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Opinión
Edición del Miércoles 31 de mayo de 2006
Bondades del ejercicio físico
Por Miguel Ángel Bravo (*)

El comienzo del siglo XXI encuentra a la sociedad argentina inmersa en una serie de situaciones demasiado conflictivas. Todo este crítico panorama repercute alterando la salud de sus habitantes. Infartos de corazón, asma bronquial, dolores de cabeza (cefaleas), trastornos del sueño, enfermedades de la piel, dolores de nuca, mareos, temblores, aumento desmedido de grasas en sangre y enfermedades cerebrales son sus manifestaciones más frecuentes.

Frente a esta problemática social, contamos con valiosos medios que de alguna manera puedan enfrentar estas difíciles situaciones, mejorando sustancialmente la calidad de vida de la población. Dentro de los mismos la realización de ejercicio físico, preferentemente del tipo aeróbico, previos exámenes médicos habilitantes, brinda una serie de beneficios significativos para la salud.

Dentro de la actividad aeróbica, destacamos: caminar y/o trotar, nadar o el uso de bicicleta, como mínimo tres veces por semana, en un lapso no inferior a 30 minutos.

En cuanto a mortalidad en nuestro país, las enfermedades cardiovasculares ocupan el primer lugar. El corazón necesita gran cantidad de oxígeno y nutrientes para su normal funcionamiento. El ejercicio físico lo tonifica y fortalece al aportarle mayor cantidad de los citados elementos, evitando su deterioro prematuro.

Debido a numerosas situaciones tales como estrés (tensión psicológica y social anormal), aumento exagerado de grasas en sangre, presencia de diabetes, consumo de tabaco, presión arterial elevada (hipertensión arterial) y obesidad, generarían lo que se denomina aterosclerosis, que consiste en el endurecimiento y acumulación de grasa en el interior de sus arterias, con el riesgo potencial de obstruir el flujo sanguíneo y producir el temible infarto (muerte de células cardíacas), en innumerables casos, fatal.

Respecto de la presión arterial, nuestro país tiene el triste privilegio de contar con una población con índices elevados de hipertensos, de cada 10 argentinos 3 la padecen, muchos de ellos ignorándolo. Debido a que en variadas situaciones cursa sin ningún tipo de manifestación se la denomina con buen criterio "la asesina silenciosa". El ejercicio físico colabora al descenso gradual de la presión arterial, en sus dos versiones, máxima y mínima, siendo en casos considerables el único medio para hacerle frente a esta enfermedad, prescindiendo de otras alternativas como pueden ser los medicamentos.

El ejercicio físico posibilita mayor aprovechamiento por parte del aparato respiratorio del oxígeno ambiental, además de eliminar gases tóxicos, obteniéndose como resultado una cierta purificación del organismo en general.

En cuanto a los músculos que participan en la respiración, mejora notoriamente su funcionamiento.

La obesidad definida como la acumulación anormal o excesiva de tejido graso, es en la actualidad la enfermedad nutricional más frecuente, considerada un factor de riesgo independiente generador de enfermedades del corazón.

En la Argentina, datos recientes muestran que más del 50% de sus habitantes sufre de esta enfermedad, al punto de convertirla en un problema prioritario de Salud Pública.

El ejercicio físico participa activamente en el tratamiento de la obesidad, al favorecer el gasto de calorías, que redundaría en pérdida de tejido adiposo, con mejoramiento de la actividad de músculos y huesos.

La diabetes, caracterizada como enfermedad con altos niveles en sangre de una sustancia denominada glucosa (variedad de azúcar) es una patología que afecta preponderantemente al sentido de la vista, culminando en muchos casos con la pérdida definitiva de la visión (ceguera), también involucra a los riñones y en numerosos casos a los miembros inferiores ("pie del diabético"), complicación muy seria que puede determinar amputación de algún elemento de los mismos.

Además de todo lo especificado hasta el momento, es considerado un factor de riesgo primordial para enfermar al corazón.

El ejercicio físico disminuye la cantidad de glucosa en la sangre, protegiendo de esta manera al organismo de padecer las afecciones antes mencionadas.

Los triglicéridos, variedad lipídica, en casos de encontrarse elevados en sangre, pueden llegar a cumplir un rol significativo en cuanto a la formación de aterosclerosis y obstrucción arterial. El ejercicio físico protege al organismo humano al disminuir el colesterol malo y triglicéridos, además de producir un aumento en los niveles del colesterol bueno.

Investigaciones científicas realizadas en los últimos años, llegaron a la conclusión de que el ejercicio físico contribuye positivamente junto a programas educacionales y de apoyo psicológico al cese del hábito de fumar.

La osteoporosis que consiste en la fragilidad progresiva de los huesos, tiene la particularidad de atacar a ambos sexos, preferentemente al femenino cuando deja de menstruar (menopausia). Dentro de las medidas generales para combatir esta afección, se encuentra el ejercicio físico, que realizado correctamente y bajo supervisión médica, puede fortalecer notoriamente al tejido óseo.

Los últimos estudios acerca de esta problemática, nos aclaran que las mujeres mayores de 50 años que caminan más de 3 horas por semana tienen un riesgo de fractura de cadera significativamente menor que las sedentarias.

Se ha demostrado que la actividad física juega un rol importante en lo atinente a salud mental, a destacar: produce sensación de bienestar general, placer y tranquilidad. Mejora los estados de ansiedad patológica. Disminuye los efectos de la tensión nerviosa exagerada. Combate los fenómenos de depresión, favorece el sueño nocturno (en personas con insomnio). Produce relajación muscular, en aquellos individuos con contracturas musculares de origen nervioso.

Se ha comprobado a través de numerosas investigaciones realizadas, que el ejercicio físico actuaría preventivamente sobre ciertos tipos de cáncer, especialmente de mama y de intestino grueso (colon).

Informes recientes, nos comunican que el ejercicio físico practicado en forma moderada o intensa durante 45 minutos, 5 veces a la semana como mínimo, podría reducir el riesgo de padecer tumores malignos de riñón, útero y esófago.

(*) Ex Asistente. Fundación Favaloro . Buenos Aires.- Ex docente Universidad Nacional de Córdoba. Ex docente. Universidad Nacional de Rosario. Miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología. Adscripto al Comité del Deporte, capital federal.



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