Pitol, Premio Cervantes 2005

El escritor mexicano Sergio Pitol recibió ayer el Premio Cervantes 2005. Considerado una de las grandes figuras de la literatura latinoamericana, tanto por su faceta de narrador como por la de ensayista, Pitol nació en 1933 en Puebla. Su trayectoria abarca la docencia y la traducción de obras de autores como Henry James, Lewis Carroll, Virginia Woolf, Joseph Conrad o Anton Chejov, además de la investigación lingüística y literaria y su dedicación a los ámbitos editorial y diplomático.

Este currículo le ha reportado un gran prestigio intelectual, tanto en el campo de la creación literaria como en el de la difusión cultural, especialmente por su dedicación a preservar y promocionar el patrimonio artístico e histórico de su país en el exterior.

Pitol fue un niño huérfano, criado por una abuela en una casa rodeada de libros. Perdió a su padre, después a su madre y luego a su hermana en muy poco tiempo.

Su frágil salud, debido a la malaria, le postró en cama de los cinco a los doce años, convirtiéndose así en un lector prematuro y voraz para quien el destino reservaba un hueco entre los escritores insignes contemporáneos. "La literatura me salvó la vida", ha recordado el escritor en múltiples ocasiones.

Su obra, caracterizada por una gran agilidad narrativa, contiene anotaciones autobiográficas, reflexiones sobre arte, crónicas de la actualidad e impresiones de sus múltiples viajes y referencias de otros autores.

El escritor considera importante en su quehacer literario la influencia del cine, al que considera su "ventana al mundo antes que los libros".

Un ejemplo de ello es su primera novela, "El tañido de una flauta" (1972), cuyo estilo se presta a recursos estilísticos del cine y adopta la forma de una búsqueda espiritual.

Es autor de dos libros sobre la cultura mexicana de final de siglo pasado que han sido consideradas fundamentales, "El arte de la fuga" (1996) y "Pasión por la trama" (1998).

Pitol evocó una catarata de recuerdos, desde su infancia a sus estudios universitarios, impartidos muchos de ellos por exiliados españoles en México, al recoger el Premio Cervantes de manos del Rey Juan Carlos.

"El Quijote" fue uno de los andamios sobre los que construyó Pitol su discurso en un día que definió como "mágico" porque, añadió, es la "culminación de un trabajo constante en la escritura de más de cincuenta años".

Se trata del tercer mexicano que recibe el galardón después de Octavio Paz y Carlos Fuentes, quien como él es un gran admirador del español Manuel Martínez de Pedroso, a quien considera uno de sus maestros.

"Fue una de las personas más sabias que he conocido", dijo Pitol al recordar la técnica heterodoxa de sus clases en la Facultad de Derecho de la ciudad de México, donde se exilió tras la Guerra Civil española (1936-39).

En ellas, relató, mezclaba la teoría del pensamiento político desde Sófocles y Eurípides a Thomas Hobbes, con dramas históricos de Shakespeare, la poesía de Góngora y la novela de Balzac.

Además de la Facultad de Derecho, Pitol frecuentó los cursos de Literatura y Filosofía griega impartidos por Alfonso Reyes, quien le contagió su pasión por el lenguaje.

Pitol confesó su deuda con Reyes, quien le acercó a varios terrenos "a los que hubiera tardado en llegar" como el mundo helénico, la literatura española medieval y del Siglo de Oro, la poesía brasileña, la obra de Jorge Luis Borges o la novela policíaca.

Sergio Pitol, de 73 años, reconoció como su tercer maestro a Aurelio Garzón del Camino, un traductor quien vivía "plenamente la literatura. De él aprendí que el mejor estímulo para un escritor se lograba acercándose a las épocas de mayor esplendor y que escribir no significaba copiar a los maestros, ni utilizar términos obsoletos, sino intuir el genio de la lengua y convertir en nueva una palabra mil veces repetida".