En el mundo del boxeo existen categorías -límites en el peso de los rivales- para establecer equivalencias. Además de cumplir las mismas reglas (como no pegar debajo del cinturón, por ejemplo), los contendientes necesitan condiciones de igualdad.
Es que no habría peleas sino inevitables abusos si un púgil pesado fuera puesto a destrozar a un peso mosca. Más allá del valor bíblico de David, Goliat contará siempre con las leyes de la física de su lado.
Lo que ha hecho el presidente unos días atrás con el periodista Joaquín Morales Solá es algo similar, si se consideran los recursos con que cuentan ambos. Un jefe de Estado dispone de innumerables ventajas: desde la concentración de miradas que provoca la sola presencia de la máxima jerarquía gubernamental electa, hasta un ejército de asesores que pueden dar consejos desde el rincón.
El titular del Poder Ejecutivo no ofreció al analista político del diario La Nación lo que correspondía: ir al cuadrilátero de una entrevista periodística, aceptar los guantes y ser preguntado, colocarse por una vez en el rol de entrevistado que las prácticas democráticas mandan para quienes son legítimos titulares del poder.
El Dr. Néstor Kirchner prefirió dar golpes mediáticos sobre el atril presidencial. Ante una tribuna siempre afín, sin incómodos cuestionarios, dijo que el periodista era el autor de opiniones favorables a la dictadura militar durante la década del '70. Nombró al diario y la fecha de la publicación.
Pese a lo dispar del enfrentamiento no hubo ninguna paliza dialéctica. La palabra "mentiras" puesta en un título de tapa, asociada a las expresiones presidenciales, fue un como un hondazo certero. Para probar lo falso de la acusación, bastó con recordar lo que aconsejan los manuales de periodismo: verificar lo que en realidad dice el diario en cuestión, donde no consta la firma del periodista señalado por el presidente.