"No hay profeta en su tierra" es un dicho popular que se puede aplicar perfectamente a la música. Lo que significa que los propios de la tierra deben emigrar para ser reconocidos, mientras que basta que cualquiera provenga de Buenos Aires -hacia el interior-, Europa o Norteamérica para que se lo reciba como un "tesoro" encontrado que "brilla", aunque no siempre es oro.
También es cierto que la música de tradición académica -a diferencia de la popular- compuesta desde las postrimerías del s XIX (y, también en cierta forma, la música anterior al s XVII), no se "recibe" ni es "aceptada" de la misma manera que la tradicional, es decir, la producida entre los ss. XVII-XIX, los siglos de música tonal. La inexistencia de los cánones acostumbrados -de una especie de lógica silogística de la composición, la que, vista a la luz del tiempo transcurrido, jerarquiza la sutil diferencia de la repetición de lo mismo (cánones que aún perduran en la música popular)- y el consecuente rechazo de lo que esta música convoca en el oyente han llevado no al rechazo, sino a algo peor: la indiferencia.
Reflexionar sobre las razones de esta situación -históricas, políticas, psicológicas, sociológicas, etcétera- excedería los límites de este artículo. La consecuencia más visible es que lo que producen nuestros compositores argentinos, locales o nacionales -671 contabilizados, con más de 10.000 obras desde 1950 (Proyecto de Investigación: La repetición en la música argentina desde 1950: entre la creación y la reiteración. Instituto Superior de Música. Universidad Nacional del Litoral. 2002)- es música que no se difunde por ningún medio o, apenas, se lo hace -con suerte- una sola vez en un concierto o -con aún mayor suerte- en un registro grabado. Sus vidas y muertes pasan totalmente desapercibidas y sus obras quedan fondeadas en archivos familiares o, incluso, se pierden por la negligencia y la indiferencia.
Virtú Maragno fue un compositor nacido en Santa Fe (1928) y fallecido en Buenos Aires (2004). Su magnífica obra puede considerarse enrolada en la tradición compositiva académica occidental, tanto pura como, también, producto de la convergencia y síntesis de esta tradición con la de la música popular -como la de tantos otros compositores argentinos (Williams, los Castro, Gianneo, etcétera) y extranjeros (Bartok, Strawinsky, etcétera) del s XX.
En el concierto en su homenaje, organizado por la Secretaria de Cultura, en el Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral, con la adhesión de varias instituciones -entre ellas, el Mozarteum de Santa Fe, Filial Salzburgo, que también hizo entrega del premio (póstumo) al mérito artístico "Mozart jubileo tercer milenio"-, se pudieron escuchar excelentes versiones de algunas de sus obras de cámara, para piano solo: "Tres piezas" (1947) -Canción, Elegía y Boceto para un tango- y "Sonata III" (1957) -Allegro con spirito, Andante amoroso, Presto agitato-, interpretadas por Lilia Salsano; para oboe solo: "X Variaciones C sobre La comparsita" (1998), interpretadas por Cecilia Maragno; para canto y piano: "Si solamente me tocaras el corazón" (2003), con textos de Pablo Neruda; "Canciones Marineras" (1950), sobre textos de Rafael Alberti -Gimiendo por ver el mar, Barco carbonero, Si yo nací campesino y No quiero barca-, interpretadas por Marcelo Maragno (voz) y Graciela Bianchi (piano); "Canción de cuna para un niño ciego" (1948) con texto de Juan P. Ramos, y "Baladas amarillas" (1952), con textos de Federico García Lorca -Sobre el cielo de las margaritas ando, En lo alto de aquel monte, La tierra estaba amarilla y Dos bueyes rojos-, estas dos últimas interpretadas por Andrea Maragno (voz) y Graciela Bianchi (piano); para trío de maderas: "Divertimento" (1990) -Entrecanto, Paisaje con organito y Ritual-, interpretado por Gabriel Leo (flauta), Luis Giavón (oboe) y Ariel de Vedia (clarinete).
Adriana Cornú