Edición del Viernes 30 de junio de 2006

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FUNDACIÓN MIGUEL LILLO
75 años de auténtico orgullo nacional
La Fundación está ubicada en la ciudad de San Miguel de Tucumán y es administrada por diez personalidades de la actividad científica y cultural de ese medio, que actúan con carácter vitalicio y ad-honorem.

El patrimonio cultural argentino posee, dentro del estudio, la investigación y conservación de las ciencias naturales y el medio ambiente, instituciones de la envergadura de la Fundación Miguel Lillo que, tras una acción permanente y coordinada en sus más amplias proyecciones, constituyen un orgullo para el mundo del conocimiento.

Nacida como consecuencia del legado con cargo del sabio y filántropo Dr. Miguel Lillo, aceptado por el Estado Nacional y por el Congreso, la Fundación -ubicada en la ciudad de San Miguel de Tucumán- está administrada desde su origen por diez personalidades de la actividad científica y cultural de ese medio, quienes actúan con carácter vitalicio y ad-honorem. La investigación científica centraliza no sólo los objetivos, sino aún la conformación de la Fundación como eje educativo. Pero también figuran en sus postulados de acción, la concientización para la preservación de la fauna, flora, gea y biodiversidad del Noroeste argentino y países limítrofes. La elaboración de estudios de base para la creación de parques y reservas. La formación de investigadores jóvenes en laboratorios e institutos y la amplia formulación de docencia de especialidad superior.

Así, 230 investigadores y técnicos altamente capacitados desarrollan estudios de áreas de Zoología, Botánica, Biología, Control Biológico de Organismos Nocivos y Bacteriología, puras y aplicadas, en 16 institutos propios de la Fundación. Existen convenios con el Conicet (hay 106 investigadores y becarios de la Universidad Nacional de Tucumán, que gracias a intercambios con este organismo y otros del exterior, revistan en Lillo). Este número, sumado a estudiantes de Ciencias Naturales de la U.N.T., que desarrollan sus proyectos de tesis de licenciatura y doctorado en dichas dependencias, así como 98 empleados que cumplen tareas permanentes relacionadas con el mantenimiento de colecciones, biblioteca, centro de datos, imprenta, administración y servicios generales, conforman un universo humano de más de medio millar.

Las humanidades participan también de esta acción, específicamente a través del Centro Cultural Alberto Rougés: faro artístico desde el que se proyectan múltiples actividades desde Tucumán a todo el noroeste, y se incentivan y estimulan procesos creativos de generaciones jóvenes e intermedias.

Cuerpo y áreas específicas de la Fundación

El edificio del Lillo es un complejo de 25.000 m2. cubiertos, entre parques y senderos que bordean las diversas construcciones. Constituye, en sí, un centro de excelencia en que cada equipo, interdisciplinariamente, desarrolla sus tareas y promueve nuevos objetivos a cumplir en el mediano y largo plazo. La calificada producción científica de sus investigadores y pasantes de numerosos países de todo el mundo, es periódicamente dada a conocer por las publicaciones de la Fundación, tanto como a través de la prensa especializada internacional y otros centros académicos con los que están conectados. Y este nivel jerárquico de sus contribuciones, ha merecido reiterados reconocimientos y distinciones en el país y el extranjero: Medalla Humboldt del Gobierno de Alemania, Premio Konex de Platino, Premio Magnus, Medalla de Oro de la Academia Nacional de Agronomía, Medalla de la Academia Nacional de Derecho por su constante lucha por la defensa de la Naturaleza, etc..

En este último aspecto, y en lo que hace a la conservación de la Naturaleza en Iberoamérica, su personal ha participado activamente en la Reserva Fiscal de La Florida (Tucumán), establecida en 1935; la Reserva de Flora y Fauna Autóctonas de Olaroz (Jujuy) para la protección de vicuñas; el proyecto de Parque Nacional de Aconquija; el proyecto de Parque Nacional en la región del Volcán Ojos del Salado; estudios sobre los Parques de Calilegua y Baritú, etcétera. El permanente asesoramiento en proyectos de protección de la Cuenca Amazónica (área que incluye 9 países), parques nacionales y reservas de Bolivia y Brasil, etcétera, se suman a otras acciones comunes con organismos proteccionistas internacionales de los EE.UU. y Europa.

Las colecciones científicas de la Fundación, cuya importancia y calidad ha sido puesta de relieve a nivel mundial como Patrones Internacionales de Comparación, incluye alrededor de 3 millones de ejemplares de plantas y animales, tanto actuales como fósiles. Un monumental museo, abierto a la curiosidad tanto del público en general como de estudiosos. El informe Global Biodiversity, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la incluye entre las cinco más importantes de América Latina.

Asimismo, es necesario destacar que el Centro de Información Geo-Biológico del Noroeste Argentino, de esta Fundación, incluye una de las bibliotecas más importantes del país, con 129.000 volúmenes. Por otro lado, el centro editorial publica tres revistas científicas: Lilloa, Acta zoológica lilloana y Acta geológica lillioana, así como las series Opera lillioana, Misceláneas y Conservación de la Naturaleza.

Párrafo aparte, entre otros libros, para el orgullo máximo de la Fundación Lillo: los excepcionales Genera et Species Animalium Argentinorum y Genera et Species Plantarium Argentinorum, de gran formato y profusamente ilustrados. La Unesco consideró estas obras como las más importantes contribuciones efectuadas en el siglo XX al conocimiento mundial.

Ejemplaridad y resonancias de la acción

Mirando hacia atrás, en la realidad de la celebración de sus primeros e intensísimos 75 años de vida, la Fundación Lillo de Tucumán, Argentina, reconoce un camino permanentemente jalonado tanto por el éxito cuanto por el rigor de sus emprendimientos.

La integración regional, ha marcado a través de la misma un papel muy activo en la formación del Grupo de Empresarios Interregional del Centro Oeste Sudamericano (Geicos), que desde el año 1974 se anticipó a las políticas en la materia, agrupando a las cámaras de empresarios de Paraguay, Bolivia, Perú, Chile y Argentina. Como lo destacara el informe BID-Intal, de 1980, el Geicos ha contribuido enormemente al conocimiento mutuo de cada uno de los países que lo componen, contribuyendo a la integración americana.

Los reyes de España y de Suecia han destacado la jerarquía científica de la Fundación Lillo con puntuales reconocimientos. El Papa Juan Pablo II, Academias y Universidades de Ciencias de todo el mundo, han puesto asimismo de relieve la fundamentalidad de sus propuestas investigativas y proteccionistas.

El Dr. Jorge Luis Rougés es presidente de la Comisión Asesora Vitalicia, en una continuidad honrosa de la labor que por décadas cumpliera su padre. Y a más del Consejo de Administración, el organismo posee Miembros de Honor, entre los que figuran los Premios Nobel Bernardo Houssay, Luis F. Leloir y Octavio Paz, René Favaloro, Bonifacio del Carril, Bartomé de Vedia, Clorindo Testa, Víctor Massuh, Alfredo Casares, Amancio Williams, Basilio Uribe, Carlos Gelly y Obes, Bartolomé Mitre, en el país.

Toda una continuidad honrosa tras los pasos del sabio Miguel Lillo (1862-1930), quien a más de descubrir con paciencia 500 nuevas especies para incorporarlas a la nomenclatura mundial, marcó rumbos, visionariamente, en pro de la proyección de las ciencias naturales en el país, el continente y el mundo.

(*) Miembro de Honor de la Fundación Miguel Lillo

J. M. Taverna Irigoyen (*)





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