San Vicente es un pueblo del departamento Castellanos, con 6 mil habitantes, ubicado sobre la ruta 34, que se caracteriza por levantar cosechas desde Bolivia hasta el sur de la Argentina, y que encuentra una fuerte vinculación cotidiana con Rafaela.
Unas 66 empresas de contratistas con 250 cosechadoras trabajan constantemente por diversas latitudes, pero el corazón de la economía de esta localidad es la fábrica de cosechadoras, Agroindustrial San Vicente, que produce la marca Bernardín desde 1925 y que posee una agrupación de colaboración empresaria (ACE) con la aceitera Tanoni, de Bombal, que las distribuye y comercializa desde 2003.
Aníbal Guillermo Cúneo es el presidente de la firma. "En la ACE, las 2 empresas, totalmente autónomas, forman una estructura común superior, que funciona con el nombre de Bernardín Tanoni. La ACE no tiene estructura jurídico-social responsable pues siguen siendo responsables sus empresas concurrentes. No tiene CUIT, por ejemplo, pero sí tiene la libertad de desarrollar el fin para el cual fue creada como empresa única, en este caso la producción y comercialización de maquinaria agrícola".
Es una asociación "de capital y trabajo. Una empresa, Agroindustrial San Vicente, aporta tecnología, los medios constructivos, la experiencia y la marca. La otra, Tanoni, el dinero. Eso tiene un término de 7 años, del que quedan 4 años y medio por cumplir".
Pese a las relaciones que Bernardín teje en el exterior, "es mínima la exportación con respecto al mercado interno. Ahora aparece Venezuela con 60 u 80 máquinas que ha colocado Bernardín allá, pero es un negocio atípico, no gestionado por la fábrica. Estamos colocando las primeras máquinas en España, adonde tenemos fundada Bernardín Ibérica, una sociedad española ubicada en Andalucía. Estamos reactivando también el comercio con Bielorrusia y cotizando fumigadoras. Tenemos una orden de compra de 2 unidades. Hay también un pedido de Colombia".
Para Cúneo, "el mercado se empieza a abrir en tanto y en cuanto nuestra tecnología sea competitiva. Hay países a los que les da lo mismo que sea una máquina argentina, norteamericana o europea. Pero hay que tener condiciones para que el público se entusiasme".
De todas formas, algo está claro: "No se puede jugar con los clientes internacionales. Algunas cosas que permite el mercado interno, no lo permite el externo. Si al extranjero no le cumplís, estás muerto. En 24 horas consiguen otro seguro. Los mercados se ganan después de una guerra y se pierden después de quedarse dormido 10 minutos".
La empresa, por lo pronto, invierte. Se acaba de construir un novedoso sector de pintura en una de las 3 plantas productivas, ubicadas todas en San Vicente, que convertirá a Agroindustrial San Vicente en un consumidor de gas, algo que hasta hoy no era.
El mercado de cosechadoras "hoy está saturado. Hay momentos en que la gente satisface una demanda primaria y luego se vuelca a otra que en principio era secundaria. Con los precios del cereal en 2001, mucha gente pensó que era el tiempo de cosecharse lo propio y salió a comprar cosechadoras. Coincidió con un cambio en el régimen de tenencia de la tierra, con superficies chicas antieconómicas que se volcaron al alquiler. Los que alquilaban muchas hectáreas vieron la conveniencia de tener su propia máquina y no pagar a un contratista. Eso generó una demanda alta de cosechadoras, que provocó una saturación. Ahora estamos en la venta del recambio de algunas unidades ya vendidas, pero no satisfaciendo demandas nuevas".
Martín Scandol