La carne viene conversada
Negociaciones todavía sin acuerdos
Negociaciones entre actores de la cadena cárnica y funcionarios caracterizaron la semana. Hay hermetismo en las partes, aunque se esperan novedades en breve.

Alejandro RollánCMI Contenidos

Con cierto grado de indulgencia, los actores de la cadena ganadera no rechazan, y hasta señalan como lógica, la recomendación kirchnerista a favor de una veda voluntaria en el consumo de carne, como una de las fórmulas para la contención de precios.

Éste es otro de los caminos que conformarían el atajo para no presionar demasiado sobre la oferta, amén de la polémica prohibición que pesa sobre las exportaciones futuras (los contratos vigentes y las cuotas acordadas por el país, como la Hilton, como se conoce, no están dentro de la restricción).

En otros términos, los actores de la cadena no objetan tanto la recomendación de contener, en la medida que los consumidores lo determinen, el consumo doméstico, pero sí evalúan como un costo inútil y demasiado dañino en el largo plazo la interrupción del canal externo. Tal medida, de sostenerse en el tiempo, será un remedio mucho peor que la enfermedad que el Gobierno pretende curar ahora (esto es, que los precios de la carne no impacten más sobre los índices inflacionarios).

El dato concreto de la semana es que hay negociaciones abiertas entre la esfera oficial y los sectores de la producción y el comercio de carnes, aunque esas tratativas se mantienen en reserva y los actores de uno y otro lado del mostrador no quieren dar mayores detalles. Pero incluso se anticipan novedades en el corto plazo sobre el éxito o el fracaso de estas negociaciones.

Uno de los puntos que ofrece no pocos escollos es que desde el ámbito oficial se insiste con fijar un precio de referencia para la hacienda en pie en Liniers, como punto de partida para llegar a un pacto de estabilización de precios por el término mínimo de un año. Ésta cláusula ya había estado sobre la mesa a fin del año pasado cuando finalmente algunas entidades (CRA, la Sociedad Rural) se negaron a firmar un acuerdo porque a último momento se sacó de la grilla la promesa de una baja de las retenciones a la exportación.

Pese a varias desmentidas, ya es un secreto a voces que uno de los negociadores del Gobierno en este ríspido tema es el subsecretario de Agricultura, Javier de Urquiza (de extracción patagónica y kirchnerista).

En rigor, la iniciativa de compensar algunos cortes de menor valor -destinados al mercado interno- con los de cotización más elevada (la mayoría de los cortes de exportación o de consumo premium, como bifes y lomos) es un eje que vienen barajando desde un primer momento los actores del negocio, sin llegar a la medida extrema de poner literalmente patas para arriba al sector, en lo que parecen estar empeñadas las medidas oficiales.

La industria frigorífica volvió esta semana a la carga con una propuesta para congelar el valor de 10 cortes de consumo popular hasta fin de año, a cambio de que se levanten las restricciones a los embarques. El Gobierno pretende algo más, que los precios bajen desde los niveles actuales.

En una reunión que se concretó el miércoles por la noche en la Sociedad Rural de Jesús María, los productores mostraron números para dar cuenta que las exportaciones no son las responsables de mayores precios internos. Esto por la simple razón de que mientras los biotipos pesados representan un valor en pie de 2,55-2,60 pesos por kilo, el consumo interno paga 3,10-3,30 pesos por un novillo liviano de 300 kilos. El razonamiento fue que si el Gobierno pretende bajar el precio, faltará más carne. Un novillito sin suplementar tiene una ganancia diaria de 400 gramos, y con una suplementación (con granos) puede ganar 1.200 gramos por día, lo que demanda un mayor costo. "Si baja el precio, faltará más carne y no es cierto que la exportación marque el precio", insistieron los ganaderos.

Ayer, en una declaración, Cartez pidió a las provincias, a través de sus legisladores y gobernadores, que hagan comprender al Gobierno central "la urgente necesidad" de revertir las medidas adoptadas y de "encauzar un diálogo" en el que las autoridades nacionales escuchen al sector.

La coyuntura frena nuevas inversiones

El optimismo que contagian los resultados de la biotecnología aplicada a la ganadería bovina está obligado a coexistir con el desconcierto que golpea el ánimo de los productores por la reciente suspensión a las exportaciones de carne.

Tranqueras adentro, los ganaderos aseguran que no frenarán los procesos iniciados -además, productivamente es imposible-, pero advierten que han aplicado el freno de mano a las inversiones.

"Si se suspende la tecnología, vamos para atrás. Debemos seguir en este camino, con la mejor eficiencia, y sin bajar la guardia pese a las circunstancias", opinó Norberto Gallino, de la cabaña Altos de Ongamira, especializada en la raza Limousin.

Pero muchos proyectos quedaron en puntos suspensivos. Edel Arja, por caso, puso en el freezer una iniciativa para un campo ganadero en Santiago del Estero, que ahora sólo mantendrá en pie la primera etapa del plan.

"Esas demoras repercutirán con una igual o menor cantidad de terneros, que serán menos novillos dentro de dos años, y más hembras para faena", vaticinó Lozano. También Rubén Gregoret, del establecimiento Chuqui Muqui, en Punilla, opinó que las nuevas inversiones en tecnología esperaran por un escenario más confiable.

En la charla mantenida con CMI Contenidos, los productores renovaron el tradicional pedido por un plan ganadero, que contemple, entre otros aspectos, los incentivos necesarios para que las herramientas de eficiencia productiva lleguen a la mayor cantidad de ganaderos.

En tal sentido, Gallino advirtió que de los 190 mil productores que existen en todo el país, el 60 por ciento tiene menos de 100 animales, y otro 18 por ciento cuenta con rodeos no mayores a las 250 cabezas.

La coyuntura también afectó las ventas externas de Biogen, ya que el brote de aftosa bloqueó la exportación de embriones a Colombia y Brasil, mientras que la operación acordada para enviar 10 mil embriones Holstein a China espera por la aprobación de los protocolos sanitarios entre ambos países.

En tanto, se aguarda un volumen que justifique la puesta en marcha del laboratorio para embriones in vitro. "Estamos a la expectativa de un proyecto grande que justifique el uso por lo menos 100 embriones semanales".