Nació en una escuela, el 29 de abril de 2003
Historia de Nahuel, un sobreviviente
Nació en la escuela Arzeno, auxiliado por una maestra que ahora es su madrina. Lo internaron en el Hospital de Niños, que luego fue evacuado. El 29 de abril cumplió tres años, los mismos que tiene la mayor inundación del Salado que padeció nuestra ciudad en su historia.
Nancy Balza
Cada 29 de abril, los sentimientos se confunden en la casa que Nahuel comparte junto a su hermana Dafne y sus padres, en Santa Rosa de Lima. En primer plano, está el festejo de su cumpleaños, que este año fue el tercero, pero aún subsiste la tristeza por los momentos dramáticos que acompañaron su nacimiento y muchos días después. Nahuel llegó al mundo en medio de la inundación de 2003. El Salado corrió a su familia del barrio, la volvió a correr de la Esc. Monseñor Zazpe, que es adonde acudieron a buscar un primer refugio, y la sacó luego de la Esc. Juan Arzeno, donde finalmente vio la luz... en un baño y auxiliado por una docente que nunca había participado en un parto, pero que no dudó en acudir en su auxilio. Ahora, en brazos de su madre Cintia Frías, junto a su hermana de 4 años y Angelita Beltramo, la maestra que lo ayudó a nacer y se convirtió luego en su madrina, Nahuel mira una y otra vez las fotos del último cumpleaños, que celebró junto con los chicos y chicas del jardín Santa Lucía, ajeno a una historia que lo tiene como protagonista.
Empujado por el agua
Aquel 29, la gente comenzó a ocupar temprano las aulas de la escuela Arzeno -ubicada en San Juan y Moreno- que, a primera hora, se convirtió en un refugio seguro para muchos pobladores de los barrios del oeste, donde ya había empezado a ingresar el agua. Cintia llegó allí, pero luego de hacer una escala en la Monseñor Zazpe, de donde salió luego con el agua a la cintura, su pequeña hija Dafne -entonces de un año- en brazos y un embarazo de siete meses. Así, mojada y con frío, llegó con su familia a la Esc. Arzeno. Cuando todavía no había terminado la mañana, comenzó a sentir que su hijo iba a nacer; fue al baño, pidió ayuda a los gritos y nació Nahuel. Angelita fue la primera en llegar y, sin experiencia en atender partos, supo que había que abrigar al recién nacido, cortar el cordón y atarlo sin demoras. "Lo levanté, me saqué la campera y lo envolví. Empecé a pedir una tijera para cortar el cordón, hasta que apareció una. Como no podía atarlo, empecé a pedir un hilo, pero no había. Entonces le dije a una persona que estaba ahí que se saque la zapatilla y me de el cordón. Con eso lo até bien fuerte. Lo envolví y con un chico que tenía auto nos fuimos rápidamente para el Hospital de Niños, tocando bocina y agitando un pañuelo para que nos dejaran pasar". Ese día hacía frío y Nahuel estaba "helado". Había nacido con un kilo y medio en un baño por donde entraba y salía gente en forma permanente. Ese día llovía y "el piso parecía de barro", recuerda hoy la maestra. En el nosocomio, Nahuel fue directamente a Neonatología, donde recibió atención inmediata. Pero, por la tarde, volvió a ser evacuado, en incubadora; esta vez, al Iturraspe.
El reencuentro, dos días después
Mientras tanto, Dafne seguía con su familia en la Arzeno y a Cintia la trasladaron al hospital Cullen. Recién pudo reencontrarse con su hijo el 1° de mayo, dos días después de su nacimiento. "Fue todo muy duro", recuerda ahora la madre. Su familia se había quedado en la escuela; pero, después, debió ser trasladada a la planta alta y, más tarde, junto a otros evacuados, rescatados en lanchas, cuando el agua siguió avanzando. "En ese momento, sentí un total abandono. No teníamos casa, no teníamos ropa, no teníamos nada", cuenta Cintia. Nahuel estuvo dos meses internado en el hospital y había que organizarse para cuidar también de Dafne, con la familia todavía evacuada.
La vida, después de todo
Tres años después y como cada 29 de abril, las sensaciones se mezclan: "Ese día nosotros festejamos el cumpleaños de Nahuel", afirma -categórica- Cintia, pero también recuerda "el mal momento con mucha rabia, por el total abandono de personas. Recuerdo que estuve caminando por todos lados con un bolsito hasta que me llevaron a encontrar a mi familia. Tampoco sabía dónde estaba Nahuel porque el Hospital de Niños se había inundado". Ahora, la familia de Cintia sigue viviendo en Santa Rosa de Lima, aunque en otra casa; los dos chicos van al jardín, el marido tiene trabajo, aunque "a veces se queda sin". Angelita sigue en la escuela, es docente de Música pero trabaja en la Secretaría de la Dirección. A su manera, ninguna de las dos olvida lo que ocurrió aquél día. Mientras todo eso ocurre, ajenos a las lágrimas que en los rostros adultos empañan los recuerdos, los ojos de Nahuel y de Dafne hablan de la vida que, una vez más, se empeñó en abrirse paso en medio del dolor más grande que recuerde Santa Fe.
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