En otra época, si un país enviaba a otro a Larry de Clay, Fierita y Marley al mismo tiempo, solamente podía esperarse una declaración de guerra. La Monita (Natalia Oreiro), en cambio, pudo ser un mensaje de paz, aunque su paso por Alemania solamente duró dos días de "Sos mi vida", lo suficiente como para encontrar a su novio Quique (Carlos Belloso), que había sido despojado de sus pertenencias cuando llegó al Mundial. La chica del conventillo viajó en el jet particular de Martín Quesada (Facundo Arana), con quien compartió la alegría de la goleada argentina a Serbia y Montenegro, gracias a una llamada personal del empresario a Grondona, que le consiguió las entradas a la cancha.
Como la tira, se sabe, es en gran parte una sucesión de sketchs casi independientes, era más interesante lo que se desarrollaba en Buenos Aires, con la boda suspendida de Constanza y Quesada, y la Turca (Mónica Ayos) desflorando a uno de los hermanitos adoptivos de Quesada, en una acción tan limpia como la de comerse un bocadito de dulce de leche. En Alemania, con menos suerte de alcoba, la Monita y Martín debieron compartir el lecho del hotel con Quique, el otro miembro del inexplicable triángulo amoroso.
La breve visita apenas había consistido en explosiones de romanticismo, paseos turísticos y el partido, siempre tonteando con o sin famosos, inofensivamente.
Aunque esta embajada argentina, es decir Oreiro, Arana y Belloso, pudiera haber provocado cierta incomodidad a los compatriotas -aunque ella sea uruguaya y simpatizante de Rampla Juniors- por sus exhibiciones algo pavotas, existen otros representantes del país que provocan vergüenza.
El carnaval montado por Marcelo Tinelli habría costado un millón de euros, según su enemigo Pergolini, quien lo dijo a cámara sin utilizar la intermediación de sus cucarachas: la estupidez tiene precio, y es de los más caros. Para colmo, la inversión no ha resultado rentable, ya que el rating de "ShowMatch" bajó de los 20 puntos y es superado por "Montecristo", un personaje de siglo XIX.
La situación es tan alarmante como para que a Tinelli le resulte conveniente la eliminación de Argentina, para regresar a Buenos Aires, evitar más gastos y reorganizar la tropa en torno de "Bailando por un sueño, parte II", que ya está listo para su lanzamiento.
Desde un pequeño estudio sin parentesco con los escenarios monumentales, Tinelli ventila su envío recorriendo los pasillos, mientras presenta las procaces y agresivas performances de su cohorte en las inmediaciones de los estadios y otros espacios del monótono torneo, consagrada a burlarse de quienes no son argentinos como ellos, es decir, el resto del mundo, y en especial de los que no son hispano parlantes. Entre otras expresiones de mal gusto, se puede citar la actitud del movilero riéndose de los jugadores mexicanos derrotados que, obviamente tristes, abandonaban de a uno el estadio.
Los abusos fueron criticados por Luis María Hermida en Clarín, y Tinelli se quejó en cámara por la falta de solidaridad del holding al cual se asoció a principio de temporada, en una publicitada transferencia. O Hermida dio un ejemplo de independencia periodística, o simplemente expresó la disconformidad de los propietarios por los excesos de su asociado, que no responden al perfil histórico de Canal 13. Si es cierto, en la televisión argentina sobreviviría un sentimiento parecido a la vergüenza.