Juan Ignacio Novak
El hecho de que una película como "16 calles" sea un producto muy notable, dentro de las limitaciones impuestas por su género, puede pensarse como el resultado casi lógico surgido del trabajo conjunto entre dos veteranos, cada uno de ellos sumamente experimentado, a estas alturas, en su oficio.
Es que por un lado, detrás de las cámaras, está el curtido Richard Donner, responsable de la popular saga de "Arma mortal" y de la "Superman" de 1978. Y por el otro, con su aplomo característico para enfrentar a los malos delante de las cámaras, se encuentra Bruce Willis, devenido en estrella desde su participación en otra popular saga de los ochenta como "Duro de matar". Dos nombres más que suficientes para elaborar una propuesta que, si bien tiene un argumento ciertamente remanido, se traduce en un entretenimiento de gran efectividad.
Willis, que al fin parece empezar a asumir su edad, que le impide ya emular las hazañas de su popular personaje John McClane, asume el rol de un policía alcohólico, depresivo y hasta inescrupuloso en su trabajo cotidiano. Una mañana como cualquier otra, le asignan una misión rutinaria y a todas luces sencilla: escoltar al testigo de un crimen a la Corte, ubicada a escasas 16 calles de su oficina, en pleno corazón neoyorquino. El viaje se inicia sin sobresaltos, hasta que ocurre algo inesperado: aparece un grupo de policías corruptos poco interesados en que se hagan públicas las denuncias del testigo. Y ahí comienza la acción, plena en tiroteos, persecuciones y todo lo esperable en una película del género.
Dar más detalles del argumento sería privar al espectador de uno de los principales atractivos que tiene "16 calles", que es la sorpresa constante, a través de un guión que incorpora giros inesperados hasta tornar cada vez más imprevisible la historia. En este sentido, sobresale el trabajo del director, que incorpora el uso de cámaras rápidas para acentuar la sensación de continuo movimiento que tiene el filme.
En el plano del trabajo actoral, se destaca el trabajo de Bruce Willis, quien compone su personaje típico de policía duro, pero que se encuentra en el ocaso de su carrera por su agudo problema con el alcohol. Willis ofrece un buen trabajo de interacción con Mos Def, que interpreta al testigo que con su declaración podría implicar a varios policías en un crimen. Del resto del reparto, es David Morse el que ofrece la mejor actuación, como uno de los agentes corruptos, agente que durante veinte años fue compañero y amigo de Willis.
Entretenida, creíble y muy disfrutable para los que gusten del cine policial, "16 calles" es un película pequeña en sus pretensiones, y que no ofrece nada nuevo bajo el sol, pero tiene el mérito de estar hecha con corrección, sin escenas superfluas ni grandilocuentes, y que tiene incluso algunas derivaciones inesperadas a lo largo de la historia. A una propuesta que contiene todas estas características, no se le puede exigir más.