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Ignacio Andreychuk[email protected]
Las "nonas", en su día. Los de siempre. Los ocasionales. Los más coloridos. Los no tanto. Todos estaban en las gradas sabaleras a la espera de un triunfo que no fue. Pero El Litoral recorrió las butacas y compartió una tarde a sol y fútbol con los plateístas de Colón.
Desde el primer minuto, la hostilidad se hizo presente. La frase "dame que la bajo yo", por parte de un señor ya avanzado en años, era el perfecto reproche hacia el juego que mostraba su equipo. Y la señal más clara de reprobación y enojo fueron las palmas contra el muslo, muy estridentes, por cierto.>
Luego comenzaba a subir el tono: "Mirá cómo lo primerean", decían, mientras la defensa de Colón se desintegraba. Lo verdaderamente gracioso es cómo el hincha se las agarra con alguno en particular y no lo suelta. íY lo sigue sin pausa! "No se la den más a ese vago", protestó un socio.>
Si bien habían aparecido algunos aplausos para pequeñas acciones de Colón en ataque, cuando llegó el gol de Lanús los plateístas tuvieron un quiebre en su relación con el técnico, más allá de que normalmente se insulta a los entrenadores sin objeto, sólo por placer. Allí, la platea comenzó a recriminar la estrategia de la escuadra y pedía actitud: "íDespiértense!", echó al aire un veterano de nieves grises, quien también maldijo a todos, sin diferenciar. Causó risas entre los que estaban al lado.>
Encima Falcioni seguía en su madriguera, sin salir, y la gente se enojaba más todavía. "íY qué querés!, si el técnico está ahí sentado...", resignaba un simpatizante sabalero.
La primera mujer que se hizo escuchar estaba en la zona baja y le salió un grito que tenía atragantado: "íVamos, por Dios!". También hubo una jugada en la que Grisales corrió a patear un córner, Barrado buscó el pase corto y se la devolvió tan mal que la gente le bajó toda una plegaria.>
El ritual sabalero en las gradas se ponía cada vez más interesante. Cuando terminó el primer tiempo, un hincha echó toda su bronca: pitazo del juez y el mocito sabalero arrojó su gorra verde viejo contra la butaca, encendió un cigarrillo todo doblado y miró para arriba en señal de rezo. Más que de rezo, de preocupación. Fue la síntesis del primer tiempo.>
Al ver que Colón no se parecía a un equipo de fútbol en lo más mínimo, los plateístas empezaron a ironizar. Como un loco que delira, algo así. Cada vez que la pelota pasaba por algún futbolista en particular, las bromas bajaban desde las graderías oficiales.
Y lo más gracioso fue la situación del descuento de Colón. Claro, el pobre Esmerado se disculpó de la gente de Lanús por su pasado en el "granate" tras haber anotado el descuento, pero el hincha sabalero, absolutamente "hinchado", no lo comprendió y asestó un golpe bajo: "íA nosotros nos tenés que pedir disculpas!". >
Así se escurrió el partido. A modo de conclusión, el hincha puede y debe tomarlo así, porque el dramatismo no es recomendable. Entonces, el aplicarle naturalidad a una derrota significa que el fútbol es un juego, algo que se salió de carril en la mayoría de las canchas argentinas.>