Félix Canale
El Plan Fénix surgió en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires entre 2001 y 2002, como un intento por trazar líneas matrices en un país que vivía lo que algunos políticos -Elisa Carrió, entre otros- entendían como "situación pre-revolucionaria". Cuatro años después, calmado el maremoto, el Plan tiene una segunda versión 2006-2010 (presentado en la UNL en octubre), que hace hincapié en la educación y la inclusión social.
Pero en definitiva, el proyecto surgido de un ámbito estrictamente académico plantea una estrategia nacional de desarrollo económico, que prioriza con fuerte acento el rol del Estado como impulsor y regulador de esa estrategia, desestimando de plano que las leyes del mercado puedan aportar algo en tal sentido.>
Uno de los ideólogos principales es Jorge Schvarzer, a quien se le reconoce públicamente que siete de sus libros, editados entre 2002 y 2004, son fundamentales para la elaboración del proyecto. Schvarzer es secretario de Investigación y Doctorado de la FCE (UBA) y director del Centro de Estudios sobre la Situación y Perspectivas de la Argentina (Cespa), también de esa Facultad.>
El académico estuvo en Santa Fe para la presentación del Plan y accedió, en breve diálogo con El Litoral, a pormenorizar algunos conceptos referidos a la actividad de las pequeñas y medianas empresas.>
-�Usted cree que si una empresa es ineficiente, el Estado debe apoyarla por el solo hecho de ser capital nacional?
-No. Ese fue uno de los problemas del Estado promotor en la Argentina. Daba subsidios sin exigir nada a cambio. Un buen ejemplo es Japón, que tiene un Estado muy duro, que exige productividad. Los japoneses subsidian o dan créditos blandos para comprar maquinaria nueva, pero le imponen a la empresa destruir las máquinas viejas. Otro caso de exigencia es Corea. Allí se subsidia a una compañía pero a cambio de que exporte sus productos.>
-Usted siempre se refiere a las grandes industrias, pero nunca hace mención de las Pymes. Este sector representa más del 40 por ciento del PBI y más del 60 por ciento del empleo total. �Su enfoque no está dejando afuera del análisis lo que parece ser el nuevo paradigma industrial, que pasa por las pequeñas y medianas empresas?
-Yo creo que las Pymes no se relacionan con empresas de igual tamaño, sino con las grandes, ya sea para comprar insumos o para proveer productos acabados. Las grandes son las que pueden dar una idea del conjunto. Las Pymes metalmecánicas no pueden crecer si no se vende más acero. No pueden desarrollarse las empresas plásticas, si no compran insumos en los polos petroquímicos. Si las grandes no crecen, las Pymes tampoco podrán crecer.>
-Existen algunas que, pese a su tamaño mediano, están en el mundo. Aquí, en la provincia de Santa Fe, tenemos Pymes que exportan simultáneamente a países de Europa y Asia. Las autopartistas, por ejemplo.
-Lo sé, pero son industrias muy especializadas. En realidad lo que venden es el valor tecnológico agregado, que les permite ingresar a mercados muy competidos. No todas las Pymes tienen ese plus en calidad y precio. Además de eso, no les venden a otras Pymes, sino a las multinacionales.>
-Usted comentó hace poco que en los años 90 más del 40 por ciento de la industria nacional quedó fuera de combate. Hay quienes afirman que los que tuvieron que salir del juego, lo hicieron por su falta de competitividad.
-Es muy lineal verlo así. Hubo muchos que no pudieron competir por los costos financieros. Y hubo otros que no pudieron hacerlo porque la apertura permitió la entrada de productos a precios absurdos. Sin embargo, es cierto que en esos años la estabilidad de precios permitió hacer las cuentas y prever el futuro del negocio. Si en vez de hacerlas con una referencia de 1 a 1, se hubiesen hecho, por ejemplo, con un valor de 1,50 a 1, hoy viviríamos en otro país.>