"Gris crepuscular" en El Retablo
La palabra, el más entrañable mecanismo de un acto vital
Roberto Schneider Por los mecanismos de su construcción narrativa, "Gris crepuscular" -el espectáculo estrenado por el Grupo Aristas en El Retablo- no sólo permite sino que alienta una lectura en clave dramática. Puede sostenerse que se desata una orgía de la primera persona, a partir de voces que pugnan por reconstruir el sentido de la historia o deshacerse de todo sentido. Las voces de los poetas no se disputan entre sí, sino que como en un rezo se completan, todas son necesarias, e intentan construir un logo de reapropiación del mundo tan particular de la protagonista, esa actriz que en el otoño de su vida recuerda su pasado. Y justamente como en un rezo, todas las voces y todas las palabras son imprescindibles: es la precisión del texto de Alberto Serruya y los poetas convocados la que determina su efectividad. Así, la protagonista se adueña de la vida, que le pertenece, y esa apropiación es necesariamente un rito textual. Por otra parte, el personaje no habla ni para sí ni entre sí: "se dice", es lo que puede decir de sí mismo. La calidad y complejidad de las palabras con la que uno es capaz de contarse a sí mismo consigna lo que uno es, y su lugar en el mundo. Y en esto radica la virtud reconciliadora de "Gris crepuscular", ya que esa mujer es capaz de decirse de esa manera, de instalar la poesía en el centro de "su" otoño. No se trata ni del monólogo interior ni del soliloquio ya existentes en el teatro, sino de la voz literaria justamente tantas veces ausente de la escena teatral contemporánea. El teatro, que no se ha privado de explorar las tradiciones e innovaciones de las otras disciplinas que se articulan en un espectáculo -la plástica, la música- suele privarse y privar al espectador de algunos de los términos del más humano de los esquemas comunicacionales: aquel que contempla el fenómeno de la escucha. En "Gris..." descubrimos que la palabra es el más entrañable mecanismo de la vida. La puesta en escena del mismo Alberto Serruya prioriza el valor de la poesía y se sustenta en primer lugar en el exquisito trabajo de Graciela Martínez. La actriz otorga a su personaje la sabiduría necesaria a partir de un trabajo minuciosamente elaborado, en el que sobresale su indisimulable entrega emotiva. Transita del presente al pasado y pasa de la realidad concreta al mundo del recuerdo con suma facilidad, dotando a su criatura de una vasta gama de matices que involucran el juego de la voz, el cuerpo y las emociones. Mónica Serena y Juanjo Vitale cumplen correctamente expresando a partir de la danza lo que sucede en la mente de la protagonista. Es un bello acierto la banda original del montaje. El espacio es el de un interior despejado a la vez que templado. Algunos objetos complementan ese contexto y delimitan ese espacio de vida creado por la protagonista. La luz es puntual y concentrada. Como la totalidad de "Gris crepuscular" que, además, permite sentir la poesía. |

TODOS LOS DÍAS.
MIÉRCOLES
SÁBADOS
DOMINGOS