La semana política
Kirchner sin obstáculos para el proyecto de reelección
Aprestos para el acto del 25 de Mayo en la Plaza de Mayo. Las razones de adelantar la campaña. Advertencia de Lavagna ante empresarios.
Darío D'Atri (CMI)
El envión que ha ganado la presidencia de Néstor Kirchner es tan potente que nada ni nadie parece poder frenarlo. Se dispone el santacruceño a cruzar la línea de los tres años de mandato y piensa celebrarlo con más de un cuarto de millón de personas vitoreándolo en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, un gustito que no hay presidente popular que haya optado por esquivar. No hay objeciones de tipo alguno que puedan salir al cruce de aquella intención por festejar que hoy anima al primer mandatario, aunque mejor sería sincerar las cosas y reconocer -porque tampoco hay nada de malo en eso que se oculta- que lo que se busca con el mega acto planeado para el próximo 25 de Mayo es lanzar un proyecto reeleccionista bajo el cual se encolumnen sectores capaces de garantizar en el 2007 un triunfo histórico, sin segunda vuelta. Kirchner ha decidido mantener una línea discursiva de negación de esa intención de volver a sentarse en el sillón de Rivadavia en diciembre de 2007, pero la pendiente que conduce a ese objetivo es tan pronunciada que el final de esa película está cantado. Sólo algún improbable roce con los anhelos de poder de su esposa, Cristina Kirchner, o el afán por dejar en la historia marcas de renunciamiento podrían enturbiarle el camino a un segunda presidencia. La economía, pero, sobre todo, el consenso social que despierta el santacruceño son un puente de plata que desemboca en ese segundo período de gobierno que todo sistema democrático moderno incluye como plataforma de relanzamiento de una gestión exitosa.
La carrera por lo inevitable
La pregunta, entonces, es porqué se han apurado tanto los tiempos, lanzando desde el entorno más cercano al primer mandatario, y también desde la nueva y heterogénea red de nuevos aliados del presidente, la nerviosa carrera de una reelección que es, a todas luces, una meta segura. La respuesta es el poder. La pugna feroz que se da en los mayores habitáculos del poder por desplazar a sectores más o menos pingüinos del lugar que hoy ocupan, y así ganar capacidad de influencia sobre lo que emana como políticas desde la cabeza del gobierno. En el corto plazo, no aparecen riesgos de cambios drásticos en la economía, en las políticas sociales ni en el rumbo general del gobierno, aunque sí es mayor el riesgo de entrar en una zona de turbulencias definida por la natural incapacidad de una gestión heliocéntrica de atender, al mismo tiempo, los frentes de la gestión y los de la política. Roberto Lavagna marcó el jueves pasado, en un discurso dirigido a poderosos empresarios y gente de empresas, esa disyuntiva que aparece en el horizonte cercano de la realidad argentina: el gobierno da rienda suelta a una tendencia mediocre y pueblerina que se vislumbra clara en las decisiones de funcionarios de alto rango, iluminados por visiones de un país que sólo es capaz de habitar en mentes nostalgiosas y aisladas del mundo; o Kirchner decide dar un salto cualitativo en su plan de gobierno, que lleve al país a aprovechar las fenomenales potencialidades que aún entregan la economía en crecimiento y el contexto internacional de corriente a favor. La esperanza nunca se pierde, pero la caravana de sapos que el presidente ha decidido tragarse recientemente, en nombre de objetivos como el control de la inflación (por caso, los promiscuos acercamientos y acuerdos con lo peor de la patria menemista y sindical), dan señales de que no será aquélla una opción fácil de resolver para el primer mandatario. Por necesidad o por opción, el kirchnerismo y su jefe parecen hoy encaminados a centrar todo su poder de fuego en la construcción de una alternativa de poder unilateral e indestructible, basada casi exclusivamente en acuerdos entre representantes de la sociedad política, dejando para otro momento el desafío de la construcción consensuada de un modelo de país, de crecimiento y de integración social que cristalicen la sacrificada salida de la crisis de 2001.
Los empresarios marcarán diferencias
En los últimos días, surgió una incipiente rebelión callada contra ese estilo de hacer política que la Casa Rosada despliega a diestra y siniestra. Se trata de empresarios que hasta ahora vienen callando disgustos, empalagados muchos por las altas tasas de rentabilidad que les garantiza la economía en crecimiento, pero crecientemente disgustados por el rumbo que viene tomando el costado más sensible de la economía capitalista, la de las mínimas libertades para permitir que demanda y oferta ajusten con algún grado de naturalidad. La Unión Industrial, las principales cámaras y las grandes empresas agrupadas en la AEA se disponen a lanzar algo más que una advertencia contra la política gurka del secretario de Comercio Guillermo Moreno, quien tiene prerrogativas que emanan de la Casa Rosada para avanzar sin freno contra cualquier sector industrial, de servicios o primario al que considere sensible en su cruzada contra la inflación. Es posible esperar para los próximos meses crecientes grados de discusión desde el sector empresario, que tienen decidido correr por izquierda a un gobierno que habla desde ese rincón: la gente de empresas apuntará sus cañones contra los efectos negativos que tendrá para el crecimiento, la búsqueda de la igualdad y la lucha contra el desempleo el sostenimiento de una política de manipulación artificial de los precios, del control de la oferta y restricciones al comercio internacional.
|