El conflicto sin solución en Medio Oriente
Israel descarta alto el fuego inmediato
Los beirutíes aprovecharon las 48 horas de suspensión de los ataques israelíes para recuperar parte de sus pertenencias de sus destruidas viviendas. Foto: AGENCIA AFP. 

El gobierno israelí alertó que la suspensión durante 48 horas de sus bombardeos aéreos contra Líbano no significa el fin de la guerra y anunció que intensificará sus ataques contra Hezbolá.

AFP-EFE-Télam

La aviación israelí atacó hoy un comando de Hezbolá en Líbano acogiéndose a una de las cláusulas de la suspensión de sus bombardeos aéreos durante 48 horas, decretada bajo presión estadounidense tras la matanza de Cana, pero advirtió que no habrá un alto el fuego "inmediato".

Matiz éste que contrasta con el moderado optimismo de la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, quien esta mañana, al partir de Jerusalén, se declaró convencida de que esta semana es posible lograr "un alto el fuego urgente" y una "solución duradera".

Aunque el ejército hebreo prosiga sus operaciones contra la milicia chiita libanesa de Hezbolá en el sur de Líbano, la suspensión de sus ataques aéreos generalizados durante 48 horas, por primera vez desde el comienzo de la contienda bélica, el pasado 12 de julio, da una oportunidad a la diplomacia para detener la máquina de la guerra.

A raíz de la muerte ayer de por lo menos 57 civiles, de los cuales 37 eran niños, en un bombardeo israelí sobre la sureña localidad libanesa de Cana, "todas las operaciones aéreas fueron suspendidas en todo Líbano, en particular para permitir a la población del sur del país evacuar esta región", anunció una portavoz del ejército israelí.

Excepciones

La suspensión temporal de los bombardeos contempla varias excepciones: la aviación podrá atacar los comandos de Hezbolá, así como los vehículos que transporten armas desde Siria. Igualmente, apoyará a la infantería en el sur de Líbano.

En virtud de ello, la aviación israelí lanzó esta tarde ataques contra posiciones de Hezbolá en el sector de Taybeh, en el sur de Líbano, en "apoyo a las fuerzas terrestres", anunció un portavoz militar añadiendo que los aparatos "disparaban únicamente sobre zonas deshabitadas".

El sur de Líbano observaba un duelo oficial de 24 horas por la matanza de Cana mientras los aviones israelíes vigilaban desde el cielo la situación.

En tierra, varias unidades israelíes y milicianos de Hezbolá combatían a fuego por el control de una colina aledaña a la frontera. Además, un soldado libanés perdió la vida y otros tres resultaron heridos en un bombardeo naval israelí al norte del sureño puerto de Tiro.

Pese a este giro en la escalada bélica para contentar a Estados Unidos no se vislumbraba el fin de la ofensiva contra Hezbolá, desatada después de la captura de dos soldados del ejército israelí por el movimiento integrista.

Ante el Parlamento, el ministro de Defensa israelí, Amir Peretz, ha querido dejarlo muy claro al afirmar que estaba "prohibido aceptar la entrada en vigor de un alto el fuego inmediato" porque esto "traería de vuelta a los extremistas a la región" y anunció que "se extenderán las operaciones contra Hezbolá".

Apoyo a Israel

Hasta ahora Washington y Londres apoyaban al Estado hebreo en su rechazo de un alto el fuego inmediato porque en su opinión no haría más que garantizar la reanudación de la violencia en un futuro.

Si se cumplen los pronósticos de Rice la ofensiva israelí concluirá dentro de unos días. Esto está por ver ya que el sábado el primer ministro israelí, Ehud Olmert, anunció a la secretaria de Estado norteamericana, según un alto funcionario, que necesitaba todavía "entre 10 y 14 días" para lograr sus objetivos.

Unas metas que comprenden el desarme de Hezbolá y su alejamiento de la frontera para poner fin a la lluvia de 2.000 cohetes que se abatió sobre el norte de Israel desde el 12 de julio y que mató a 18 civiles y 33 militares.

Según un cálculo de la AFP, en Líbano la ofensiva israelí ha causado el escalofriante balance de 518 muertos, de los cuales 442 eran civiles, más de 800.000 desplazados y la evacuación de decenas de miles de extranjeros, además de reducir a ruinas las infraestructuras vitales de un país cuyo crecimiento económico le hacía soñar con un futuro mejor y trataba de dejar en el olvido la guerra civil que lo desangró en los años ochenta.

ONU, sin condena

En Nueva York, el Consejo de Seguridad de la ONU "lamentó la pérdida de vidas inocentes" en Cana pero se abstuvo de condenar el bombardeo debido, según fuentes diplomáticas, a la oposición de Estados Unidos.

De todas formas, la masacre de Cana ha dejado traslucir de nuevo la necesidad acuciante de un acuerdo en la ONU para detener el derramamiento de sangre.

Rice es partidaria de un plan que comprenda un alto el fuego, el establecimiento de principios que permitan una solución a largo plazo y la autorización para el despliegue de una fuerza internacional en Líbano.

Como prueba de que la diplomacia se desentumece, el ministro de Relaciones Exteriores francés, Philippe Douste-Blazy, abordaba hoy la crisis en Beirut, donde hará otro tanto el canciller iraní Manuchehr Motaki, cuyo país está acusado por Israel de "financiar" e "instigar" las actividades de Hezbolá.

Paralelamente el ejército israelí lleva a cabo desde el 28 de junio una operación en la Franja de Gaza que se ha saldado con 149 palestinos y un soldado israelí muertos.

Los beirutíes completan sus mudanzas

Los habitantes del sur de Beirut aprovecharon hoy la efímera tregua aérea de 48 horas declarada por Israel y se encaminaron a sus casas abandonadas para completar la mudanza que tres semanas atrás emprendieron a toda prisa.

El barrio sureño de Dahiyeh, el más castigado de Beirut, era y es uno de los feudos de Hezbolá, ya que los milicianos del grupo chiita controlan las entradas y salidas del barrio, piden la documentación, bloquean vehículos, registran camionetas y se comportan, armados de "walkie-talkies", como si fuera la policía.

La policía libanesa, la oficial, no se deja ver por Dahiyeh.

Hezbolá ha llegado al extremo de organizar "visitas guiadas" para los cientos de periodistas que pululan por Beirut, y si alguien pretende saltarse esta cuidada organización, sencillamente es detenido hasta que algún alto oficial del movimiento chiita da su visto bueno.

Hoy era un día de relativa calma después de que Israel anunciara ayer su "tregua aérea" de 48 horas. Por esa razón, los chiitas huidos del sur volvían a sus casas para llevarse lo que quedase de valor en ellas, convencidos de que esta guerra va para largo.

Los libaneses se quejan: "Nosotros no estamos armados, vivimos de nuestro trabajo sin meternos en líos, pero eso sí, estamos todos con Hezbolá porque son los únicos que nos protegen y nos ayudan cuando lo necesitamos".

En el barrio abundan carteles enormes con efigies de los principales líderes chiitas contemporáneos, y en uno de ellos, el jefe de Hezbolá, el jeque Hasan Nasrala, advierte: "Las armas que liberaron al país son sagradas".

Un poco más lejos, el ingeniero de telecomunicaciones Husein ha venido con su hija a cargar bolsos y maletas con sus pertenencias para volver a huir.

"Mira, este es el precio de la libertad -dice-, pero no podrán con nosotros, al final vamos a ganar. Alguien nos ayudará a volver a levantar este barrio, esta ciudad y este país, pero aunque no nos ayuden, no nos rendiremos", proclama, y su hija asiente tras él.

Hussein, como Mohamed, no hablan por complacer a nadie, pues los milicianos están lejos de allí, en los cruces de calles, controlando escrupulosamente el tráfico humano y rodado, obligando a cada visitante a identificarse cada 200 metros.

Los bombardeos pueden haber reducido a escombros Dahiyeh, pero, al menos entre los chiitas, no parece haber quebrado el apoyo al Partido de Dios.

Paz sin cese del fuego

El presidente estadounidense, George W. Bush, volvió hoy a urgir por una paz duradera en Medio Oriente, aunque no mencionó un cese el fuego, ampliamente reclamado en el ámbito internacional tras el ataque israelí contra Cana.

"Les aseguro que elaboraremos un plan en el Consejo de Seguridad que aborde el problema desde la raíz", declaró Bush. "Queremos una paz durable, una paz que sea viable", agregó al día siguiente del fatal bombardeo de Cana.