China aprovecharía su "imagen comunista" en Latinoamérica

China aprovecha su "imagen de país comunista" para penetrar en los mercados de América latina, región que le interesa especialmente por sus recursos naturales, según dijo en Londres un experto en seguridad estadounidense.

Evan Ellis, socio de la consultoría Booz, Allen & Hamilton, especializada en estrategia global y tecnología, dio una conferencia en Canning House, la llamada "Casa de América Latina" en Londres, en la que analizó los efectos de la presencia de China en Latinoamérica para esta región y para los Estados Unidos.

Al igual que los Estados Unidos han podido explotar su proximidad cultural con el sur del continente americano, la República Popular China se beneficia "de sus credenciales ideológicas" para establecer lazos con países como Venezuela y Bolivia, alimentado la nostalgia por "los viejos tiempos" en los que había una superpotencia alternativa a Estados Unidos, según Ellis.

En opinión de este experto, China es sólo comunista "nominalmente", ya que en la práctica es una potencia capitalista que lleva visos de superar, este mismo año, a México como segundo socio comercial de los Estados Unidos.

Según recordó Ellis, el pasado enero, el presidente de Bolivia, Evo Morales, se confesó gran admirador de Mao Zedong y su "revolución proletaria" en una gira por China, al tiempo que animó a las empresas de ese país a invertir en sectores clave de la economía boliviana como el gas, las minas o el petróleo.

Pese a fomentar una imagen de contrapoder, China no pretende, en opinión del asesor estadounidense, forjar alianzas ideológicas, sino que está en Latinoamérica básicamente porque necesita sus abundantes recursos naturales.

El volumen de intercambio comercial entre China y América latina ha aumentado de 200 millones de dólares anuales en 1975 a 47.000 millones en el 2005, según datos del analista.

Con un crecimiento medio anual del 9,6 por ciento en los últimos 27 años, China consume el 7,4 por ciento del petróleo del mundo, un 31 por ciento del carbón y un 40 por ciento del cemento mundial.

Al ser una economía basada en la producción industrial, necesita muchas materias primas, lo que en los últimos tiempos le ha llevado a establecer relaciones con países que las tienen, sea en América o en Asia, como es el caso de Irán.

Dentro de esa "estrategia global para asegurarse recursos", en palabras de Ellis, Latinoamérica es un destino natural, debido al petróleo de Venezuela, el cobre de Chile, el níquel y el crudo de Cuba, el hierro de Brasil o, incluso, la soja de la Argentina.

La nueva generación de líderes chinos, encabezada por Hu Jintao, quiere mayor presencia internacional, y para ello debe diversificar las exportaciones, que hasta ahora dependen de las economías de los países occidentales.

Según Ellis, Latinoamérica se siente atraída hacia China por ese anhelo de contrarrestar el poder de los Estados Unidos, la esperanza de fomentar el desarrollo a través de la exportación, posiblemente con ventajas arancelarias, y de que la inversión china compense el poco interés de los países desarrollados.

Sin embargo, de acuerdo con el experto, la inversión no financiera china se limitó a 659 millones de dólares entre enero y noviembre del 2005, "bastante poco" en comparación con el total de 41.000 millones de dólares invertidos en la región.

Además, señaló Ellis, la mayoría de inversiones se dirigió "a mejorar el acceso a las materias primas".

En su opinión, la penetración de China en América latina puede tener un impacto negativo para el sector manufacturero local e, incluso, ocasionar tensiones sociales por el estilo empresarial chino o debido a las relaciones interétnicas.

Ante esta incursión económica y estratégica de China en Latinoamérica, Estados Unidos no ha tomado medidas concretas, según Ellis, sino que sigue el proceso "con cautela" y "sin ningún interés en plantear un enfrentamiento de superpotencias" como el de la época de la Unión Soviética, "una situación muy diferente".

Sin embargo, Ellis admitió que la Administración estadounidense observa con cierta preocupación el posible establecimiento de lazos militares y la cooperación en tecnologías estratégicas, como la espacial o la nuclear.

(EFE)