Entrevista a Ruth Casabianca de Amado, Lic. en Psicología
Santa Fe, una ciudad que ya no es cordial
La ciudad cambió y no para bien en los últimos años. Santa Fe se degrada día a día desde el punto de vista del comportamiento social. Sus habitantes hemos perdido calidad en las conductas. ¿Qué nos pasó? En esta nota se analiza la pregunta desde la Psicología Social.
La ciudad de Santa Fe ha disminuido su cordialidad interna y, progresivamente, nos hemos ido acostumbrando a ello. Somos descuidados con la limpieza de nuestras calles, malogramos los esfuerzos que se realizan por mejorar la vía pública; si conducimos vehículos, cada vez tenemos menos paciencia con el peatón y hasta ejercemos cierta violencia al manejar (la ley del más fuerte impera en lugar de las disposiciones de tránsito). En otras palabras, cada vez nos habituamos más a la transgresión y al maltrato interno y lo ejercemos. Dos décadas atrás, Santa Fe no era así: los lugares públicos lucían y la cortesía se imponía en el trato diario en todo su entramado social. ¿Cuáles son las causas de esta degradación de la vida ciudadana? ¿La ha acostumbrado a dejar hacer, sin asumir responsabilidades, el hecho de que es la sede del gobierno provincial? Su empobrecimiento progresivo, que genera falta de expectativas de futuro, ¿opera como otro ingrediente? ¿Han pasado de moda elementales normas de urbanidad y de convivencia colectiva? El presente puede tener diferentes orígenes y distintas disciplinas encontrarían una explicación desde sus ópticas. La doctora Ruth Casabianca de Amado -licenciada en Psicología, directora del Instituto de la Familia y Terapias Breves y directora de la carrera de la Licenciatura en Psicología de la UCSF- opina sobre el tema desde la Psicología Social.
Para muestra, basta un botón
-Hace unos años, las familias cultivaban amistad con los vecinos y se apreciaban mutuos gestos de solidaridad. En la actualidad, es frecuente encontrar en la vereda basura que no es propia y que alguien colocó ex profeso sin pensar en sus desagradables consecuencia. O el escaso cumplimiento de las normas en la vía pública; cotidianos ejemplos de lo mucho que en materia de descortesía está ocurriendo en Santa Fe. ¿Qué nos está pasando? -El fenómeno es complejo y puede ser analizado desde distintas disciplinas: desde la sociología, de la filosofía, desde la moral; también desde las ciencias de la comunicación. Yo lo enfocaré desde la psicología social, aunque la temática podría merecer otros abordajes. Lo más importante es comenzar pensando que debemos analizar y entender las conductas desde la psicología social y no desde la psicología individual. En los últimos años el aporte de la primera ha producido un cambio de lógica, de interpretación. Antes pensábamos en conductas ocasionadas por estímulos internos básicamente: su constitución biológica, su educación, sus creencias o por mecanismos de defensa y que la conducta del individuo terminaba como un efecto en otro o sobre determinadas situaciones. El gran aporte de la psicología social ha sido pensar que, en realidad, los seres humanos lo que transmitimos permanentemente son mensajes. Nuestras conductas son mensajes y provocan conductas o mensajes de retroalimentación por parte de quienes serían los receptores, y esto en múltiples ámbitos. Lo importante, entonces, es entender el proceso de ida y vuelta: cómo nos retroalimentamos y cuántos somos los que participamos en lo que se supone es una conducta individual.
-Esta otra óptica, ¿qué cambia?-Cambia la conciencia de responsabilidad social cuando uno se conduce, de respuesta por parte de los otros. La responsabilidad de nuestra conducta no termina en el objeto sobre el que nosotros actuamos sino que hay otros involucrados porque reciben nuestros mensajes y, entonces, la responsabilidad de lo que sucede en determinado momento o ámbito, es de todos.Esto habla de una complejidad en cada acción y, especialmente, cuando las conductas son públicas. En el ámbito privado las cosas terminan en la familia que participa y todos son responsables de hacer algo, pero cuando se trata de lo público es mucho más lo involucrado: no solamente participan más personas sino el barrio, los lugares donde actuamos y nos comportamos, los distintos estamentos de conducción, los líderes: políticos, sociales, educativos, religiosos, deportivos. Todos formamos parte de las conductas públicas de un ámbito, en este caso de la ciudad.Este cambio de óptica es muy importante para tenerlo en cuenta para poder entender lo que nos sucede.
-¿No estamos ante una disminución de la calidad institucional?-No estoy tan segura. Creo que lo que nos pasa es que actuamos de una forma diferente sin darnos cuenta cuáles son las condiciones de ese cambio. Descuido la ciudad, en el marco de conductas públicas, con lo que hago, por ejemplo, con la basura fuera de mi casa, es decir en un ámbito ya público.Creo que en esto hay que considerar dos cuestiones básicas: el fenómeno de la sugestión y el fenómeno de la imitación por el cual es como si nos fuéramos contagiando a veces consciente y la mayoría de las veces inconscientemente, de conductas de otros. Y en esto también se involucran las autoridades.Hay menos conciencia de las consecuencias de las conductas y de cómo eso puede reverberar en las conductas de los otros. Abrimos la ventanilla y tiramos la colilla del cigarrillo, un comportamiento que también puede hacer reaccionar a otros y, por el fenómeno de imitación, el que viene atrás mío, a lo mejor hace lo mismo.De lo que no tomamos conciencia es de que las consecuencias de lo que hacemos no terminan allí sino que reverberan en otros.
-La educación, los niveles de pobreza, ¿influyen en los niveles de comportamiento que se están dando? -Sí, la educación es uno de los mecanismos a través de los cuales generamos cultura, modos habituales de comportamiento, creencias, valores y normas de conducta. Cuando merman los niveles de educación de un pueblo, de hecho la cultura se degrada. Nos degradamos todos por esta cuestión de que vamos comunicando y sin querer imitando conductas. O nos van sugiriendo conductas que inconscientemente nos llevan a acciones más degradadas y así disminuye la calidad.La educación es muy importante en la transmisión de la cultura. Ahora, a la cultura la componemos entre todos. En parte somos influenciados por ella y si se degrada un nivel de cultura general, cambian las normas y los valores y todos nos contagiamos de alguna manera.
La construcción de la cultura
-Cuando la consultaba si no estábamos ante una menor calidad institucional, me refería a que antes teníamos una institución "familia" consolidada e internalizada como la forma necesaria de organización social, que luego por distintos factores se fue perdiendo. La escuela era otra "institución" a la que se la veía como el elemento de cambio social. Los empresarios eran más emprendedores y las entidades que los nucleaban lo reflejaban así. -A la cultura la transmite la familia, la escuela, la comunidad, todos la transmitimos. La podemos cambiar, dejar igual o retroalimentar en sentido negativo: si todos hacen esto, entonces, también lo hago yo... En mi consultorio escucho quejas como "ahora a nadie le importa nada"; "todo lo que se hace, se destruye". También escucho a funcionarios municipales: "ponemos cestos para que se ubique la basura y la gente los destruye...". Todo esto ha comenzado a generar una cultura del descuido y del avasallamiento hacia los otros y entramos en situaciones peligrosas porque después, por imitación o sugestión, nos contagiamos y tendemos a repetir esta cultura. Tu pregunta también apunta a si los que son más responsables en la construcción de la cultura están cambiando o han disminuido su responsabilidad en lograr su calidad. Creo que en este "ida y vuelta", todos nos hemos degradado.
-¿Cuál es el "clic" para producir el punto de inflexión? -Tenemos que pensar en la responsabilidad social, entender que nuestras conductas producen efectos que no son inocuos, y efectos en otros que pueden multiplicar las conductas negativas. Y, además, plantearnos: ¿qué puedo hacer yo desde mi lugar en particular para generar nuevos circuitos, más beneficiosos a los efectos del objetivo de mantener una ciudad para todos?Indudablemente, un nivel de cuidado en la ciudad hace al bienestar de la gente; de la misma manera que el descuido implica malestar, que deriva en sufrimiento.
"Todos somos responsables"
-Para producir ese cambio deseado: ¿cuáles tendrían que ser los puntos de partida? -Primero, debemos concientizarnos de que todos somos responsables y no esperar que sólo las autoridades sean las que pongan las normas, aunque sí que sean las responsables de velar por su cumplimiento. Debemos tomar conciencia los padres, los docentes, los líderes, los dirigentes religiosos, es decir todos aquellos que tenemos influencia en la formación de conductas que desde nuestro rol podemos lograr un mejor trato en la comunidad, en una mayor calidad de vida y bienestar de la población. Pero debemos estar muy atentos a la imitación y a la sugestión social porque uno sin darse cuenta se va contagiando de estas conductas. Se percibe como una progresiva anestesia y se comienza a ver a la conducta de maltrato como normal. Estando alerta de estas situaciones, podemos comenzar a ver el tema desde cada uno o desde los grupos: las escuelas, los equipos de deportes, la familia, e intentar comenzar a generar un cambio, porque uno nunca sabe cuándo reverberará el cambio. Es importante que pensemos que debemos hacer algo en un sentido diferente, construir una cultura en un sentido diferente, si no esto nos traga aunque no nos demos cuenta de ello, por esos mecanismos de contagio social a los que me referí antes. Las dos cosas pueden ayudarnos y no con grandes ambiciones. Las acciones de algunas personas y de algunos grupos pueden reverberar mucho más de lo que uno se imagina. Las conexiones sociales son múltiples y no sabemos a cuántos les pueden llegar estos mensajes; es decir, cuánto se pueden multiplicar. Los argentinos tendemos a pensar que cambiamos el sistema o de esquema, o el gobierno en el país, o no cambiamos nada. Y no es así, cada uno en su pequeño contexto puede hacer algo para empezar a mejorar. Los hábitos sociales después de ejercitarse se transforman en habituales, en cultura, en una cultura diferente. Yo te agradezco que me hubieras consultado el tema y que debido a ello me haya puesto a pensar, porque estamos todos tan anestesiados... Nos quejamos del producto pero no nos ponemos a pensar qué podemos hacer para que sea diferente. Es un llamado a todos los estamentos: a la familia, a la escuela, a los clubes, a las iglesias y hasta a las autoridades, que son las más responsables de poner las normas.
Maltrato, falta de paciencia
-¿No es tan grave como el descuido que se observa, la falta de paciencia, de cortesía y hasta los niveles de violencia? Y no estoy hablando de los barrios marginales donde la falta de expectativas opera como un disparador de inconductas. La violencia con que a veces se maneja, la falta de paciencia es evidente en cada esquina. -Hablaba de descuido pero en realidad todas estas conductas forman parte de la "clase maltrato" o de esa "clase violencia" en sus distintos grados. Si yo le pongo la basura al vecino, estoy avasallando su propiedad y violentándolo. La falta de paciencia es una forma de maltrato. El tema es que nos estamos acostumbrando a ello y esto puede tener muchas causas. Las responsabilidades mayores están centradas en quienes debemos enseñar: los padres, los docentes, los funcionarios, los medios de comunicación. Y esto que sucede, contagia asimismo a los líderes y a quienes debemos ser formadores de cultura. También comenzamos a aflojar en nuestras responsabilidades.
-Por lo menos comenzamos a dudar y nos preguntamos si no estamos ante un quiebre cultural tal, que el otro ya no entiende otra forma de vida.. -Creo que estamos ante la presencia de una fragmentación mayor, punto que merecería más un análisis sociológico que psicológico. Hay como una menor capacidad para hacer cosas en común, en conjunto, organizadamente como comunidad. Hay muchas personas que aisladamente enseñan y transmiten determinadas normas y valores, pero también observan que tienen un ámbito restringido o un "campo chico" para trabajar porque por el segmentarismo social existente, no se transmite de la misma manera que cuando la cultura era más homogénea.
Teresa Pandolfo
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