La jornada inaugural del Súper 4
Con el afecto a flor de piel
Más de 5.000 personas otorgaron el marco para una presentación histórica de la "Generación Dorada" en nuestra capital.
César Miño
La imagen final bien puede ser tomada como fiel reflejo de la simbiosis que existió entre la multitud que desbordó el estadio Angel P. Malvicino y los protagonistas de un espectáculo sin precedentes en la ciudad de Santa Fe. Es que ese saludo final en el centro del impecable rectángulo de juego de los integrantes del Seleccionado Argentino de Básquetbol, agradeciendo el afecto y reconocimiento recibido de parte de las más de 5.000 personas presentes, reúne la esencia de la primera jornada. La que todos aseveran tendrá su continuidad hoy, en un contexto similar, en el cierre del atrapante Súper 4. Y más aún, tratándose de una definición entre argentinos y brasileños, lo que por sí solo genera sensaciones especialmente palpitables en esta parte del sudcontinente.
En otra dimensión
Después de esperar más de tres horas (porque el escenario virtualmente se cubrió mucho antes del comienzo del primer partido), los espectadores se prepararon para extasiarse con la jerarquía de un plantel que en unos pocos minutos de juego, refrendó su jerarquía y se encargó de liquidar un pleito que - a priori- se avizoraba complicado. Lo que a simple vista puede resultar demasiado sencillo -sobre todo para quien no tuvo ocasión de observar el partido- no hace más que reflejar la realidad. Porque Argentina venció por casi cuarenta puntos de diferencia al buen elenco venezolano, aferrándose a una serie de virtudes propias de un equipo al que siempre le sienta bien el rol de candidato a lo máximo. Entonces, el sapiente público santafesino que había aguardado pacientemente la llegada del cenit de la noche, tuvo su recompensa y supo cómo y cuándo retribuírla. Porque amén de la explosión de júbilo y admiración que provocó la salida de todos y cada uno de los integrantes de las huestes de Sergio Hernández -con un énfasis especial hacia Emanuel Ginóbili, Andrés Nocioni y Carlos Delfino-, los espectadores poseyeron la sabiduría de reconocer los puntos más altos de la actuación albiceleste. No solamente los atildados movimientos ofensivos -que generalmente descubren hasta los menos entendidos-; sino también el notable compromiso defensivo puesto de manifiesto en el grueso del partido, lo que por momentos se erigió en una muralla infranqueable para los caribeños. Inclusive, este último ítem hizo posible que en reiteradas ocasiones, se pergeñaran acciones "de costa a costa", las que también se llevaron buena parte de los mejores aplausos de la noche.
Nadie quedó exento
Si bien el reconocimiento privilegió las cuestiones colectivas -aspecto fundamental en todo deporte de conjunto- el público se deleitó con las actuaciones más destacadas de la noche. Como la excelente producción de Luis Scola, que no solo lució infalible (marcó 25 puntos), sino que junto a Nocioni y Oberto se adueñaron del juego aéreo. También "paladeó" las incursiones de Manu Ginóbili, que lejos de su real dimensión, mostró el compromiso de siempre y algunos destellos de su calidad y fortaleza. Por supuesto, hubo múltiples aplausos para la naturalidad de Carlos Delfino, que en los escasos minutos de juego, mostró su condición para ejecutar hasta la jugada más excelsa, de manera sencilla y efectiva. Tampoco se olvidó "el soberano" de apoyar a Walter Herrmann, aún desde el error; o a los "novatos" del plantel, como Juan Gutiérrez, Pablo Prigioni y Hernán Jasen.
El preludio
Estoicamente, pese a la gélida sensación térmica imperante, desde mucho antes, gran parte de los poseedores de tickets populares aguardaron el momento en que se abrieron las puertas del estadio. Por ende, no extrañó demasiado que más de una hora antes del primer partido, las tribunas lucieran prácticamente colmadas. El ambiente se fue preparando de a poco. Primero, con la habituales chanzas hacia el plantel brasileño, producto de la clásica rivalidad, que obviamente se mantuvo a lo largo del match inaugural, sobre todo a la hora de los lanzamiento de tiros libres. Sin embargo, tras un deslucido y errático comienzo, bastó que los "verde-amarelhos" elaboraran las primeras acciones lucidas, para que los aplausos bajaran sin ningún tipo de "discriminación". Mientras continuaba el ingreso de espectadores, haciendo que cada centímetro del estadio se "cotizara a valor Euro", el "preliminar" no solo mejoró, sino que alcanzó un cariz que entusiasmó a quienes esperaban ansiosos por el "menú principal". Es que los Tall Blacks se las ingeniaron para complicar buena parte del tercer cuarto; y sobre manera, a escasos segundos del epílogo, se pusieron a apenas 3 tantos de diferencia. Finalmente, como era dable esperar, ganó Brasil y ambos se fueron envueltos en aplausos. Todos estaban felices, porque entonces llegaba lo mejor...
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