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Opinión
Edición del Miércoles 31 de mayo de 2006
Liceos militares, IV

Señdores directores: Alrededor de veinte años fui profesor de matemática del Liceo Militar Gral. Belgrano, a partir de su fundación. Ello me da fuerza para comentar el chiste trágico de modificar su estructura para transformarlo en un colegio secundario común, que es lo trascendido periodísticamente. Las razones esgrimidas estarían radicadas en factores económicos e ideológicos. Por estos últimos ganaría un seguro diploma de ridiculez. Nunca supe que el ejercicio de tomar un fuerte enemigo se hiciera a los gritos de muera el nazismo; ni al tomar una loma enemiga -siempre en ejercicios militares- se lo hiciera con alaridos de viva el comunismo. La razón es -aquí- un argumento ideológico de espantapájaros. Absurda. Por otra parte, las asignaturas "ideológicas" son exactamente las mismas de los bachilleratos comunes. Son los mismos programas.

En cuanto al factor económico siempre creí que el Ministerio de Educación de la Nación solventaba los sueldos de la parte docente, en su totalidad. De manera que los costos adicionales eran los propios de un internado común.

Siempre repetía: veinte liceos militares en todo el país lo hacen más fuerte, más sano, más justo, más patriótico. Pero que sean gratuitos. Que los exámenes sean escritos, y que la conscripción obligatoria tenga salida laboral. Estos principios los mantengo. Siempre, buscando la excelencia de una patria posible y cualitativamente mejorada.

Para la vida interior de los cadetes, puedo señalar, entre otros, algunos beneficios educativos que no son de orden general, o secundario: a) Una hora diaria de gimnasia y deportes que les daba salud en la mejor etapa de la vida, b) Baño diario; c) Clases de asistencia obligatoria, sin posibilidad de ausencias o rabonas ordinarias; d) Asistencia de salud; e) Manejo del tiempo con decisión y con carácter, desde las horas fijadas para el estudio que no podían desplazar ni perder hasta la guardia nocturna que le quitaba una hora de sueño; f) El respeto permanente hacia una jerarquía natural; g) Cuidado de la presentación y aliño personal; h) Crear y acrecer el amor a la patria; i) Formar diariamente con la canción Aurora y romper filas con disciplinado orden, entre tantas otras cosas.

En general, entraban niños al Liceo Militar y salían jóvenes sanos, cultos, argentinos. Formados en el concepto del deber y de la aspiración a progresar en base al esfuerzo personal. Los padres guardaban alguna lágrima en su inicio y mostraban, al final, la alegría de un hijo prolijamente educado, capaz, empeñoso, inteligente, moral.

No sería extraño que lo clausuraran o desnivelaran. Son oscuros lunares de algunos gobernantes, de algunos legisladores y de algún grupo de nefastos envidiosos.

A veces, el camino de la calidad no triunfa. Y ya nos estamos olvidando de San Martín, Belgrano, Houssay, Estanislao López, Esteban Maradona, René Favaloro...

Rubén Elbio Battión





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Miércoles 31 de mayo de 2006

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