Edición del Jueves 22 de diciembre de 2005

Edición completa del día

EN LA BOLSA DE COMERCIO

Los dueños de los Máscara

Juntos. Todos los distinguidos merecedores de la ya tradicional distinción. Foto: Mercedes Pardo. 

Se entregaron los Premios Máscara edición 2005 al teatro local. El homenaje a los hacedores de la escena santafesina fue organizado por la Subsecretaría de Cultura del municipio.

Roberto Schneider

Anoche, en la Bolsa de Comercio de Santa Fe, se realizó la duodécima entrega de los Premios Máscara, una oportunidad para distinguir a los hacedores de la actividad escénica local, en un acto organizado por la Subsecretaría de Cultural del municipio santafesino. Tradicionalmente la ceremonia se realiza en el Teatro Municipal que, debido a los trabajos de restauración que se están realizando, abrirá nuevamente sus puertas en marzo próximo.

Diversas personalidades del quehacer cultural y teatral santafesino dieron marco a la ceremonia. La subsecretaria de Cultura, Gabriela Garrote, se dirigió a los presentes para hacer referencia a la próxima apertura del Teatro. También se encontraban el secretario de Cultura de la provincia, Jorge Llonch, y el director provincial del área, José Angel.

La nota distintiva de la noche fue la alta emotividad de los distinguidos. Los premios, se sabe, son como una pequeña caricia al alma. Y el Premio Máscara, que no es competitivo, se caracteriza precisamente por eso, porque se premian trayectorias de incansable trabajo en la escena santafesina.

En la ocasión, el jurado designado por la Subsecretaría de Cultura -que realizó su tarea ad-honorem y estuvo integrado por Juan Carlos Rodríguez, Carlos Falco y quien firma esta nota- entregó los galardones a los distinguidos que a continuación se detallan.

En el Rubro Pioneros en la Actividad Teatral: Aldo Coponi y Manuel Rioja; en el Rubro Trayectoria Teatral: Victoria Gollán, Luchi Gaido, Marisa Oroño, Pampi Boero -In Memorian-, Jorge Del Conte, Juan Mannarino, Daniel Vitale, Sergio Abbate y Fabián Rodríguez. Por su Aporte al Teatro desde la Danza a Belkys Sorbellini y Cristina Carrú.

Los Premios Institucionales fueron para la Fiesta Provincial del Teatro, por 22 años de continuidad, y para el Coro Polifónico Provincial por 44 años de trayectoria. Se entregaron menciones especiales del jurado a Silvina Debona y Norma Cabrera por la difusión de las artes escénicas en la revista electrónica Didascalia escénica y a Miguel Lando -In Memorian- por una vida al servicio del Teatro Municipal 1° de Mayo.

Cabe recordar aquí que el teatro es, entre otras posibles definiciones, una expresión de la emoción humana. En efecto, el teatro no es otra cosa que una proyección del espíritu que se materializa, es la objetivación de un ideal, la materialización del sentimiento, o bien, si se quiere, la espiritualización de la materia; pero es también un mundo cerrado a la multitud indiferente y solamente abierto a quien consiga, con amor, conquistarlo.

El teatro es un medio de evasión aunque sea momentánea; la realidad humana es transfigurada por la magia del teatro, al mismo tiempo que cobran conciencia y plenitud todos los sentimientos que yacen dormidos bajo la capa de los intereses prácticos de la vida actual; el teatro se aparta de la realidad para enriquecerla, va más allá de la filosofía y de la ciencia.

En efecto, en la vida diaria normalmente la imaginación y los sentimientos se encuentran reprimidos, en infinidad de ocasiones resultan incompatibles con el vértigo del vivir actual, con el ritmo de vida que la industrialización ha impuesto al hombre, y así todos los deseos, emociones o ideales que muchas veces constituyen nuestro verdadero ser, son sometidos las contingencias de la vida diaria, en donde no tienen cabida la emoción ni el sentimentalismo; los valores espirituales quedan de esta manera relegados porque no resultan prácticos.

El mejor medio

El hacedor encuentra en el teatro el mejor medio de alejarse del tráfago de la vida cotidiana; su quehacer constituye una válvula de escape para sus sentimientos y su imaginación; pero el hombre que no puede ser teatrista porque carece del don de la facultad creadora, también encuentra en el teatro la manera de fugarse de todas las tensiones a que comúnmente se ve sometido. Ante la imposibilidad de crear una obra de teatro, el hombre común y corriente canaliza sus sentimientos y sus ideales que siente inasibles; también encuentra en el teatro el medio de evadirse de la monotonía, por una parte, y de las presiones de la vida por otra, aunque en distinta forma que el teatrista.

El teatro cumple una importante función: allí suele sublimar el hombre todo lo que de trágico o grotesco tiene la vida. La obra de teatro es un jirón, un fragmento de la realidad salvado del influjo de la temporalidad, rodea al hombre, es parte de su propia vida; en el teatro se expresan inquietudes, anhelos, sueños, rebeldías, agonías y fracasos. Y quienes anoche fueron distinguidos, construyeron y construyen día a día, año tras año, el encuentro del hombre con su propia obra





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