Devotos estadounidenses se oponen a la teoría de Darwin

Jean-Louis Santini (AFP)

La batalla en Estados Unidos entre los defensores de la teoría de la evolución y sus críticos creacionistas -que lograron una victoria en el Estado de Kansas- revela una persistente división cultural en un país donde, históricamente, la religión es una institución política clave.

Por seis votos contra cuatro, el Consejo de Educación de Kansas autorizó en noviembre pasado que en los liceos públicos se enseñe la tesis del "diseño inteligente" (una transformación del creacionismo), en paralelo con la teoría evolucionista de Charles Darwin, universalmente aceptada sobre el origen de las especies.

La campaña neocreacionista que se extiende a unos cuarenta Estados del país preocupa a la Academia estadounidense de la Ciencia, que recientemente dedicó un sitio en Internet a defender la teoría de la evolución, fundamento de la biología moderna.

Esta gran ofensiva antievolucionista se inscribe en el célebre "proceso del mono" en 1925 en el Estado de Tennessee (sur) que inspiró la película "Inherit the Wind" con Spencer Tracy.

John Scopes, un profesor de biología, fue perseguido por las autoridades de Tennessee y recibió una multa de 100 dólares por haber enseñado "ilegalmente las teorías de Darwin". Hubo que esperar hasta 1968 para que, invocando la separación de la Iglesia y el Estado, la Corte Suprema considerara inconstitucional la prohibición de enseñar la teoría de la evolución, en un proceso en contra de una profesora del Estado de Arkansas.

Finalmente, en 1987, la Corte Suprema juzgó inconstitucional volver obligatoria la enseñanza del creacionismo porque esto volvería a promover una creencia religiosa en la educación pública. Después de estos reveses, los creacionistas cambiaron de táctica presentándose como víctimas de un pensamiento dominante sobre el origen del hombre.

Ya no reclaman la enseñanza del creacionismo como tal sino que exigen que se acepte que el evolucionismo de Darwin, un naturalista británico del siglo XIX, pueda ser encausado en nombre de la libertad de elección.

El presidente estadounidense George W. Bush se había pronunciado en agosto por este enfoque: "La educación consiste en presentar las diferentes escuelas de pensamiento", declaró.

Para Michael Behe, un profesor de biología considerado como el padre del movimiento del "diseño inteligente", "no hay incompatibilidad entre ciencia y tesis creacionista, fruto del trabajo de una fuerza suprema". En su obra, "Darwin's Black Box" (La caja negra de Darwin), publicada en 1995, Behe explica que ciertos mecanismos moleculares son demasiado complejos para ser resultado del proceso de selección natural descrito por Darwin.

"Esta polémica sobre los orígenes del hombre se enmarca en la guerra cultural que opone a los cristianos conservadores y al resto del país (en temas como) el aborto o la legalización del matrimonio homosexual", explicó David Masci, experto del Pew Center, un instituto independiente de investigación.

Como quedó en evidencia en la elección de Bush, este grupo pesa mucho electoralmente y sus convicciones religiosas, con ciertos matices, son mayoritarias en los Estados Unidos, subrayó.

Según un sondeo del instituto de opinión pública Gallup efectuado a finales de 2004, 42% de los estadounidenses cree que Dios creó al hombre como lo afirma la Biblia y 18% piensa que la evolución fue guiada por una voluntad divina. Sólo 26% de las personas interrogadas adhiere a la teoría de Darwin.

El 65% de los estadounidenses querría que se enseñaran la teoría de la evolución y la del creacionismo, lo cual refleja el mismo espíritu de la primera enmienda de la Constitución estadounidense sobre la libertad de expresión y de práctica de una religión, sostuvo Masci.