La platea oficial oeste del Club Atlético Colón llevará, desde este sábado y para siempre, el nombre del inmortal Italo Pedro Giménez. Está todo dicho, no hay nada más que agregar. Mañana, cuando pise su querida Santa Fe, Colón le abrirá las puertas de su casa a Carlos "Tata" Baldomir y le entregará de por vida un lugar en los palcos VIP del "Cementerio de los Elefantes" al guapísimo boxeador que es hincha sabalero y lo repite en cualquier lugar del mundo donde le toca pelear. Ayer domingo, los dirigentes hicieron emocionar hasta las lágrimas cuando, en medio de tanto superprofesionalismo del máximo nivel, le "robaron" algunos minutos al "Chapu" Nocioni, reconocido NBA que es terrible fana de la sangre y luto: le regalaron justamente una camiseta de Colón oficial enmarcada. El actual secretario técnico, Ramón Mántaras, está encargado -además de supervisar los refuerzos- de reclutar a ex jugadores gloriosos como "Poroto" Saldaño, "Cococho" Alvarez y tantos otros para que puedan ingresar gratis de ahora en más cada vez que Colón juegue como local. La semana que viene, el presidente Germán Lerche y el máximo ídolo "Bichi" Fuertes, visitarán a Milagros, la pequeña que perdió sus brazos en un accidente en las rutas argentinas para regalarle una camiseta firmada por todos los jugadores. Obvio: la chica es hincha de Colón.
No se trata de goles, ni más puntos en la tabla para el promedio o las copas, ni un poco de plata salvadora para pagarle la deuda a la Afip. Se trata, simplemente, de "Pertenencia". Son gestos, para algunos simples y para otros enormes. Por estas horas, el cafetero Francisco "Pacho" Maturana está a miles de kilómetros de Santa Fe. Se fue sin dejar una gran campaña en la tabla de posiciones. Pero dejó una huella, una idea, un mensaje. Parece que varios meses después, alguien lo entendió en Colón. No sólo como panfleto electoral sino como prédica llevada de la teoría a la realidad. Del palabrerío barato a los hechos. Después, si el equipo del "Huevo" Toresani gana, empata o pierde el sábado contra Independiente es una historia aparte. Porque una cosa no quita la otra. Y era hora de que Colón lo entienda.