| Elegir, ésa es la cuestión
Para muchos, incluso podría afirmarse que para la mayoría de los que viven en Santa Fe, la ciudad es el lugar donde deben pasar y disfrutar sus vacaciones. Donde intentan aprovechar el paisaje y las bondades de su naturaleza, a pesar de las altas -y hasta insoportables- temperaturas. El hábitat no sólo es el techo: lo configuran también los espacios públicos, los modos en que circulan los bienes culturales, la calidad y cantidad de sus servicios, la historia o sus condiciones geográficas, entre otras cosas. Para quienes la ciudad es entonces algo más que la suma de calles y manzanas, y representa -en todo caso- la posibilidad de disfrutar de sus propuestas y actividades, Santa Fe no es precisamente un páramo que depare a lugareños y foráneos demasiadas sorpresas. Más allá de una importante propuesta privada -auspiciada por el municipio local- que trajo por estos días a artistas de renombre nacional, no hay posibilidad de optar ni elegir qué cosas hacer. Los deseos y las inquietudes de los habitantes son resultado y, a la vez, condiciones de posibilidad de la urbe de la que se forma parte. No poder elegir, no tener que ejercitar la facultad de decidir qué es lo mejor o más cercano a las propias necesidades habla también de la ciudad de la que se es parte. Dice tanto lo que hay para hacer como lo que no, y en todo caso, ambos terminan dando forma, vuelo y rasgos propios al espacio físico y simbólico de pertenencia. También es verdad que, ante pobres políticas culturales públicas -que en general aparecen ligadas a la acotada concepción de producir "eventos"-, surgen de manera espontánea los más diversos emprendimientos ligados a las necesidades cotidianas de las personas, que invisiblemente le dan forma a ese espacio que se denomina ciudad. |

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