A veinte años de Chernobyl
El 26 de abril se cumplieron 20 años de la tragedia de Chernobyl, la planta nuclear de Ucrania cuyo cuarto reactor estalló liberando una nube radioactiva que produjo una de las tragedias más importantes del siglo veinte y puso en evidencia el carácter ineficiente, totalitario e insensible del régimen comunista.
Las informaciones acerca de lo sucedido hasta el día de la fecha son controvertidas. Pero lo que está fuera de discusión es que se trató de una tragedia. Los datos más confiables aseguran que se liberaron 200 toneladas de material radioactivo, equivalente a más de cien bombas atómicas como las arrojadas por los estadounidenses en Hiroshima.
La radioactividad afectó de manera directa a unos 250.000 habitantes de la zona de Ucrania, Rusia y Bielorrusia. Se estima que 600.000 niños sufrieron las consecuencias de lo ocurrido. A veinte años de los acontecimientos aún existe radioactividad en la región, por no mencionar los informes científicos más duros, que señalan que en mayor o menor intensidad los efectos del material radioactivo se han extendido a un 40 % del territorio europeo.
Hasta el día de la fecha se observa que muere gente de cáncer o enfermedades en la piel debido a las secuelas de lo sucedido aquel 26 de abril. Estudios científicos estiman que en el futuro pueden morir más personas de cáncer, ya que los efectos radioactivos en la región persistirán por un término prolongado, el que se estima en doscientos años.
Lo sucedido en Chernobyl puso en evidencia no sólo los riesgos de la energía nuclear, sino, en primer lugar, la irresponsabilidad e ineficiencia de las autoridades comunistas. Sobrevivientes de la tragedia, personas que vivían en la ciudad de Pripiat, habitada por quienes trabajaban en Chernobyl, recuerdan con indignación y dolor la indiferencia de los burócratas comunistas, la lentitud de las medidas de seguridad, la tendencia a mantener en secreto lo que estaba ocurriendo y el tiempo precioso que se perdió hasta ordenar la evacuación de los pobladores.
Ese día, señalan los vecinos, la temperatura subió casi a treinta grados, algo inusual a esa altura del año, comenzó a caer una lluvia de color amarillento y las hojas de los árboles se secaron. Mientras tanto, los jefes comunistas estaban más preocupados en cuidar sus sillones de burócratas y eludir responsabilidades que en salvar a la gente.
El 1° de mayo, ritual que el comunismo cumplía religiosamente, aunque poco importara que ello ya nada tuviera que ver con los derechos de los trabajadores, todavía no se habían tomado medidas de fondo. Pero ese día, extrañamente, los jefes comunistas se retiraron antes del acto, algo inusual, ya que estas ceremonias soporíferas solían prolongarse durante horas y los vecinos estaban obligados a soportarlas porque la estabilidad de sus trabajos estaba en juego.
Por supuesto que hubo escenas de heroísmo por parte de empleados e ingenieros que arriesgaron sus vidas tratando de atenuar la tragedia. Pero lo cierto es que las denuncias empezaron a llegar desde el extranjero y recién entonces los comunistas empezaron a hacerse cargo de lo que estaba ocurriendo. Algunos historiadores aseguran que el "glasnot" o la "perestroika" de Gorbachov se inició con esta tragedia, que puso en evidencia los límites del régimen totalitario e instaló en un primer plano la necesidad de liberar la información y permitir algunas tímidas libertades.