Los encontraron asesinados esta mañana
Dos hermanos muertos a golpes en un campo de San Carlos Sud
La policía del departamento Las Colonias investiga un caso de doble homicidio que esta mañana sacudió la sensibilidad de los pobladores de los tres San Carlos. Las víctimas, un hombre y una mujer, tenían 66 y 83 años de edad.

La muerte violenta de dos personas sacudió a los vecinos de la zona rural de San Carlos Sud, esta mañana. Los cuerpos sin vida de los hermanos Lanfranco, Nilda y Chiquito, un hombre y una mujer de avanzada edad, fueron descubiertos poco antes de las once por productores de la región, quienes inmediatamente dieron aviso a la Unidad Regional XI, Jefatura Esperanza.

El lugar elegido por los asesinos es un sitio apartado y solitario, sólo rodeado por establecimientos rurales que se ubican entre San Carlos Sud, Gessler y Santa Clara. Allí todo es verde, hasta donde se mire.

Demás está decir que la infausta noticia caló hondo en la sensibilidad de pobladores de una región, a la que enorgullece ser cuna de la colonización gringa, de modo que todas aquellas personas a las que entrevistamos -gente de trabajo- se mostraban entre confusas y perplejas.

Sólo uno de ellos dijo haber estado en el lugar ayer a la tarde, un joven que recordó haber estado mateando en la cocina, tal como era la costumbre del dueño de casa. Entonces, dijo nuestro entrevistado, que no advirtió nada anormal ni en el comportamiento de los hermanos ni en los alrededores de la finca, nada sospechoso.

Luego, esta mañana, el terrible suceso lo tomaría por sorpresa, tal cual ocurriría con el resto. Además de este joven, una mujer -vecina de la zona- se preguntaba qué podría haber estado haciendo ella -Nilda- con una linterna.

Ese era su interrogante, luego de que otros le describieran el cuadro que habían podido observar antes que los agentes policiales los obligaran a abandonar el escenario. El cuerpo de "Chiquito" permanecía en su lugar de siempre: estaba sentado ante la mesa de la cocina, con la cabeza apoyada sobre el plano y se tomaba el vientre con ambas manos. En el suelo, había un charco de sangre.

"Pero... y Nilda?", quiso saber la vecina. Ella estaba a varios metros del sitio donde su hermano yacía muerto. El cuerpo de ella estaba tendido junto a la puerta de un galpón. Tenía la huella de un fuerte golpe en la cabeza y en sus manos sostenía todavía una linterna y un envase de latón.

�Qué buscaba ella en ese lugar donde la sorprendió el golpe mortal? Si la linterna estaba en sus manos y no prendía ni apagaba -como escucharon decir a un policía- es porque se habían quedado sin batería, conjeturó el vecino.

Se le agotaron las pilas después de que Nilda cayó muerta. Pero adónde iba ella en medio de la noche? A algo importante. Entonces la atacaron -conjeturó la vecina a quien le pareció del todo normal que guardara el dinero en un tarro antes que en un Banco cualquiera-; �alguien se preguntó qué podía haber adentro de tarro?, quiso saber.

Según la hipótesis de la vecina, que en contados segundos contó con la aceptación de las otras personas reunidas en el lugar, en ese tarro ella podría haber guardado el dinero cobrado ayer por el alquiler de un campo.

Otros descartaron que los matadores buscaran dinero y se sobrecogieron cuando alguien hizo mención a que los crímenes podían obedecer a la loca faena de un maniático. "Porque no buscaban dinero, porque debajo de los anteojos de Chiquito habían quedado algunos billetes de cien y nadie los había tocado", argumentaban.

De todos modos, uno de los jefes policiales consultados por la prensa dijo que los hermanos asesinados tenían 66 y 83 años de edad y que ambos fueron hallados con signos de haber sido atacados a golpes.

Tanto el hombre como la mujer eran jubilados y vivían en la casa de campo -de los conejos y las aves de corral que cuidaba ella-, además del cultivo de una parcelita de tierra.

"Los cuerpos presentaban signos de violencia, mostraban huellas de golpes provocados con algún objeto contundente y además, uno tendría un disparo de arma de fuego", dijo una fuente oficiosa.

En forma oficial, hasta la hora de cierre de la presente edición, la policía hizo reserva de la identidad de las víctimas y demás circunstancias del terrible suceso.

José Luis Pagés