Invitado especialmente por la Casa del Artista Plástico de Rosario, expone en el Espacio Clarín de esa ciudad un conjunto de pinturas el artista y crítico santafesino Domingo Sahda, demostrando que los teóricos también pueden ser hacedores de arte.
A manera de reflexión inicial, señalamos que una obra de arte como objeto es adjudicada a partir de su materialidad y de la alocución provocadora del artista. En el lenguaje oral, con la sola unión de las palabras no surge el lenguaje, siempre es necesario el discurso; así la poesía propone lo que las palabras no pueden expresar por sí mismas; esta valoración es análoga a la plástica.
En el caso Sahda, el discurso del artista difiere -manteniendo lo estilístico- en el contraste: por un lado, las imágenes cromáticas son abstractas y, por otro, las más acromáticas de pequeñas líneas de color, que se acercan a la figuración, rozando la esquematización.
El conjunto de las obras está compuesto por construcciones de estructuras simples que se mantienen en el espacio plano. Desde una intencionalidad gestual, las líneas curvas que se disparan en diferentes direcciones protagonizan la composición: algunas se cortan sin punto fijo y otras continúan hasta los límites del soporte, fragmentando en diversos planos irregulares; estos planos son territorios de llenos y vacíos, cromáticos o negros profundos, casi siempre saturados; las superficies son homogéneas con variantes: algunos de los planos presentan tratamientos decorativos, enfatizados con líneas de colores. El mayor riesgo se produce en los grandes planos blancos -estética de la incompletud- que el pintor los ubica, la mayoría de las veces, en la parte inferior del soporte (donde, según las reglas, debe estar asentado el peso visual), o bien en las diagonales de izquierda -todo un desafío- y, por lo tanto, resulta muy difícil de sostener y contener el equilibrio de la organización. El artista sale airoso mediante el juego de la estrategia de líneas con direcciones envolventes, centrípetas o centrífugas. El formato de las obras es rectangular, salvo aquel "tondo" (redondo) de estructura abigarrada de un prolífico cromatismo de gran fascinación visual.
En la continuidad de la muestra se presentan obras que mantienen una mayor monocromía (base de negros y pequeños toques de color), cuyo procedimiento no difiere de las otras: en este argumento reúne una mayor concentración lineal, cambiando en el recorrido su espesor; pueden aparecer dorados, puntas secas -rayado en una superficie dejando ver la de abajo-, el creador reafirma así una decidida búsqueda formal aleatoria al dibujo, permitiendo al espectador un campo asociativo donde las imágenes pueden manifestarse u ocultarse y, a la vez, nos incitan a una mayor carga emotiva, dualidad que ronda lo expresionista.
Como reflexión final, nuestro cometido es la obra de arte, siendo ésta un objeto destinado a ser visto, a ser mirado, a ser gozado, a ser interpretado. Afirma Umberto Eco: "La primera cosa que una obra dice, la dice a través del modo en que está hecha". Como objeto "hecho" en su existencia física de estar "ahí", coincide con su existencia artística y, en cuanto a su existencia estética, seguramente, se renovará ante cada espectador.
Domingo Sahda expone un conjunto de obras que intenta evidenciar un entorno que va más allá de "las modas"; devela el modo particular de aproximarse al mundo y traducir en esa realidad el hecho creativo, y en el diálogo, trascender la idealidad del hombre, para hacerse realidad en la mirada del contemplador; en el orgullo y la sed del goce.
Cali Esquivel