Cartas a la Dirección
Opiniones son opiniones

Señores directores: Desde los tiempos de la antigüedad, la opinión pública siempre fue vital, terminó con la cicuta para Sócrates. Hay veces en que las opiniones suelen tener tanta fuerza que se vuelven invencibles, ni el más grande raciocinio logra atenuarlas. Si decimos todo lo que pensamos opinamos demasiado y es prueba de insensatez.

Hambrientos o no, estresados o no, cansados o no, no se deben dar opiniones hasta estar extremadamente seguros. A veces los opinadores se entrometen en cosas que nos les atañen y terminan produciendo un desorden en los demás, pues aún sin rejas se pueden encarcelar las mentes. Siempre faltan las opiniones justas y sobran las injurias. Las opiniones terribles del salvaje guerrero Gengis Khan eran implacables, él solía decir al final de cada batalla: "No me basta tener éxito, los demás deben fracasar".

A veces un mal músico, un vulgar pintor, un mediocre escritor buscan sobresalir en sus opiniones, son seres nocivos que se deleitan en opinar mal de los demás, suelen herir más que una espada, destruyendo la paz de hombres y mujeres. Mejor es vivir en estado de alerta, ya que sobrevivimos en un mundo en el que todo cambia para mal y bailamos al ritmo de la incertidumbre.

Hay gente que habla para no decir nada, sus palabras son incomprensibles, pero hay que hacer frente a esa barbarie de rostro humano. Las razones contra los ignorantes y los necios son las únicas que se ganan huyendo, es una prueba de sentido común. Cuando Rosas tomaba mate con su hija Manuelita, ella solía darle opiniones favorables sobre algunos condenados, pero él nunca se dignó escucharla.

Hay seres molestos, emitiendo opiniones mediocres que los conducen a la nada, sin embargo lanzan las piedras de sus ideas absurdas y hasta esclavizantes. Las opiniones irresponsables y los chismes son caras de la misma perversa moneda; existen seres febriles y falsos apóstoles, nada tiene de extraño, hasta Satanás se disfrazaba de ángel.

Cuando más se obra bien, cuando más se piensa bien, menos se opina. Existen aún seres inmersos en un silencio respetuoso, que merecerían el aplauso de un monje de clausura, existen otros con interés fugaz en los demás, dueños de pequeños comentarios de ocasión y están los que a diario se deleitan en opinar mal de los demás. El ser humano inteligente continuará aprendiendo, creando, amando, sabe que hay seres que opinan sin razonamiento, socialmente imperfectos. Si deseamos ser justos dejemos la puerta del corazón un poco abierto. El que no tiene opinión propia, suele contradecir la de los demás. El amor todo lo vence, incluso a las malditas opiniones.

Clary Miroznik German. Ciudad.