Nada es lo mismo. Las conversaciones más importantes se interrumpen con el ringtone de "Satisfaction". En la mesa, junto al pan nuestro de cada día, un display azul es parte del almuerzo familiar. Todos llevan un pequeño apéndice en el bolsillo o la cartera. Los más chicos aprenden cómo abreviar palabras en el SMS, los sonidos polifónicos aumentaron la ya grave contaminación sonora urbana, estamos omnipresentes, todopoderosos, siempre ubicables. Sin límites.
Por supuesto, el hombre moderno siente una profunda herida a su soberbia tecnológica y futurista cuando alguien, en el cine, una conferencia o el avión, le pide que, por favor, apague su celular. Desconectado, solo, desesperado, pregunta por qué.
Como para ir acostumbrando a los viajeros, hubo que castigar a un primer rebelde. En julio del '99, un tripulante del vuelo que unía Madrid y Manchester fue el primer condenado a prisión por negarse a apagar su celular durante el vuelo. Neil Whitehouse debió pasar uno de sus 28 años tras las rejas por no respetar el llamado de atención que reiteradas veces le hizo un comandante de a bordo. "No hay que poner en peligro las vidas de otras personas y hay que cumplir las peticiones del personal de cabina cuando se utiliza un avión", explicaban los policías. Por su parte, una representante de British Airways fue más explícita: "Esta sentencia es una advertencia a todas las personas que actúan de forma irresponsable".
He aquí un caso un poco más morboso: "Los pilotos están inconscientes, adiós primo, estamos todos congelados, vamos a morir", ese fue el MSN que Sotiris Voutas, un joven griego, dijo haber recibido de un familiar que viajaba en el avión B-737 de la aerolínea económica griega Helios que se estrelló cerca de Atenas hace unos meses. La aeronave voló durante dos horas sin control, después de que un problema en los sistemas de presurización y climatización acabara con la vida de sus 121 pasajeros. Voutas fue detenido y más tarde confesó que era mentira.
Sin embargo, contra la idea de falso mito y algunas mentiras, existen precedentes de comunicaciones dramáticas que se produjeron instantes antes de que se consumaran accidentes aéreos. Por ejemplo, una mujer llamó a su familia momentos antes de que el avión B-757 en que viajaba se estrellara contra una de las Torres Gemelas de Nueva York, en aquel trágicamente inolvidable 11 de setiembre de 2001. También es recordada aquella transmisión en directo de una cadena española de un secuestro aéreo.
Cualquiera sea la hipótesis, los fabricantes de teléfonos móviles no estaban felices con la incompatibilidad celular-avión y decidieron hacer algo al respecto.
Ericsson y Siemens, en colaboración con el Ejército del Aire sueco y el fabricante europeo Airbus, tienen preparada una tecnología que dejará sin efecto la prohibición de usar el móvil a bordo.
Hace tres años, Ericsson probó con éxito la idea de introducir celulares a bordo de un barco conectando este repetidor al resto de la red general mediante una señal de satélite. Y trató de llevar la misma experiencia a los aviones, ya que muchos señalan que las emisiones de radio en las que se basa la transmisión de la telefonía celular interfieren gravemente con los sistemas de vuelo.
Recientemente, Siemens ha comunicado que alcanzó un pacto con Airbus para incorporar esta nueva facilidad para el uso de la telefonía móvil.
Varios expertos señalan este adelanto como el comienzo de un camino que muchos desean transitar: en un futuro, la telefonía móvil integrada puede facilitar el pilotaje remoto de aparatos que, como el avión de la compañía Helios, han perdido el control. Tal vez, todo tenga un final feliz en medio de esta enorme y anónima red de tonos.