Cuento una intimidad y le pido disculpas a Mario Sciacqua por hacerlo. Lunes posterior al partido con Argentinos Juniors. Me encontré providencialmente con él. Estaba derrumbado. "Siento que me jugaba la vida en estos dos partidos y que si los ganaba...", empezó diciendo. Y se desahogó. Lo dejé hablar. Tuve la sensación de que quería hacerlo, que se quería sacar todo lo que tenía adentro después de esas dos derrotas ante San Lorenzo y Argentinos por la mínima diferencia. Mi impresión es que Marito Siacqua sentía que su tren había pasado... Sólo atiné a decirle que no bajara los brazos, que tenía toda la vida por delante para llegar adonde quería.
Un mes y medio después, las cosas se acomodaron para él. Toresani, un tipo que se codeó con lo mejor del fútbol argentino como jugador y que conocerá a tantos "famosos", pensó en la gente de acá. Respetó un primer código: el de "bancar" a los que lo habían acompañado a San Juan (Pancaldo y Orbea). Y sumó a los dos que todos suponían que debía sumar (Sciacqua y Recalde).
Todo llega. Ayer, charlando con alguien que tiene mucho que ver en esta conducción de Lerche, escuché una frase bárbara: "hay que arreglar bien con Marito, porque es un tipo valiosísimo".
Nadie regala nada en el fútbol. Y si Sciacqua vuelve a estar ahí, en el centro de la escena junto al "Huevo", es porque así debe ser. Ni más ni menos.