Un derroche de imaginación

Se atribuye al cineasta Alfred Hitchcock, uno de los grandes maestros de la historia del cine, aquella frase que señala: "Hay algo más importante que la lógica: la imaginación". Y ésa fue una de las constantes en la mayor parte de la producción del director de origen inglés, autor de clásicos de la altura de "Psicosis" o "Vértigo: de entre los muertos". Pero también se trata de una afirmación perfectamente aplicable a la última realización de otro genio del cine, pero esta vez de la animación, como es Hayao Miyasaki. Porque si hay algo que se debe destacar en "El increíble castillo vagabundo", es la absoluta preeminencia de la imaginación por sobre la búsqueda de realismo o de lógica en la historia.

Con un despliegue visual impresionante, que trabaja con un diseño de escenarios de una gran belleza, Miyasaki vuelve con una historia desbordante de personajes, situaciones de las más variados, que recuperan el verdadero gusto por la magia y la aventura. La historia, que transcurre, al igual que en los cuentos clásicos, en un país remoto, donde conviven brujas, hechiceros, reyes y hadas, da comienzo la tarde en que Sophie, la protagonista, una joven que trabaja en una tienda de sombreros, conoce al seductor y benévolo mago Howl, y se interna a partir de allí en un mundo que esconde el ensueño o el horror al cruzar cada puerta.

Uno de los atractivos del filme -además del colorido- tiene que ver con la galería de personajes que se presentan, que es de lo más heterogénea y original. Así, la protagonista traba relación con la malvada bruja "Calamidad", con un gracioso demonio surgido del fuego, que ostenta el nombre de "Cálcifer", con el travieso "Marko" y con la reina de los hechiceros, la bruja "Suliman", además de un espantapájaros y un perrito que la siguen donde quiera que vaya. Otro aspecto a señalar es la crítica que se hace hacia la guerra, que contrasta con el mundo lleno de magia de los protagonistas, y que se erige como el verdadero "malvado" de la película.

Después de su anterior obra maestra, titulada "El viaje de Chihiro", Miyasaki ofrece una prolija versión de la novela de Diana Wynne Jone, y por momentos el trabajo se sostiene basado en una deslumbrante inspiración. En esto mucho tienen que ver el notable fondo musical de Joe Hisaihi y la fotografía de Okui Atsushi, que al derroche de imaginación le suman un contrapunto técnico que no hace sino mejorar el producto.

En definitiva, se trata de una nueva obra maestra del animador japonés que, si bien parece basarse en una fórmula dirigida al público infantil, tiene una cantidad de aspectos que la harán disfrutable incluso para los jóvenes y adultos que gusten de las buenas historias. El único requisito es dejarse llevar por la magia misma que destila la historia desde su mismo comienzo.

Juan Ignacio Novak