EFE-AFP-Télam
El Consejo de Seguridad de la ONU y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), así como numerosos gobiernos y pueblos se han sumado en las últimas horas a las críticas vertidas por la comunidad internacional poco después de conocerse la matanza.
Las imágenes por televisión de las víctimas de Cana han dado la vuelta al mundo y la prensa árabe recuerda tristemente que en un bombardeo israelí en esa misma ciudad libanesa murieron más de un centenar de civiles en 1996.
El Consejo de Seguridad de la ONU expresó esta madrugada su "conmoción y disgusto" por el ataque de Cana, pero fue incapaz de condenar las acciones israelíes en Líbano y llamar al alto el fuego como había pedido el secretario general, Kofi Annan.
Tras la reunión de urgencia convocada por Annan, el Consejo lamentó en una tibia declaración presidencial la pérdida de vidas inocentes y subrayó la necesidad de poner fin a la violencia.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) condenó "con firmeza los continuos ataques contra la población civil" y lamentó que "una vez más, los niños estén pagando el precio de la guerra".
La directora de Unicef, Ann Veneman, pidió en un comunicado que las partes cumplan el llamamiento realizado por Annan de poner fin inmediato a las hostilidades, así como el establecimiento de "acuerdos claros que permitan pleno acceso y realización de operaciones humanitarias".
La responsable de Unicef destacó como acciones de asistencia humanitaria urgente la reubicación de niños, heridos, discapacitados y personas mayores que no han podido escapar de la lucha en las peores zonas del conflicto, además de referirse al abastecimiento a hospitales y centros de salud, en particular en el sur de Líbano.
Las dependencias de la ONU, identificada como la comunidad internacional en el Líbano y Palestina, los dos frentes militares abiertos por Israel, fueron atacadas en Beirut y Gaza durante manifestaciones de protesta por lo sucedido en Cana.
En la capital libanesa, los empleados de las Naciones Unidas se vieron obligados a refugiarse ante la ira de los manifestantes, que causaron daños materiales importantes, en tanto que al menos cinco palestinos resultaron heridos en las violentas protestas en Gaza, donde los participantes en la marcha se enfrentaron a la policía al tratar de forzar la entrada a la sede de la ONU.
También en diferentes puntos de Israel se han llevado a cabo manifestaciones espontáneas, como la organizada anoche ante la sede del Ministerio de Defensa en Tel Aviv por militantes del pacifista Meretz, cuyos legisladores respaldan de momento la ofensiva.
En Túnez, la población se agolpa esta mañana en los centros hospitalarios para donar sangre para las víctimas de los bombardeos israelíes en Líbano, en respuesta al llamamiento del gobierno tunecino, que ha declarado tres días de luto por la matanza de Cana.
Medio millar de libaneses marcharon anoche vestidos de blanco por las calles de la capital para exigir "paz, libertad y respeto", mientras el gobierno criticaba "en los términos más enérgicos" los sucesos de Cana.
Otros países los han condenado en las últimas horas, como Irak, China, Indonesia, Venezuela y Perú, que han utilizado expresiones como "crimen", "masacre" o "acto criminal" para definir lo sucedido.
Hoy, en Jerusalén, antes de volver a Washington, la secretaria de Estado de EE.UU., Condoleezza Rice, lamentó la tragedia de Cana, una matanza que, según algunos comentaristas israelíes, puede haberle costado a Israel el apoyo incondicional de EE.UU. en su ofensiva contra Hezbolá.
La canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro británico, Tony Blair, también han coincidido en que el "trágico suceso" de Cana pone de manifiesto la "urgencia" de un alto el fuego, según un comunicado difundido hoy, mientras que para el ministro francés de Exteriores, Philippe Douste-Blazy, Cana supone un cambio "decisivo" en la crisis y "refuerza la determinación de exigir un cese inmediato de las hostilidades".
Al Manar, el canal de TV de Hezbolá que ha sido uno de los primeros blancos de la ofensiva israelí en Líbano, interrumpió su programación tan sólo dos minutos y, una vez transcurridos, dispuso sus filas en formación de combate para cubrir una guerra de la que depende su futuro.
Esta televisora, cuyo edificio de cinco plantas situado en un suburbio sureño de Beirut quedó destruido completamente por los ataques israelíes, continúa emitiendo desde un lugar secreto y sus periodistas se codean con sus colegas locales e internacionales para seguir sobre el terreno la evolución de la guerra.
Las oficinas y los estudios de Al Manar sufrieron un primer ataque el 13 de julio, en el segundo día de la guerra. "Hubo dos heridos", explica Ibrahim Farhat, de 42 años, encargado de las relaciones exteriores de la milicia chiíta libanesa.
"Nos dimos cuenta de que los israelíes volverían y hemos tomado precauciones. Por eso, cuando dos días después el edificio quedó completamente destruido, sólo resultó herida levemente una persona", afirmó.
"No hemos dejado de difundir más que dos minutos. Se garantizó inmediatamente el relevo y cuando la antena de Baalbeck (100 km al este de Beirut) fue destruida, la de Hermel, situada a 50 km más lejos, tomó el relevo", agregó.
"Hoy en día abarcamos el 80 % del territorio nacional y el 100 % de nuestra cobertura vía satélite está garantizada", especificó.
Toda la cadena se dispuso en formación de combate, suspendiendo los programas de entretenimiento, las teleseries, los juegos, como aquel en el que cada punto ganado hacía avanzar a los participantes hacia Jerusalén, donde se encontraba un bote virtual, y la publicidad, que desapareció de las pantallas, explicó.
Su colega Zeinab al-Safar, de 31 años, afirma que hace lo mismo que los demás periodistas. Esta reportera, doctora en literatura inglesa, afirma en el Hotel Phoenicia de Beirut que no ha visto a su familia desde el comienzo del conflicto pero está tranquila porque sabe que están a salvo.
"Como periodistas, no podemos actuar clandestinamente. Estamos con los demás colegas y sobre el terreno somos solidarios. No hay diferencias entre un camarógrafo de Al Manar y el de una cadena estadounidense", explica esta periodista con la cabeza cubierta por un velo islámico de color azul.
Al-Safar reconoce abiertamente que es una periodista militante.
"Pero no hay necesidad de ser militante para mostrar el horror de la guerra emprendida por Israel contra los civiles libaneses. Basta con decir la verdad", concluye.
Consternación argentina
El gobierno de Néstor Kirchner, que hoy enviará a Chipre a un representante de Cascos Blancos, expresó su "profunda consternación por el ataque" israelí sobre la localidad de Cana, en el sur de Líbano, y manifestó sus "sentidas condolencias" por la muerte de unos 57 civiles.
"El pueblo y gobierno argentinos transmiten sus sentidas condolencias al pueblo y gobierno de Líbano por la trágica muerte de estos civiles inocentes", consignó un comunicado de prensa de la Cancillería en el que, además, fue reclamada una "tregua humanitaria" y el "cese inmediato de las hostilidades".