Las letras y el fuego sagrado del ocio
Reeditan "Siberia blues", de Néstor Sánchez (1935-2003), un escritor olvidado por la industria editorial pero admirado por colegas como Julio Cortázar. Su obra está siendo rescatada de las sombras gracias al esfuerzo de su hijo pianista. textos de Jorge Boccanera.

A tres años de la muerte del narrador Néstor Sánchez, el sello Paradiso reeditará este mes "Siberia Blues", una de las novelas principales de una producción que en su momento suscitó elogiosos comentarios de Julio Cortázar, Emir Rodríguez Monegal y Ricardo Piglia, entre otros escritores.

Publicada originalmente en 1967, "Siberia Blues" evoca el barrio porteño de Villa Urquiza de los años '60, a través de los integrantes de la barra romántico-anarquista "Los Tomasol", defensores del "fuego sagrado del ocio", que con la gestualidad iconoclasta de la época sostenían una consigna provocadora: "Todo esfuerzo embrutece, toda tentativa para incorporarse a la caravana del sudor se relaciona con el resto de la ciudad marmota, inminente, sacudida por el hollín y los despertadores".

La vida de Sánchez -autor de culto injustamente olvidado hasta el 2004, cuando se reeditó su novela "Nosotros dos"- tiene un itinerario llamativo: va del impacto de su narrativa, que llamó la atención de editoriales europeos como Seix Barral y Gallimard, a llamarse a silencio a finales de los años '60, época en que sale de Argentina e inicia un vagabundeo de dos décadas por Venezuela, Estados Unidos y diversos países de Europa, por momentos de la mano de los grupos esotéricos de Castaneda y Gurdjieff.

Así, Sánchez, periodista, viajero, burrero y bailarín de tango -en 1955 fue bailarín profesional junto a Juan Carlos Copes en el club Atlanta- le dio la espalda al denominado "boom literario", que promocionó la narrativa latinoamericana.

"Siberia Blues", escrita en clave de improvisación jazzística, entreteje a través de un personaje denominado "Obispo", historias de seres que hacen de la marginalidad un modo de vida. Alrededor de temas como la mujer, el fútbol de potrero, el billar, el "escolazo" y las martingalas, el bar, las carreras de caballos y hasta la planificación de un robo, Sánchez despliega un largo "blues" con los habitantes del corazón de Villa Urquiza, su barrio natal, que el propio escritor bautizara como "la Siberia".

Joyce latinoamericano

La literatura del Sánchez inicial, con ecos de "Rayuela", de Cortázar, alcanza madurez con "Siberia Blues" en un estilo al ritmo de prosa poética, con resonancias de la generación "beat" norteamericana y el espíritu del surrealismo, sobre el que se mueven seres que lo viven todo como una experiencia límite.

Uno de sus amigos, el escritor Rodolfo Privitera, a quien Sánchez le dedicó "Siberia Blues" y bautizó como el personaje de su libro, "Obispo", destaca la vigencia de esa novela: "Puedo señalar tres ejes fundamentales: lenguaje, estructura y anécdotas que se entrecruzan creando un clima especial que excede, en mucho, ese criterio periodístico-anecdótico-sociológico con finales convencionales o previsibles. `Siberia Blues' tiene cuatro finales posibles, en el que se mueve la novelística argentina de estos últimos 30 años.

"Cuando Julio Cortázar sostuvo que en Sánchez se encontraba el Joyce latinoamericano, su publicación produjo sentimientos encontrados en la aldea bonaerense de aquellos años. Pero se puede afirmar que, así como en Joyce está su geográfica Dublin siempre presente, Sánchez, con la `ayuda' de Arlt, Marechal y Cortázar, construye una de las novelas más notables sobre la Buenos Aires geográfica y sus personajes en aquel momento histórico de los años '60", mencionó Privitera.

Historias de lúmpenes

Por su parte, el escritor y traductor Hugo Savino consideró que "la mejor narrativa es la que se escribe a espaldas de la literatura oficial que sólo puede leer novelas legibles, pequeños bodrios para que los universitarios confirmen sus pobres filosomemas derridianos u deleuzianos. Sánchez es un escritor del desacato -como escribió alguien-, que tiene el ritmo en el alma. Es un artista, no es un escriba que se deja hacer las novelas por el editing".

Como toda la narrativa de Sánchez, quien alguna vez confesó: "Nunca en mis libros inventé una historia; todo ha sido en base a mi vida presente o pasada", la trama de "Siberia Blues" tiene íntimos contactos con sus vivencias y las largas horas de la barra de "Tornasol" en el bar Trece.

La marginalidad evocada por Sánchez -"el lumperío", según sus palabras- fue parte de sus obsesiones, sobre todo, el juego de apuestas: "`Siberia Blues' recrea aquellos años de nuestra juventud -recuerda Privitera-, nuestras mujeres, nuestras tardes haciendo ocio; incluso allí se narra la anécdota de una martingala, eso fue real".

El tema del juego está relacionado con la carrera de caballos, como admitió el mismo Sánchez en una entrevista: "En mis años mozos fui muy adepto al turf. En ese mundo se manejaba un lenguaje muy especial y en las tribunas se hacía lo que se llama cátedra, se discutía mucho, se creaba con el lenguaje".

Señalado por Cortázar como la nueva promesa de la literatura nacional, la publicación de esta novela llevó a Sánchez a convertirse, en el ámbito local e hispanoamericano, en uno de los escritores más respetado de los '70.

Su prosa la construyó como un poema de largo aliento. Esta narrativa, plagada de referencias literarias y de su propia vida, fue escrita deliberadamente para obligar al lector a asumir un compromiso a fondo con el texto.

"Leer a Sánchez no es fácil. Su fuerza reside en el tratamiento del lenguaje. Ahí no hay tregua o `respiro', no es una literatura que se lee mientras se toma un café o se habla por teléfono, requiere de una atención diferente para entrar en el `sabor' de una escritura excepcional", describió Privitera.

Contra el olvido

Esta reedición de la obra completa de Néstor Sánchez (1935-2003), que impulsa su hijo Claudio -un pianista que viaja por el país realizando un espectáculo musical que combina el jazz con textos de su padre-, reivindica la figura de un escritor excepcional.

Además de "Nosotros dos" y "Siberia Blues", completan su producción los libros de relatos "Escuchando a tu hijo" y "La condición efímera" (en este último cuenta su experiencia como "clochard"), y las novelas "Cómico de la lengua", considerada por los críticos como su mejor libro, y "El amhor, los orsinis y la muerte" (sic), tal vez su novela más hermética.

"La idea es romper la sombra del olvido que cubre la literatura de mi padre y poner sus libros al alcance los lectores. Mi padre siempre fue `peligroso' para cierta crítica; resulta inconcebible que su narrativa esté ausente en la literatura argentina", subrayó su hijo Claudio.

De hecho, él lleva una "agotadora pelea" con editoriales argentinas para reeditar la obra de Néstor Sánchez. "No entiendo cuál es su temor; sabemos que la literatura de mi padre fue escrita para una minoría, lectores de poesía principalmente, pero esa minoría existe", concluyó.