El día que las vacas tomaron la ciudad
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Vivir o, simplemente, caminar en Buenos Aires versión s XXI requiere una profunda preparación. Piquetes, paros, espectáculos callejeros, tropillas humanas sumergiéndose en el subte, una melodía urbana que combina los rugidos del colectivo con el ringtone de los Simpsons. Es imposible perder la capacidad de sorpresa en la ciudad de la furia. Sobre todo, cuando, caminando una tranquila mañana por Puerto Madero, nos chocamos con un gigante herbívoro tamaño real con peinado punk, campera negra y piercings. íAh!, �es una vaca heavy?
Tres diques de Puerto Madero se convirtieron en un corral: la Cow Parade, el evento de arte público más grande del mundo, llegó a nuestro país, después de instalarse en casi 30 de las ciudades más importantes del mundo.
Más de dos millones de personas verán estas originales obras de arte en forma gratuita hasta junio, cuando serán subastadas a beneficio del Instituto Leloir y Esclerosis Múltiple Argentina. Los organizadores -Instituto Leloir, Ediciones Larivi�re y Corporación Antiguo Puerto Madero- esperan recaudar más de un millón y medio de pesos.
Sobreviviendo a los inconvenientes climáticos y algunos actos de vandalismo, ahí están las 117 vaquitas que 90 artistas argentinos pintaron, pegaron y decoraron con novedosas ideas. Y añaden color al paisaje porteño.
Preparen la escena: dos empleados de correo se ríen frente al remito de la enorme caja que transportan. "Vaca pastando", dice el papel. Tocan el timbre de Claudio Ziperovich en Río Negro, y algunos amigos y vecinos al tanto de la nueva habitante de la casa comienzan a ver recursos para que pase por la puerta e instalarla en un lugar amplio.
Como Ziperovich, varios artistas a lo largo y ancho del país recibieron la vaca en su casa. Tetra Pak, que apadrina 9 vacas de la muestra, envió a sus respectivos hogares y talleres las vacas, lo cual generó divertidas anécdotas. Los artistas que no estaban apadrinados por una firma que les enviara las vacas trabajaron en el mismo Puerto Madero, ante la mirada atónita de los transeúntes y combatiendo lluvias, sol intenso y viento.
Turistas, familias y deportistas se detienen ante cada vaca. Nosotros lo sabemos: hay 117. Pero quien por primera vez camina entre ellas piensa que son miles. Rodeando hoteles y edificios de la zona -entre ellos, el Hotel Hilton, donde se realizó la inauguración oficial el pasado 30 de marzo- y sobre unas carpetas de concreto, pueden verse los coloridos y originales mamíferos, con su nombre, padrino y, por supuesto, el artista que dio vida a la fibra de vidrio con que está hecha su base.
Seguramente, quienes vieron un cartel de "animales sueltos" deslizarse bajo su puerta no imaginaban que se trataba de una invitación. Mucho menos para ver vacas en Puerto Madero. Pero estuvieron ahí, con sus rombos amarillos en la mano, en la inauguración oficial de la Cow Parade para bautizar su creación (los artistas), para admirar la de otros (los periodistas) y para deleitarse con el arte, las empanadas y la champaña (público en general).
En las puertas del Hotel Hilton, durante unas horas, nadie se acordó de la suba de la carne ni de la ausencia de carne en Liniers. Hablaron los organizadores y encargados y se escuchó todo tipo de música, menos folclore. De todas formas, las deliciosas empanadas típicas imprimieron el sello "Made in argentina" a esta edición de la Cow Parade.
La historia de este evento comenzó en 1998 en Suiza, más precisamente, en una tienda departamental de Zurich, cuyo propietario -con el fin de atraer más clientes a su negocio- contrató a un artista. El creador lo sorprendió con una insólita pero exitosa idea: hacer vacas de fibra de vidrio de tamaño natural y convocar a artistas locales para que éstas fueran pintadas y exhibidas dentro de la tienda.
Con este proyecto como base, pronto la ciudad se llenó de vacas hechas por vecinos que querían ser parte de la muestra. Al término de esta exposición urbana, los dueños de cada vaca decidieron subastarlas para recaudar fondos destinados a niños con cáncer.
Desde entonces, el evento alcanzó dimensiones inesperadas. Lleva recaudados, en total, más de 15 millones de dólares en 33 ciudades del mundo. Arte con solidaridad para asistencia pública o privada, una fórmula que poco a poco se va instalando en el mundo.
La reina de Inglaterra puso su vaquita en el Palacio de Buckingham; Elton John, Ringo Starr y la reina de Jordania también tienen la suya. No sólo hay arte con fines benéficos para muchos, sino también una inteligente estrategia de marketing que mueve millones de dólares en publicidad para otros.
Las principales firmas y empresas que viven codeándose unas con otras en las ciudades adonde llega una Cow Parade conviven armoniosamente una sobre cada lomo de vaca. Así, quienes "apadrinan" a las vacas y sus artistas obtienen una manera diferente y novedosa de aumentar su reconocimiento social y, por supuesto, sus ingresos.
Algunas obras guardan una relación ineludible con sus padrinos. Por mencionar el caso más conocido: Marta Minujín, apadrinada por Aerolíneas Argentinas, puso dos enormes alas a su "Vaca espacial".
De todas formas, los padrinos son un ingrediente fundamental para el éxito de esta receta. Brindaron medios y facilidades a los artistas que, muchas veces, no son reconocidos o no reciben ayuda alguna. Junto al increíble talento de cada creador, los padrinos hicieron posible que las frías vacas blancas de fibra de vidrio se transformaran en hermosas -y valuadas- obras de arte.
Tetra Pak, por ejemplo, reunió 6 de sus 9 vacas en un corral imaginario llamado "Programa Federal", donde cada ejemplar representa una región de nuestro país. Allí se encuentran: "La Puna, tierra, salar y cielo", de Cecilia Revol Nuñez (Salta); "Vaca para mirar", de Claudio Ziperovich (Rio Negro); "Vaca con faja pampa", de Cristina del Castillo (Corrientes); "Mi Buenos Aires querido", de Jorge Muscia (Buenos Aires); "Vaca nocturna", de Pilar Boscia (Mendoza) y "La memoria", de Ana Fabry (Santa Fe).
Ellos lo ignoran, pero nosotros sentimos un gran orgullo cada vez que vemos un turista tomarse una foto junto a alguna de las vacas. Porque llevarán al mundo una imagen del talento y de la creatividad de nuestros artistas.
Ninguna -y esto lo decimos con completa seguridad-, absolutamente ninguna de las 117 vacas pasa desapercibida. Cada una de ellas tiene algún detalle o esconde algún misterio que llama nuestra atención. Y cada una de ellas merece nuestro reconocimiento.
�Cómo no felicitar a Martín Stenberg y Miguel Battaglia, que tuvieron la genial idea de estampar su vaca en el blíndex del Hilton? Su "vaca curiosa" mira a los visitantes del hall principal del lujoso hotel, causando carcajadas. Y en la mitad que a la pobre vaca le quedó afuera, las manchas dibujan un mapamundi donde se lee un cartel: "Usted está aquí", señalando a la Argentina.
Y, �cómo no alabar una vaca llena de espejos circulares de distintos diámetros, diseñada y creada por Rogelio Polesello, que simula ser "la vaca de Narciso"?
Hay decenas de obras dignas de nuestra atención: un tambero aplastado bajo la creación de Gerardo Feldstein, "Ni mu"; millones de fideítos de diferentes tamaños que conforman figuras sobre "Fetucchini Cow", de Mariza Domínguez; la corona y el manto de reina de "Miss Pradera. La reina de las pampas", de Silvina Benguria. Vacas milongueras, fileteadas, coquetas, con karaoke, cubiertas de canicas, de estrellas, sobre ruedas, mirando revistas de moda, solidarias, vanguardistas, pop y rockeras.
Definitivamente, nuestras composiciones escolares "Tema: La vaca" habrían sido diferentes si la Cow Parade se hubiera instalado en aquel entonces.
"La memoria", de Any Fabry, fue elegida por la firma Tetra Pak para representar nuestra región en el "Programa Federal". Aunque inspirada en un paisaje de su natal Córdoba, la artista, que reside desde sus 17 años en nuestra ciudad, llevó Santa Fe a Puerto Madero. Y de una manera admirable.
117 vacas de 90 artistas serán vistas por 2 millones de personas durante más de 2 meses. Se espera recaudar alrededor de 1 millón y medio de pesos con la subasta benéfica planificada para fines de junio.
La firma Tetra Pak reunió 6 de las 9 vacas que apadrina en un "Programa Federal" donde están representadas las diferentes regiones de nuestro país, por artistas de Salta, Corrientes, Mendoza, Santa Fe, Buenos Aires y Río Negro
De todo el país
Con diferentes tonadas, algunos artistas cuentan la historia de su obra. "Mi vaca propone una participación interactiva del público, para descubrir formas. Creo que la vaca abarca todo el país, es muy nuestra. Me llevó unas tres semanas a full", recuerda Claudio Ziperovich, de Río Negro, junto a su colorida "Vaca para mirar".
Cecilia Revol Nuñez, de Salta, por su parte, confiesa que jamás le costó tanto desprenderse de una obra como de su vaca titulada "La Puna, tierra, salar y cielo". "Fue una experiencia extraordinaria. Yo quise identificarme con el personaje de la Puna que se viste con muchos colores. Lleva un bebé que es la relación entre vaca y humano. También lleva un chulo, para cubrirse de las inclemencias del tiempo", explicó.
Pilar Boscia, una joven y talentosa artista mendocina, se inspiró en la noche de Tupungato (en guaraní: mirador de estrellas). "Plasmé el mapa celeste y las trabajé de manera pictórica. Al atardecer, cuando baja la luz, esas estrellitas brillan. Me llevó 8 días de trabajo intenso", confiesa Boscia.