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Cultura
Edición del Jueves 30 de noviembre de 2006

Una druida que escribía salmos

"Titania y Bottom con la cabeza de asno", de Johann Heinrich Fussli (o Fuseli).. 

Dos nuevos libros vuelven a traernos el mundo y la voz de Marosa di Giorgio, la poeta uruguaya que tras su muerte, en 2004, no ha detenido su seducción y conquista de nuevos numerosos devotos lectores. De "El milagro incesante", de Leonardo Garet, publicamos el tramo final de sus "Palabras finales", y algunos capítulos de "Camino de las pedrerías".

Si, como dijo Aristóteles: "La poesía es más verdadera que la historia", esta uruguaya habla de profundas y cósmicas verdades. De aquellas que se esconden a los ojos comunes precisamente ubicándose adelante. Contaba "Hubo una vez una druida que escribía salmos", el valor de milagro incesante que tiene la vida. Y en estos tiempos esto resulta doblemente significativo.

Quien se plantea la libertad absoluta en lo humano profundo religioso, erótico y literario -invención con la palabra-, tuvo un tema que se volvió cada vez más obsesivo: el ser cazado y violado. Otro tema suyo es el develamiento del misterio en todas sus formas. Y los perros, los violadores, los padres, son otros tantos muros o acosos de la libertad. El lector siente el placer del planteo triunfante y el sublime optimismo que, basándose en la historia y sus sueños, superpone a la realidad tangible, otra que elimina fronteras y canta la grandeza de la vida. Ésta es la médula de su pensamiento religioso. Y desde ella miró el mundo en el abanico interminable de las acciones y en el centro irradiante de un texto literario. Porque supo plantearlo de forma meridianamente clara, aun en medio de tantos discursos limitantes de la época, no queda otra actitud que la del agradecimiento.>

Marosa di Giorgio cumplió la experiencia de amar la Poesía hasta el límite de que ocupó todos los espacios de su vida. Por eso, recomienza el poema en un clima que parece retomar el asunto y el tiempo del poema anterior. Y en ningún caso se sale de atmósfera.>

Intercambiables los personajes, sus tendencias son las funciones de lo erótico y a diferencia de Rimbaud, Marosa no podía dejar de escribir, y a similitud con Rimbaud y Kafka -que ambos vivieron similares experiencias extremas del valor absoluto de la literatura-, lo hacía siempre desde el mismo centro. Su apuesta al acto de escribir es también como la de Mallarmé, un compromiso con la palabra. En la literatura uruguaya, no existe un ejemplo más claro de sumisión al destino de poeta, como apuesta integradora de todas las posibilidades del ser.>

Cada texto de Marosa parece una ventana entreabierta al misterio. "El misterio -piensa Albert Einstein- es lo más hermoso que nos es dado sentir. Es la sensación fundamental, la cuna del arte y de la ciencia verdadera. Quien no la conoce, quien no puede asombrarse ni maravillarse, está muerto. Sus ojos se han extinguido".>

Se ha hablado en repetidas oportunidades, también en este libro, del carácter autoabastecido del mundo de Marosa. Sin embargo, es necesario concordar con George Bataille que "...la poesía autónoma, aunque aparentemente sea creadora de mito, no es en última instancia más que una ausencia de mito. De hecho, el mundo en que vivimos no engendra ya mitos nuevos, y los mitos que la poesía parece fundar, si no son objetos de fe, sólo muestran al final el vacío...".>

Ni una religión ni una fe nueva surgen de la obra de Marosa, por más que haya sido la religión y los alcances religiosos del sexo, las preocupaciones fundantes de su obra. Pero sí, una reafirmación de la literatura como alternativa de cambio. Una alternativa con aspiraciones provenientes de la imaginación desmedida, que es mundo nuevo, a la manera de los magos y de Don Quijote.>

Estas palabras escritas por Percy Shelley a una distancia considerable de años, parecen haber sido dichas para la poeta uruguaya: "Los poetas son los hierofantes que abren el camino hacia una inspiración jamás antes aprehendida, son los espejos de las gigantes sombras que el futuro proyecta sobre los tiempos actuales, son las palabras que expresan lo que para ellos mismos permanece misterioso; los clarines que llaman a la batalla sin darse cuenta de su propio llamado: la influencia que no es agitada, pero que agita. Los poetas son los secretos legisladores del mundo".>

Marosa di Giorgio no habla de alegrías, de felicidad o de promesas, sino de energía -en un amplio y superior sentido-, de asombros y de terrores. Es una conciencia que asiste a los fuegos artificiales del universo, se quema en ellos y golpea puertas para alcanzar a vislumbrar lo que mantiene unidos a los astros.>

Es poeta coherente y profunda, de hoy y de todos los tiempos, local y universal que tiene un lugar de privilegio en la literatura de habla castellana.>

Su obra es la visión apasionada y poética de la enseñanza de la Tabla de Esmeralda: "Así como todas las cosas han sido hechas, así proceden de uno, por la meditación de uno, también todas las cosas nacen de esta cosa única por adaptación". No hay concesiones; no hace otra cosa que infinitamente recordar, que es la mejor manera de decir que lo imaginado se ha cumplido. Da lo imaginado por sucedido. Y con tal veracidad en el planteo que al final la misma Marosa de carne y hueso, parece obra de su literatura.>

Por Leonardo Garet





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Jueves 30 de noviembre de 2006

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