Sobran los motivos

En los últimos seis meses se pueden encontrar algunos de los fundamentos que dieron un principio de acuerdo en el precio de la carne entre el gobierno, la industria, el comercio y la distribución.

Se puede retrotraer el análisis a octubre de 2005 cuando el productor ganadero anticipaba el desatino de la medida del peso mínimo de faena; luego en noviembre de 2005 ante la suba de un 4,5% en el costo de la carne, el ex ministro Roberto Lavagna intentó contrarrestar esta inflación con el aumento de las retenciones (del 5 al 15%); después se convocó a frigoríficos, consignatarios y supermercados a un acuerdo de precios con efecto retroactivo a agosto de 2005; en diciembre ppdo. se firma lo pactado con excepción de las grandes industrias exportadoras y CRA (Confederación Rurales Argentinas); no logrado el objetivo bajista, la ministra Miceli anuncia la creación del Registro de Exportadores; en febrero de 2006 el gobierno clausura 7 frigoríficos que faenaban animales livianos; el 8 de marzo pasado se cierran las exportaciones por 180 días, se amplía la restricción al ganado en pie y se informa sobre la revisación de los permisos ya autorizados.

La importancia de lo concertado el 6 de este mes radica en la deposición de medidas infructuosas y en la conciliación de posturas que parecían irreconciliables.

Desde el punto de vista de los negocios, a los exportadores se le extinguían los contratos internacionales, mientras que al gobierno lo acechaba la protesta rural (Mercedes, Salliqueló, Trenque Lauquen, más el efecto cascada) y los reclamos de países importadores que, sin previo aviso, sufrirían el desabastecimiento.

Lo firmado incluye el mérito de suspender el peso mínimo de faena, la venta al exterior de los cortes de alto valor (cuarto trasero) y la carne procesada, entre tanto a los cuartos delanteros se le pondría un cupo del 30% sobre lo exportado en 2005, en busca de reducir en un 50% las exportaciones y asegurar el normal desenvolvimiento de la hacienda en pie que se estimó en 180.000 toneladas por mes.

Pero también las transacciones requieren de ética, previsibilidad y de respeto a la trayectoria comercial (Alemania adquiere 100.000 toneladas y la paga entre 5.000 y 10.000 dólares la tonelada, además de adquirir casi el 70 % de Cuota Hilton; Rusia importó bifes por 300 millones de dólares; más Israel, Chile , etc.).

El arreglo definitivo está lejos, está dado el primer paso que no es poco. Quedan dudas: los precios convenidos se tomaron en base a novillos de 450 kgs. (el argentino consume novillitos, terneros y vaquillonas); el valor referente del ganado en pie se estimó en $ 2,40, valor que, a moneda constante, no se da hace muchos años, la difícil conciliación de intereses tan disímiles como los de los ganaderos, consignatarios, frigoríficos, matarifes, carniceros y exportadores; la metodología para asegurar los precios más allá del Gran Buenos Aires, etc.

En el mundo hay escasez de carne, Argentina, planificación de por medio, debería lograr disponer de la oferta necesaria, sin riñas de bajo perfil.

Eloy Rodríguez