Comienza la cosecha gruesa

Los contratistas están trabajando a pleno

Sin descanso trabaja la Optima de Turino. La zona tuvo mejores rindes que el promedio general. Fotos:Campolitoral . 

A lo largo de toda la provincia se trabaja en la recolección de la cosecha gruesa. Rindes flojos por culpa de la sequía y mucho grano verde, aunque con muy buenas perspectivas para lo que se viene. Como todos los años, los dueños de los fierros son grandes protagonistas de esta historia.

Amanece temprano en Zenón Pereira. En la casilla -tal como en muchos campos del país- los primeros albores se confunden con la radio, la charla con los compañeros y la mirada fija en el cielo para anticiparse al clima. La conversación de rutina incluye -como todos los días- el plan de trabajo para la jornada que comienza. Se delimita el lote que se va a trabajar, el cultivo que se va a trillar, se prevé el combustible, cuántos camiones se van a necesitar, y los silos que se tienen que hacer. Se organizan las cosas y se almuerza temprano.

Para José Turino, como para tantos contratistas rurales, este trabajo es una pasión, que implica combinar muchos oficios a la vez. "En cada zona del país hay que improvisar con la humedad de los cerros, o si el viento es costero -el viento del mar en Buenos Aires humedece el cultivo-. Es un trabajo que implica conocer el medio ambiente en el que se trabaja. Y los muchachos son como libros abiertos que escuchan, analizan y sacan sus propias conclusiones. Nos conocemos todos, por lo que hemos forjado una relación muy profunda, entre todos llevamos y traemos información", afirma.

Toda esa información se reúne en San Vicente, se lleva a Casilda y desde allí salen las necesidades que tiene el contratista. Por lo general tienen que ver con el estado de los caminos, la necesidad de mejorar las leyes laborales y la actitud de la policía.

Todo esto amalgama una relación laboral muy especial. "El contratista es una persona muy solidaria que convive en los campamentos y que comparte todo", relata Turino.

La pasión en la sangre

La historia comenzó tiempo atrás en Colonia Cello, cuando Félix Turino (su abuelo) importó una máquina a vapor, con 15 personas para trabajarla. "Eran máquinas que no traccionaban, tenían que arrimar el grano a la trilladora, y la fuerza motriz de las poleas hacían el trabajo.

"A esto uno lo lleva en la sangre, al casarme mi mujer me apoyó . Pasamos épocas muy buenas y otras muy complicadas, y a esto se le suman las historias particulares que uno arrastra", agrega. Diez años atrás la desgracia golpeó feo a la familia, que supo recuperarse gracias al trabajo duro y a la llegada de la pequeña Milagros.

Para Turino, el papel de la Cámara que los nuclea ha crecido de manera sostenida y avizora una actividad con mucho futuro.

La Asociación fue modificando sus estatutos hasta lo que hoy es el Cecoma, el que reúne a 60 socios (el 90% es de San Vicente) y nuclea a 220 cosechadoras que salen a trabajar a todos los rincones del país.

"La idea que tenemos es rearmar un centro en el norte para nuclear a Tucumán, Salta y a Santiago del Estero. Se descubrió que nuestra actividad es importante, porque estamos en medio del productor y de los fabricantes. Juntamos el 75 % de la cosecha del país. El contratista pasó a ser una persona eficiente que siempre está actualizada con lo último y que quiere ser cada día mejor".

Generando conocimiento

Por cada cosechadora se generan 2 puestos y medio de trabajo. En San Vicente mantienen ocupadas a 500 personas. También a los talleres que reparan y fabrican repuestos de calidad.

La necesidad de encontrar repuestos fomentó el surgimiento de talleres que produzcan y mantengan a las máquinas, junto con la necesidad de generar conocimiento. "Tenemos un déficit importante de mano de obra, máxime tomando en cuenta el salto tecnológico que pegaron las maquinarias. El mismo se generó en los años en los que se destruyó la agroindustria, lo que generó un bache generacional muy grande. Este proceso vino acompañado por la eliminación de las escuelas técnicas", acusa Turino.

A propósito de esta falencia, desde San Vicente están comenzando un proyecto muy interesante, con el que quieren capacitar a los chicos para trabajar con estas máquinas en su formación técnica.

"A lo mejor mezquinamos darle a un empleado una camioneta que vale 15.000 dólares porque significa un riesgo, y sin embargo le proveemos una cosechadora para trabajar que cuesta unos 150 mil dólares. Esa máquina tiene que producir, mantenerse y terminarse de pagar, por lo que su cuidado es vital. Hay que tener gente que la haga rendir, la cuide y la entienda. Ese es nuestro objetivo", remarca Turino.

"A nosotros nos llueven los pedidos para reparar máquinas y operarlas, porque muchos colonos -si bien lo hacen bien- no cuentan con repuestos en su zona, y por eso llegan a San Vicente, porque les conviene traerlas hasta aquí, en donde saben que se las van a reparar bien, porque este es un centro de maquinaria", analiza.

Gitanos del camino

El contratista vive permanentemente andando, y en el pueblo al que llega se adapta por necesidad. Tiene buen ojo para descubrir la mejor carnicería, panadería, y almacén. Siempre agudiza el ingenio para sobrevivir y adaptarse al medio.

"Generalmente cuando vamos a una zona nueva vamos de la mano de algún conocido y a veces se va "a la pesca", y cuando se hace un nuevo cliente se lo mantiene por muchos años. Hasta existe el compromiso que si uno no puede ir se la manda a alguien de confianza para que haga bien el trabajo".

Hay picos de cosecha o momentos que por determinadas circunstancias se necesitan más máquinas, y otras veces sobran. Pero lo que corona el éxito es la continuidad, porque es un negocio a largo plazo compartido en riesgos y necesidades.

Esta va a ser una campaña ordenada, porque si bien faltó agua en diciembre y enero -lo que castigó duro a los cultivos "cortos"- el resto está viniendo bastante bien, gracias a un oportuno suministro de lluvias. "Los contratistas estamos bien organizados y va a haber trabajo para todos. Resta esperar que pasa con el clima en abril y ahí vemos", dice José.

Argentina marca registrada

Hay gente que hace el doble trabajo, con siembra y trilla. En nuestra zona la mayoría de los colonos tiene su equipo de siembra, por lo que habitualmente se asocian para sembrar.

"El productor se ha vuelto ágil como el contratista, y les gusta innovar. El consejo es que todos tiren para el mismo lado, intentando hacer un uso sustentable del recurso, en el que todos cuiden el suelo, las máquinas y las pérdidas. La menor pérdida posible del cultivo redundará en beneficio de todos. Los productores deben ayudar a controlar al contratista ayudando a minimizar las pérdidas, buscando los cultivos más resistentes. Hoy hay una enorme gama de productos y se ha mejorado notablemente en este sentido".

El contratista tiene que estar atento a las prestaciones de su máquina -especialmente de la plataforma- porque un mal manejo de la misma produce enormes pérdidas.

"La siembra directa es una práctica que los argentinos hacemos muy bien. En EEUU en las zonas productivas tienen poco tiempo, por lo que aplican sojas de ciclo corto. Es como producir en Neuquén. Nosotros competimos con ellos que tienen subsidios y nosotros con retenciones, y aún así somos formadores de precios de soja en el Cono Sur a través del Mercado de Rosario, y los contratistas colaboran con ello, porque muchos son pequeños productores", explica Turino.

Las políticas y el precio

Los insumos están subiendo mucho. Ha habido incrementos en los últimos tres años en los costos de producción. Pero aún así, tengamos en cuenta que a un productor norteamericano un litro de glifosato le cuesta 8 dólares y a uno argentino menos de 3.

Para Turino, "lo único que sabemos con certeza es que los pequeños productores y los contratistas hemos sido los patos de la boda a lo largo de los años, nivelando la tesorería a través de retenciones, precios disfrazados y demás, y hemos salvado en las peores crisis a las arcas del Estado".

En los últimos años no ha habido gran variación en los precios de la trillas, gracias a la estabilidad de la soja y el gasoil. Pero el IVA diferencial sigue siendo algo muy dañino, porque se compra al 10.5 y el productor tiene los insumos al 21%.

Pese a esto, el contratista augura un cambio de horizontes. "Desde el gobierno ahora nos están escuchando y existen intenciones para consensuar políticas de desarrollo y entendimiento. Hay que mejorar las rutas, los transportes, las leyes laborales y los impuestos.

"Creo que estamos transitando por la buena senda, porque lo mejor es sentarse a discutir y modificar lo que haga falta".

Son las 10 de la noche. En Zenón Pereira -como en muchos lugares del país- las máquinas siguen rugiendo. En la casilla, la comida espera al grupo de hombres que, agotados, apurarán el bocado y se irán a descansar. Mañana los espera otra dura jornada en la que, de manera silenciosa, sin salir en ningún título informativo, pondrán en marcha los engranajes de la maquinaria rural. La misma que mantiene viva la esperanza de un país. Como esa pequeña Milagros, cuyo nombre simboliza la apuesta cotidiana de nuestros hombres de campo.

Federico Aguer