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Opinión
Edición del Viernes 06 de octubre de 2006
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Los judíos argentinos

En tercera edición revisada, ampliada y con cuadro cronológico desplegable, con prólogos de Marcos Aguinis y Héctor Schmueler, se ha presentado el libro "Historia de los judíos argentinos", de Ricardo Feierstein, publicado por Galerna.

La obra fue editada por primera vez en 1993. Su nueva edición, como escribe Aguinis, "concluye con un capítulo de actualización que traza un estremecedor fresco en el que hasta ese rasgo legendario -la solidaridad- comienza a resquebrajarse".

Desde luego, como comienza advirtiendo el autor, "la historia de los judíos argentinos resulta, por analogía, un espejo de la propia historia del país. Tradición cultural-religiosa y mimetismo con el entorno se combinan, en proporciones variables, para constituir un catalizador de tensiones y encuentros, particularidades y leyes históricas".

A continuación, establece que la cantidad de judíos argentinos no habría llegado nunca a más de 300.000; en la actualidad, según estimaciones demográficas, es posible que apenas supere los dos tercios de esa cifra. "Sin embargo, los mismos publicistas de la comunidad hablaron durante años de 500.000 miembros, por no citar la paranoia de una extrema derecha -civil y militar- que, muy suelta de cuerpo, atribuye a la presencia de uno o dos millones de judíos en la Argentina la supuesta existencia de un `poderío sinárquico' que justificaría, a sus ojos, el sentimiento antisemita de algunos sectores del país".

La primera inmigración masiva de judíos rusos tuvo lugar cuando ya habían finalizado los años "de bonanza del `gobernar es poblar' alberdiano" que trajo al país millones de italianos, españoles y otros europeos. Eran en gran parte los "gauchos judíos" que describe Gerchunoff, lejos de esas fantasías judeófobas sobre inmigrantes judíos financieros, que vivían en el lujo, la usura y la improductividad.

Ricardo Feierstein comienza advirtiendo sobre la lógica dificultad de definir qué es un judío argentino y cómo contabilizarlos. Esta comunidad "que se inició como exogámica -a fines del siglo pasado el primer rabino (Joseph), el primer presidente de la Congregación Israelita y los dirigentes destacados, estaban todos casados con mujeres cristianas-, ha adquirido, quizá como reacción refleja, una inflexibilidad en la definición religiosa-halájica del judaísmo que es difícil de encontrar aun en comunidades más antiguas y ortodoxas. Pocos saben que la `conversión' al judaísmo prácticamente no tiene validez fuera de la Argentina -aunque se realice tomando todos los recaudos- y que para ser efectiva (por ejemplo, en Israel) debe estar firmada por ciento once rabinos, algo prácticamente imposible de lograr".

Esta "Historia de los judíos argentinos" comienza con un capítulo dedicado a la época precolombina. Entre las rarezas dignas de citarse están los estudios, como el del gran rabino Menasséh Ben Israel, que en 1650 trató de demostrar que entre los primitivos pobladores de América hubo algunas corriente migratorias que procedían de las diez tribus perdidas de Israel. O el de Ulloa, un erudito del siglo XVIII que asevera: "Es opinión muy válida entre las personas eruditas, que poseen con perfección la lengua quichua, traer ésta algún origen de la hebrea, con la cual hallan mucha semejanza...".

Se ha discutido mucho sobre el origen judío de Colón. Cecil Roth apunta a la coincidencia cronológica del Edicto de Expulsión de los judíos de España (1492) con la partida de Colón hacia las Indias. Es verosímil que muchos de quienes se veían perseguidos se embarcaran buscando una nueva vida en nuevas tierras.

Tras estudiar las persecuciones de la Inquisición, entramos de lleno en la historia argentina y la Revolución de Mayo. Recuerda la xenofobia de Rosas, y el discurso de Tomás de Anchorena, uno de los íntimos del Restaurador: "Fuera de algunos extranjeros excepcionales, los demás han sido una plaga para el país, por ser viciosos corrompidos y aventureros que no sirven más que para estar en la ciudad y no para trabajar en el campo". Palabras que pronuncia un hijo de inmigrantes.

Luego se estudia la Argentina de la inmigración masiva y los comienzos de la inmigración judía organizada y los prejuicios que ostentaron parte de la opinión pública y algunos medios de prensa. Sigue la realidad histórica de la colonización rural judía, Moisés Ville y las colonias. Se nos recuerda un fragmento del Canto a la Argentina de Rubén Darío: "Cantad, judíos de La Pampa,/ Mocetones de ruda estampa,/ Rubenes de largas guedejas,/ dulces Rebecas de ojos francos,/ patriarcas de cabellos blancos/ y espesos como hípicas crines;/ cantad, cantad, Saras viejas,/ y adolescentes Benjamines,/ con voz de vuestro corazón:/ íHemos encontrado a Sión!".

Los siguientes capítulos de esta voluminosa y bien ilustrada historia tratan sobre las olas inmigratorias; distribución de la población judía en el país; la estructura ocupacional de la comunidad judía; los barrios porteños judíos como "guetos abiertos"; los diversos partidos sionistas; enfrentamientos ideológicos intercomunitarios; el atentado de Radovitzky; grupos sefaradíes y ashkenazíes; la sinagoga y la "kehilá"; la época de la Migdal: trata de blancas y rufianes; lucha y exclusión de sectores "impuros" de la colectividad, los teatros, los cementerios y las sinagogas; personalidades judías notables; asimilación y antisemitismo; relación con el Estado de Israel, entre otros numerosos temas. Un serie de apéndices finales documenta los distintos temas tratados.





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