Mete la cola en la casa y la daga le da al diablo
| |
Después de una prolongada persecución, tras no pocos ruegos y amenazas, el escritor y compañero de trabajo Enrique Manuel Butti accedió a una entrevista, disparada por el galardón que obtuvo del Fondo Nacional de las Artes: el primer premio en el género cuento.
Aceptó, finalmente, haciendo gala de una falsa modestia, manifestada en los ropajes con que aparece emperifollado para la fotografía: rutilantes bombachas bordadas con rosetones, chaleco boliviano -que Morales envidiaría-, camisa Ah� Po'i multicolor. Antes de lo que él llama "someterse" a la grabación, exige que no se toque una larga lista de temas, precisamente todos los que constituían el cuestionario, y aunque al final queda acorralado con algunas de las cuestiones previstas, la entrevistadora se excusa por la impuesta banalidad de las preguntas.
-Un escritor, �debe preocuparse por conquistar un estilo propio?
-Todo lo contrario; si no me equivoco (y, a juzgar por las entronizaciones literarias actuales, sí, me equivoco), lo que debe preocuparle al escritor es tratar de escapar de sus límites o, por lo menos, tratar de cavarse túneles, fosos, pozos, ir más allá. De todos modos, al final siempre estará signado por esa fatalidad que llamamos estilo, pero, por lo menos, habrá construido un universo algo mayor que el recintado de un gallinero en el fondo del patio.
Nuestra época canta loas a los escritores cuyos textos permiten aplicar cuadros sinópticos y sociolécticas semiolecturas ideofácticas, es decir, escritores bien pautados y de senderitos asfaltados, cuando no de bien señalizadas autopistas. A la alternativa la constituyen los autores versátiles que, merced a su vagabundeo, han dilatado los alcances y la amplitud de su estilo, autores preocupados no por estampar su firma en cada línea de sus libros, sino arrebatados por saltos mortales siempre más allá.
Pensemos en Borges, cuyo estilo nos parece tan reconocible y único, pero (o porque) fue capaz de espaciar de las letras de tango a los cuentos fantásticos, de los tankas a los poemas narrativos. En realidad, él se desesperó por escapar de sus repeticiones, hasta el último libro de su vida se revolcó por sacarse su bautismo de tigres, laberintos y cuchilleros. Y lo mismo sucede con dos autores clave, indiscutibles patronos de la literatura moderna: Gustave Flaubert y Henry James. Ahora, extrañamente, los dos han sido malinterpretados como autores obsesionados por problemas de estilo, cuando en verdad lo que les preocupaba era la mejor forma de practicar el salto estilístico de una novela histórica ("Salambó") a una novela cómico-enciclopédica ("Bouvard y Pécuchet") a una novela naturalista ("Madame Bovary") o, en el caso de James, pasar de un cuento de fantasmas a una novela social ("La princesa Casamassima") a una novela de psicología vampírica ("La fuente sagrada") a un melodrama amoroso ("Washington Square"), y es esa exploración lo admirable, no el humano inevitable mínimum, el inevitable común denominador al que estamos esclavizados sin salvación, como Prometeo a la piedra y al águila.
-�Cuáles son los caminos para un escritor joven "del interior"?
-Los de cualquier escritor, desde luego: caminos singulares e impredecibles. Pero entiendo que me querés preguntar qué ilusiones pueden serle plausibles a un escritor de nuestros lares. Bueno, si ansía lo que el mercado llama repercusión rápida, pues, que individualice los modelos y sepa que tiene que irse de ese "interior" nuestro. Está claro que no vivimos en los Estados Unidos ni en Brasil ni en casi todos los países de Europa, donde un artista puede soñar con su trascendencia sin que importe el rincón adonde habite. El nuestro es un país centralista como pocos y al "interior" sólo se le requiere folclore.
Bueno, y si no quiere irse, que ese aprendiz individualice a los buenos escritores vivientes de su lugar que le den ejemplos de dignidad personal y de escritura de una obra encomiable. Existen en tantos ángulos del país, pero, si quiere mirar a los cercanos, que mire a José Luis Víttori, a José Luis Pagés, a Kiwi, y sigue y sigue, la lista es larga, tiene para elegir.
Por otro lado, no hay que engañarse. He conocido a Arnaldo Calveyra, un gran escritor entrerriano que vive en París, pero enclaustrado en su departamento. Y también soy amigo de unas escritoras locales, que no sé si querrán que las nombre, que saben danzar más que si fueran famosas estrellas del olimpo de Scott Fitzgerald y Gertrude Stein.
Sea donde esté ("donde estea", sería correcto decir) el escritor, dado que crear de la nada lo hace sentir un dios, debe estamparse en todos los vericuetos y ventrículos del alma aquella admonición de Ezra Pound: "Depón tu vanidad, deponla, te digo".
-�Cuál es el principal enemigo del escritor?
-Para el escritor joven hay enemigos que realmente pueden ser fatales, si después del perdonable arrebato en la edad del pavo y del fanatismo de la juvenilia no se despega de la credulidad y adherencia incondicional y perenne a cátedras, escuelitas, doctrinas, capillas con sus cánones presuntamente transgresores, afirmados sobre poderes mediáticos o académicos, hasta económicos. Una debilidad muy humana le puede hacer creer que, si adhiere a tal canon se le garantiza su inclusión en el mismo, a veces, con anticipos que le sustentan tal creencia. En literatura, el parricidio suele ser impostergable.
El principal enemigo del escritor es la resistencia a un principio inherente a este oficio, resistirse a un principio claro como el agua: que el escritor trabaja en y para la soledad.
Mire, los enemigos del escritor cambian día a día. Si es medio paranoico, además, cambian de hora en hora. Usted, por ejemplo, colega entrevistadora, adivino por su cara que está buscando cualquier resquicio para "tomarme pa'l churrete". Quiere vengarse porque muchas veces ha sido objeto de bromas que me adjudica, cuya autoría yo no voy a rebajarme en admitir o negar públicamente, a pesar de que es humillante que me crea capaz de pegarle con cinta engomada un pedazo de queso roquefort debajo del escritorio, o de robarle unas flores de morondanga, o de fingir que se le ha borrado la entrevista con el gobernador. �No se da cuenta de que con tales cargos la que se expone es usted y no yo?
ANA LAURA FERTONANI