado municipal e ingresó en la carrera de arquitectura, que no terminó.

En 1912 se embarca rumbo a Oriente como peón de a bordo, pero se queda en Londres, donde empieza su iniciático viaje europeo que durará doce años. París, Munich, Florencia, Milán ven pasar a este personaje extraño, de imprevisibles desapariciones.

En 1916, Xul se encuentra con Emilio Pettoruti en Florencia. Esta amistad, que se estrecha en viajes europeos, en descubrimientos comunes, en estrategias para sobrevivir (cosen bolsas para las trincheras, pintan tarjetas postales), y en el regreso conjunto a la Argentina, le permite a Xul su primera exposición, en Milán, en 1920.

Aunque los colores plenos y las transparencias, dentro del planteo plano y geométrico de su pintura, indican su cruce con los fauves y el cubismo, la obra de Xul muestra muchas coincidencias con otras fuentes. En 1921 viaja a Munich donde, seguramente sorprendido, entra en contacto con la obra de su contemporáneo suizo Paul Klee.

La crítica ha señalado repetidamente los universos paralelos de Klee y de Xul. Los dos se aproximaron a Kandinsky y a Mondrian, en la concepción de la naturaleza espiritual del arte, que para Xul era una actividad visionaria. Los dos concibieron al arte moderno como herramienta de oposición al materialismo sin espíritu heredado del siglo XIX.

(*) Fragmento del texto publicado en "Pintura argentina. Primeras vanguardias", año 2001

%sLos signos de un hombre libre

(Por Abel Monasterolo *). - Me interesa Xul Solar por varias razones, pero básicamente por su universo plástico tan personal, donde el juego tiene un rol protagónico fundamental, porque tuvo un gran interés por el arte primitivo y todas aquellas formas arcaicas, porque su obra está libre de todas las convenciones de la pintura culta occidental. Además, está permanentemente desafiando a la realidad cotidiana y el mundo condicionado, oponiéndole lo desconocido, lo inaceptable, lo mágico.

Porque es un artista intermediario de revelaciones misteriosas, creador de signos propios, donde impera la libertad más absoluta en la construcción de su obra, donde se percibe una permanente correspondencia entre el hombre y el universo, saliéndose de los límites de lo cotidiano, buscando lo desconocido y lo ilimitado.

Acepta abiertamente la correspondencia entre los órdenes de la realidad natural y lo sobrenatural, haciendo inseparable su obra y su vida, permaneciendo fiel a la utopía de un arte espiritual ajeno a la realidad.

(*) Profesor, curador del Museo Municipal de Artes Visuales Sor Josefa Díaz y Clucellas de Santa Fe

%sAlmudena CalatravaRevista NosotrosFotos: Agencia EFE