Nostalgia y recuerdos en busca de la adolescencia perdida

Los recuerdos y la nostalgia marcan el rumbo de "De la edad feliz", libro en el que el santafesino Jorge Milia ha reunido anécdotas y experiencias de su "juvenilla", de su pasaje estudiantil por el Colegio Inmaculada de Santa Fe, logrando retratar de esa manera gran parte de una generación y de una época.

Perteneciente a los egresados de la promoción 1965 de dicho colegio, Milia hace acopio de humor, fantasía y liviandad, para trascender el simple asentamiento de recuerdos individuales y hacer de este libro un disparador para el lector. Como escribe su compañero de promoción Mario Diez, "la memoria colectiva comenzará a despertarse. Entonces, nuevas anécdotas saldrán a la luz, porque este libro no termina aquí; a partir de este momento nos vamos a sentir motivados a contarle a Milia, a recordarle a Jorge `aquella otra historia que pasó' ".

Presentado como "un conjunto de relatos anárquicos", este libro publicado por Editorial Malkub tiene un prólogo del cardenal Jorge Bergoglio, ex profesor del autor, y actual presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, quien expresa: "A todos ellos los conocí a los 16 ó 17 años. Fueron mis alumnos en literatura y psicología en 4° y 5° años de bachillerato. Como ejercicio literario les pedía que escribieran cuentos; me impresionó su capacidad narrativa. De los cuentos escritos seleccioné algunos y los escuchó Borges. Él también quedó impactado y alentó la publicación; además quiso prologarla". El libro se tituló "Cuentos originales", y Milia participó del proyecto: un inicio estimulante, del cual parece haber aprovechado con creces.

Aventuras, travesuras, caricaturas, descripciones se suceden en capítulos ágiles que se ofrecen como estampas, cuentos o incluso destellos de prosa poética. Desfilan así compañeros y profesores; aulas y lugares como el Observatorio, el célebre túnel, el Patio de los Naranjos, el cine Garay; el itinerario diario hacia el colegio; los Ejercicios Espirituales; las kermesses; la actividad de catequesis; la participación en las campañas de Emaús; la relación entre pupilos y externos; las "academias"; el recuerdo de los encuentros con Borges...

Uno de los textos resulta revelador del sentimiento que subyace bajo estas memorias y remembranzas: "Si uno buscase una definición, una forma de explicar nuestra relación con el colegio, quizás la palabra más acertada sería: pertenencia. Nosotros éramos de la Inmaculada y la Inmaculada era nuestra, aunque a veces no nos diésemos cuenta de ello".

A veces es una simple pelota la que inspira una evocación con su carga de gracia y ternura: "No sé cómo apareció la pelota asesina ni quién le puso ese mote, pero no estaba equivocado. Cursábamos quinto año y por lo tanto éramos los dueños del patio que compartíamos con cuarto. La pelota vino con toda una carga de maldad. Nadie supo su origen, pero a ninguno se le ocurrió que podía ser el elemento aglutinador de `picados' en los recreos, ni mucho menos de un torneo de cabeceadas. No, la pelota vino como un arma, como la bola de un pin-ball loco. Uno la tomaba y le metía una patada tan fuerte como podía rumbo a los grupos más nutridos tratando de sacudirle a alguno. Errática, saltaba de una parte a otra. Desaparecía varios segundos como para que el resto perdiera la referencia, y volvía a partir buscando un nuevo blanco. Cuando lo lograba, la multitud enardecida vivaba a la pelota y cargaba al desgraciado que le había tocado en desgracia recibir el impacto...".

Las páginas finales comparan la conclusión del secundario con el Big Bang. Llegó un momento en el cual la trayectoria de quienes habían compartido tantas horas de estudio, esfuerzo, alegría y camaradería se separaron, como los cuerpos celestes se desperdigaron tras la explosión original. "Inauguraríamos, como dice Marechal, `regiones de dolor, campos de gozo' y conoceríamos la muerte, tan increíble, tan imposible, tan ajena a nosotros en aquellos días de colegio en que éramos eternos e invulnerables. A veces pasaría cerca intentando mordernos en su condición de bestia feroz, y a algunos los llevaría con ella. El tiempo daría cuenta de todos".

A cuarenta años de aquella separación, Milia decidió compartir con sus compañeros de colegio esta reconstrucción literaria del pasado. La sinceridad de su buena predisposición es probablemente una de las razones por las que estas páginas resultan entretenidas y emocionantes también para quien no comparte tales recuerdos.

Dedicado al periodismo, Milia nació en Santa Fe en 1949, publicó poesía y narrativa en diversos medios gráficos del país. Es, además, corresponsal militar y para zonas de mantenimiento acreditado ante la ONU. Actualmente publica en diversos medios. En 2002 dio a la imprenta "Mar de tiempo" y ha obtenido diversos reconocimientos a su poesía.