Considero a las llamadas conquistas en América, como el salvajismo desatado de los "civilizados". No existe nada tan vil y repugnante como el asalto a la inocencia, a la vida, a la libertad, a los derechos, mediante el exterminio de la autenticidad no coincidente con nuestro "desarrollo". Operación de cernícalos, latrocinio no superado, apañado por principios idealizados de "los mejores", envueltos en harapos almidonados de religión (si bien muchos curas evitaron más carnicerías). Liquidar la barbarie, el paganismo, salvar a esa pobre gente... Salvarla, ¿de qué? Hipocresía sin parangón en la historia de los genocidios. Lo importante era enriquecerse. Toda otra argumentación es teatro diferido.
En su Historia de las Indias, Fray Bartolomé de las Casas nos ha legado un abundante y "estirado" testimonio. A los noventa años criticó en su testamento, una vez más, a sus compatriotas por su crueldad e injusticia. Llamó a los nativos "poseedores y propietarios de aquellos reinos y tierra. (...) Creo que por estas impías y celerosas e ignominiosas obras, tan injustas, tiránicas y barbáricamente hechas en ellas y contra ellas, Dios ha de derramar sobre España su furor e ira".
Hoy en día los medios han cambiado; no así los fines. Nuestro soberano, por gracias de Dios, es USA. La soberbia, la codicia y el número de seres humanos masacrados evidencian una afinidad aterradora con lo anterior. En cuanto a la servidumbre, los esclavos del presente que ignoran su estado se muestran cerebralmente encandilados y no se oponen a entregar su dignidad a los vientos. ¿Cambiaremos un día el texto del Himno por "Oíd el silencio de irrompibles cadenas"?
Carlos Catania