Dentro de una tendencia disciplinar en la que se habla de ciencias, literaturas o lenguas comparadas, ¿es posible también transitar por la resbaladiza ruta de la historia comparada? Es lo que se proponen Pablo Gerchunoff y Pablo Fajgelbaum en "¿Por qué Argentina no fue Australia? Una hipótesis sobre un cambio de rumbo", que acaba de editar Siglo XXI.
Comparando la evolución económica de ambos países durante unos ciento cincuenta años, los autores intentan entender por qué una de estas naciones ha sido bendecida por el desarrollo y la otra (por desgracia, la nuestra), no.
"La Argentina y Australia compartieron a lo largo de la historia un conflicto social y una desventura nacional. El conflicto social residió en que ambos países, por su dotación de factores, produjeron y exportaron materias primas que formaron parte de la canasta de consumo de las clases populares, a la vez que dieron empleo a las clases populares en actividades que no exportaban. La desventura nacional residió en que esas materias primas fueron perdiendo participación y precio en los mercados mundiales... No hay que ser adivino para anticipar que la Argentina vivió el conflicto social y la desventura nacional con mayores complicaciones y mayor infortunio que Australia".
Entre otros pasajes interesantes leemos que las clases populares argentinas destinan la mayor parte de su ingreso al consumo de alimentos, que son precisamente el núcleo principal de las exportaciones, mientras en Australia las clases populares disponen de un ingreso medio que dobla a de las argentinas, de modo que consumen menos alimentos y más bienes industriales y servicios. Por otra parte, la materia prima que se exporta pertenece mayoritariamente al rubro mineral. "Si se conjugan todos los factores, resulta que la apertura comercial es más impopular en la Argentina que en Australia".