| Con la reedición de sus obras vuelve a la carga Michel Tournier
(Télam) "El rey de los alisos", novela con la que el escritor francés Michel Tournier obtuvo el Premio Goncourt en 1970 y lanzó al estrellato a uno de los mejores exponentes de la literatura francesa contemporánea, acaba de ser reeditada en la Argentina en forma conjunta con su libro de relatos "El urogallo". Tournier, parisino nacido en 1924, obtuvo el gran premio de novela de la Academia francesa por "Viernes o los limbos del Pacífico" y el Goncourt por "El rey de los alisos". Y debe estos reconocimientos y otros más a un trabajo modestísimo y ambicioso a la vez que consiste en ofrecer a los lectores una selección de imágenes de ineludible raíz mítica. Sus obsesiones reaparecen una y otra vez: el paraíso perdido, el mundo idílico, rosado y tenue de lo femenino frente a la dureza agreste de lo masculino, la naturaleza virgen y la inocencia ya nunca recuperada. La narrativa de Tournier, cuya obra ha comenzado a reeditar en la Argentina el sello Alfaguara, constituye una amplia reflexión sobre el poder de la fascinación: el escritor se vale de la literatura para escribir sobre filosofía, esencialmente, y también sobre antropología y semiótica. El autor se manifiesta como un admirador de los mitos y como un iconoclasta que goza con invertirlos o deformarlos hasta que consigue un producto original. Así sucede en "Gaspar, Melchor y Baltasar", "Los meteoros" -sobre el mito de los gemelos- o "El urogallo". Tournier se hizo conocido a partir de "Viernes o los limbos del Pacífico" (1967), obra que reconstruye el mito de Robinson Crusoe, tantas veces retomado en la historia de la literatura, pero nunca seguido con tanta fidelidad ni revisado con tanta perspicacia como lo hace este escritor francés. Su habilidad consiste en abrir una nueva dimensión, vibrante y desencantada, en el mito de Robinson desde la mirada de Viernes, el indígena salvado por Robinson de la bárbara muerte y, también, de la oscura ignorancia y la primitiva condición de salvaje. A lo largo de su obra, Tournier añade a la pasión literaria la de la fotografía: se ocupa de ello como fotógrafo, como autor de textos para libros de fotografías y como pensador que se interroga sobre los poderes y los peligros de la imagen. El poder de la imagen está representado hoy por la televisión, sus anuncios y sus películas. Sobre este último aspecto de la imagen trata su novela "La gota de oro", que narra la historia de un pastor bereber de quince años, cuya vida se tuerce cuando una joven francesa le toma una fotografía en su oasis, al noroeste del Sahara. El joven peregrina luego hasta el barrio árabe de "La gota de oro", en París, y sufre allí penalidades que refieren amargamente una tiranía de Occidente: el culto a las imágenes. En "El rey de los alisos", que acaba de llegar a las librerías argentinas, Tournier narra la historia de Abel Tiffauges, un extraño prisionero francés en la Alemania del III Reich, mezcla de ogro depredador y adolescente perverso, que se siente predestinado para llevar a cabo una misión en Prusia, cuna legendaria de la nación alemana. El celebrado autor de "Medianoche de amor" exhibe en esta obra lo más oculto, tierno y enfermizo del ser humano, siempre en busca de significados, ritos y señales que lo guíen y rediman de su condición de ser para la muerte. En forma conjunta se acaba de reeditar también "El urogallo", un volumen de 14 cuentos en el que se reúnen los dos intereses principales de Tournier: los mitos y un tratamiento accesible a los lectores más jóvenes. El relato "La familia Adán", por ejemplo, se refiere a la historia sagrada, una fuente muy apreciada por Tournier: en él recupera la figura de Caín como modelo positivo, además de especular acerca de la condición de lo masculino y lo femenino. Por su parte en "Mamá Noel" logra que una corriente y anodina pugna entre creyentes y ateos de un pueblecito desemboque en una imagen paralizadora: Mamá Noel amamanta en el pesebre al niño Jesús. Otros cuentos dan vida a la figura de un ogro bondadoso y ecologista, que se asemeja a un marginado al que se le persigue implacablemente. O la figura de un enano que llega a descubrir en sí la personalidad de un superhombre, con la determinante intervención de los niños. En suma, la ternura de las historias no rehúye el principio de realidad con sus atisbos de crueldad y dolor. Por otra parte, la recreación de estos mitos en su narativa despierta un interés renovado por esas fuentes tradicionales: no en vano Tournier ha sembrado en sus páginas un magnetismo oscuro, mítico y aleccionador. |
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